Foto ilustrativa (pexels)

Cuando escuchamos hablar de servicio de calidad, tendemos a pensar en el ofrecido al cliente. Por ese motivo, quiero especificar que no me refiero a tal servicio sino al que brindamos gratuitamente; ese que surge del deseo innato de ayudar por amor al prójimo. Un gesto de solidaridad o un favor, no siempre es por benevolencia o compasión, por eso es necesario examinar los motivos por los cuales ayudamos a otros.

Las frases “ayudar sin cuestionar” o “dar sin mirar a quien”, entre otras, remarcan que estas acciones deben estar basadas en un corazón altruista, puesto que hay personas que, si alguna vez servirán a alguien, será de su entorno más cercano y, además, con condiciones. Sin embargo, el servir a los demás debería surgir del amor, de esa disponibilidad de servir, así como Jesús dijo: “no vine para ser servido, sino para servir”.

Estamos viviendo una época, en todo el mundo, en donde se pone a prueba la disposición de apoyar a otros en momentos de crisis, de angustia y necesidad, en sentido general. Eso me motiva a compartirles la importancia de servir con dignidad y amor.

Hemos visto aumentadas las ayudas humanitarias de las diferentes entidades benéficas, así como el número de voluntarios involucrados, destacándose el buen trato a los servidos. Me complace haber visto el espíritu con el que lo hacen, como en su mayoría se dirigen con delicadeza a la gente que espera en la fila.

Además, podemos hablar del trato bajo el mismo techo, ya sea en el hogar o en el trabajo, lo que incluye pasar un vaso de agua, abrir una puerta, ofrecer un café, servir una comida, o brindar transporte. Lo que sea que hagamos, tratemos de hacerlo de corazón. Si vamos a ofrecer algo, sea material o de apoyo emocional, como alguna orientación, hagámoslo bien. Lamentablemente, muchas personas hemos tenido que decir: “mejor no hubiera recibido la ayuda”, porque el momento fue algo degradante. También hemos escuchado decir la frase: “es mejor no deber favores”, porque se pide un favor y aunque se recibe, no es de la mejor manera.

Los dominicanos hemos sido mal servidos en la mayoría de los casos. Me tocó escuchar a alguien mofarse de la manera de cómo la gente se arrastraba para recibir una donación de comida; no olvido sus indignantes palabras. Desde ese momento comencé a pensar en la delicadeza de servir, y lo refresqué al ver, recientemente, un equipo de personas sirviendo con dignidad y delicadeza. Así que,   si vamos a servir a otros de alguna manera, hagámoslo con excelencia.

Un abrazo y que el impacto de Jesús en nuestras vidas nos mantenga el pulso equilibrado.

Emma_martinez10@hotmail.com

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