Una madre siria besa la mano de su hija muerta, víctima de un terremoto, que será transportada a Siria para su entierro desde el paso fronterizo turco de Cilvegozu, en Reyhanli, en el sureste de Turquía, el jueves 9 de febrero de 2023. Los rescatistas sacaron más sobrevivientes de entre las ruinas el jueves, pero empezaban a menguar las esperanzas de encontrar a mucha más gente con vida tras un catastrófico sismo y varias réplicas que golpearon Turquía y Siria y que se acercan a 20 mil muertos (Foto: AP/Hussein Malla)

En medio del desastre, la ira crece en Turquía por la respuesta del gobierno ante las consecuencias de una serie de devastadores terremotos que afectaron al país y a Siria el lunes pasado.

La cifra de muertos por los terremotos se elevó a más de 19.000, al cierre de esta edición. En Turquía 16.170 personas, y en Siria se habían reportado 3.162 muertes.

Erdogan defendió la respuesta de su gobierno, aunque reconoció que hubo problemas al inicio y recalcó en respuesta a las críticas que «es imposible prepararse para un desastre de esta magnitud».

La ira también está creciendo en torno a un «impuesto de terremotos» recaudado por el gobierno turco tras el devastador sismo de 1999, que cobró la vida de más de 17.000 personas.

Se supone que unos US$4.600 millones debieron haber sido invertidos en la prevención de desastre y el desarrollo de los servicios de emergencia.

Cada vez que hay un temblor en Turquía surgen preguntas sobre el «impuesto especial de comunicación» -como lo llaman las autoridades- pero el gobierno nunca ha explicado públicamente como se invierte el dinero.

Miles de sobrevivientes continúan pasando a la intemperie las noches en gélidas condiciones.

Los daños en las carreteras han hecho más difícil el desplazamiento de asistencia a las áreas.

La Organización Mundial de la Salud advirtió que podría haber significativas consecuencias físicas entre los sobrevivientes del terremoto por las bajas temperaturas.

«Sobrevivimos al terremoto, pero aquí moriremos de hambre o frío», declaró una persona de 64 años en Antakya, en la provincia de Hatay.

La Medialuna Roja de Turquía señaló que está haciendo todo lo que puede, llevando comida, tiendas y mantas.

En algunas de las regiones más afectadas, las familias se quejaron de que la lentitud de los esfuerzos de rescate significa que no han recibido ayuda para retirar los escombros en busca de sus parientes.

Erdogan anunció un estado de emergencia de tres meses en las 10 provincias más afectadas por el sismo. Culminará poco antes del 14 de mayo, cuando el presidente buscará permanecer en el poder tras 20 años al mando.

Su principal oposición es una alianza de partidos de centroizquierda y derecha, conocida como la Mesa de Seis. Se espera que Kilicdaroglu sea su candidato presidencial.

Siria sin recursos

Entretanto, en Siria, los operativos de asistencia se han visto complicados por años de guerra civil que ha destruido la infraestructura nacional.

El cruce fronterizo de Bab al Hawa, entre Turquía y Siria, ha estado cerrado desde los terremotos por los destrozos en las carreteras.

El gobierno de Siria afirma que las sanciones internacionales no permiten la llegada de asistencia. Mientras que un funcionario de la ONU declaró que posiblemente la carretera pronto estaría transitable, el ministro de Relaciones Exteriores de Turquía, Mevlut Cavusoglu, confirmó que su país está trabajando para abrir otros dos pasos fronterizos para llevar socorro a Siria.

La Unión Europea confirmó que enviará US$3,1 millones en asistencia a Siria, después de la solicitud de ayuda hecha por el gobierno. Sin embargo, la UE indicó que la asistencia debe ser despachada tanto a las áreas que controla el gobierno como las que controlan los rebeldes.

«Hay peligro real de un desastre secundario en Turquía y Siria que afecte a más personas que el primero»: la advertencia de la OMS tras los terremotos en ambos países.

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