Octubre, mes de la violencia doméstica

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Con tanto escándalo político, y en medio de estos tiempos de incertidumbre, parece ser que nos hemos olvidado del virus de la violencia doméstica, una enfermedad que nos aflige desde tiempos remotos.

Tal vez usted recuerde un vecino o un familiar que de vez en cuando le pegaba a su mujer. Puede que recuerde a la vecina, esa que muchas veces, se quedaba por días encerrada en la casa para que no la vieran con los ojos hinchados. Quizás usted pueda recordar las murmuraciones y los lamentos de muchos de los adultos, “la pobre, ese desgraciado le volvió a pegar”.

Hoy día, tal vez por ignorancia, muchos hemos aceptado el razonamiento que aprendimos de niños: “tuvo que haber hecho algo. Él es un hombre difícil, pero ella es muy cabeza dura”. O “después que una mujer se casa, su único trabajo es obedecer, tolerar, entender y agradarle a su marido”. O también, “a ella le gusta que le pegue, por eso está con él”.

La Fundación Thomson Reuters, en uno de sus estudios de investigación sobre la violencia y la mujer, señaló los distintos factores que hacen intolerable la situación para las mujeres. En este estudio se estimó que, en el mundo, una de cada tres mujeres está destinada a experimentar violencia sexual o física durante su vida.

Según el FBI, cada 15 segundos una mujer es agredida por su cónyuge, amante o novio, estén en una relación o la hayan ya terminado. Un tercio de todos los homicidios en Estados Unidos son resultado de violencia doméstica.

Cada año, más de 4000 mujeres pierden la vida como resultado de la violencia doméstica. La realidad muestra que el 97% de las víctimas de violencia doméstica son mujeres. En esta ciudad hay alrededor de 45000 mujeres maltratadas. A estas le siguen los niños, pues se ha comprobado que estos son igualmente víctimas de la violencia que sufre la mujer en una relación abusiva; en la cual ella no puede protegerse, y mucho menos, proteger a sus hijos.

No es fácil para una mujer terminar con el ciclo vicioso de la violencia en casa. Son muchos los obstáculos que encuentra. Entre ellos la falta de seguridad y la falta de vivienda adecuada, obligan en una gran parte de los casos, que la mujer siga viviendo con su agresor. La violencia doméstica no conoce barreras, y se manifiesta en diferentes formas; puede ser física, mental, económica y sexual; y este virus afecta igualmente a parejas del mismo sexo.

A la mínima señal de violencia doméstica, nuestro deber es buscar auxilio. Hay centros de ayuda con líneas de emergencia 24 horas al día. Tengámoslo siempre presente: la violencia doméstica es una enfermedad que pudiera resultar mortal, y muchas veces por nuestra ignorancia, al tratar de ayudar, ponemos a la víctima en más peligro; es por eso por lo que es muy aconsejable buscar ayuda profesional. “En cada victimario se confunden dos víctimas: él y la que él hace”. José Coll Cuchí

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