(Foto: Ilustrativa/Pexels)

El 4 de abril de 1968, en el balcón del Motel Lorraine, en Memphis, caía asesinado por las balas de un sicario uno de los portadores de sueños más grandes que haya producido América: Martin Luther King Junior.

Tras procesar durante meses el terrible duelo y angustia que dejó el magnicidio en el alma de las minorías y en el ánimo de toda persona de buena voluntad de esta nación, los sindicatos de trabajadores fueron los primeros en empezar a proponer la idea de honrar su memoria con un festivo nacional.

Pero solo en 1979 el Representante John Conyers y el senador Edward Brooke lograron llevar por primera vez la iniciativa al Congreso, en un momento cuando solo dos grandes figuras de la historia de América eran honrados con un festivo federal: George Washington y Cristóbal Colón. La iniciativa no pasó en la Cámara por falta de 5 votos.

Entonces, en 1980 el cantante Stevie Wonder se sumó a la campaña con la canción “Happy Birthday”, en apoyo del festivo nacional y lamentando que hubieran políticos que se opusieran; y en 1981 organizó un evento donde se recogieron más de seis millones de firmas para pedir su aprobación en el Congreso; la mayor colecta de firmas jamás hecha en la historia del país. Finalmente, en 1983 Ronald Reagan firmó el documento, y el tercer lunes de enero de 1986 se celebró por primera vez oficialmente el “Dia Nacional de la Memoria de MLK”.

No se puede negar que desde las trágicas muertes de John Kennedy, de Malcolm X y del mismo Martin Luther, las minorías de los Estados Unidos han andado un largo camino en la conquista de las libertades civiles y los derechos fundamentales. Al mismo tiempo, todavía hay muchos espacios de sombras, muchas prácticas y costumbres discriminatorias agazapadas en vericuetos de la ley o enquistadas en el imaginario popular de ciertas franjas sociales y ciertas zonas geográficas del país.

Por eso, y ante el riesgo siempre latente de que podamos vivir una regresión en el camino hacia la plena igualdad civil; –y de hecho, no hace falta ir muy lejos para ver una muestra, tras los abusos, acoso e hiper polarización vividos durante el cuatrienio pasado, cuando desde ciertos sectores del mismo gobierno era atizado el sentimiento antinmigrante, antioriental y antiminorías en general–, es urgente que todos hagamos nuestra la célebre proclama de MLK, “Tengo un sueño”; el discurso que engloba todos los elementos y valores y que muchos de nosotros vinimos a buscar cuando decidimos migrar a los Estados Unidos.

Todos debemos involucrarnos en alguna acción concreta para alcanzar ese sueño de igualdad y paz. ¿Cómo? Involúcrate en una organización que trabaje en contra de la violencia de las armas o el tráfico de sustancias y personas; comprométete en iniciativas de solidaridad civil en tu barrio, tu parroquia o tu colegio; hazte activista para proteger los animales y el planeta; has voluntariado en protección y apoyo al migrante; hazte youtuber o creativo para promover en las redes sociales causas por la paz, el dialogo, la tolerancia o el arte multiracial y multicultural, etc., etc. Y si puedes impactar a 10, a 100 o a 1000 personas, no pienses que es poco. Es solo metro a metro y corazón a corazón como como vamos atrayendo más personas a la causa de la paz, la igualdad plena y la conquista de las verdaderas libertades.

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