Por Alejandra Arredondo, Jorge Agobian

HOUSTON, TEXAS – Ella es la que cuenta a sus amigos lo que pasa en la política.

Karime Valdés tiene 18 años, lleva pelo largo y oscuro y gafas de pasta de un rosado traslúcido. Cuando habla, alarga con sus manos las mangas de su camisa y deja los hombros rígidos, pero su voz no flaquea.

“Siento que a los hombres se les oye más”, dice, sin que eso le desanime a participar en el proceso electoral de 2020 en Estados Unidos. De hecho, Valdés vive en Texas, un estado en el que las mujeres latinas, como ella, votan más que los hombres. 

En las últimas elecciones (2016), el 72% de las hispanas entre los 18 y los 24 años que podían votar en Texas participó en las elecciones presidenciales. En contraste, un 49% de los hombres del mismo grupo de edad lo hizo, según un estudio de Jolt Initiative. 

Esta tendencia se repite también a nivel nacional: en el mismo año, la participación de los hombres hispanos en las elecciones fue del 45%, mientras que la de las mujeres fue de un 50%, de acuerdo con Unidos US. 

Para la joven se debe a que las mujeres piensan más en los demás. “Las mujeres nos preocupamos mucho por los otros; miramos más no sólo cómo nos va a afectar a nosotras, pero a las mujeres después de nosotras y a nuestras familias”, dijo.

En su caso, la histórica baja participación de los hispanos en las elecciones la motiva a votar: “tenemos mucha gente hispana pero no está representada por nuestros líderes”. Para Valdés, quien quiere ser abogada de inmigración, ver políticas que luzcan como ella es vital.

“Hay muchas cosas que los hombres no pueden entender”, añadió, poniendo ejemplos como el acoso sexual o la discriminación en el trabajo. En Texas, las mujeres latinas ganan 44 centavos por cada dólar que ganan los hombres blancos, no hispanos, una diferencia salarial mayor que la que existe a nivel nacional, de acuerdo a un estudio del Economic Policy Institute.

La educación y el techo de cristal

Desde un edificio blanco de estilo colonial español al este de Houston, Adriana González intenta dar un ejemplo de que las latinas pueden ocupar puestos altos en las empresas.

“[Hay que] sacar el estereotipo de la mujer hispana que no sabe de política, no sabe nada de negocios, que no estudió y solo está”, dijo en su oficina, desde donde lidera la Cámara de Empresarios Latinos de Houston.

Casi la mitad de las 450 empresas que están afiliadas a su organización están dirigidas por hispanas. González tiene 60 años y recuerda que hace cuatro décadas, la situación era muy distinta para las mujeres: “No importaba si te escuchaban o no. Ya tenías una vida hecha, estabas casada, tus padres te mantenían”.

En su carrera como emprendedora, la uruguaya dice que ha aprendido que “no hay que forzarse a probar que soy mujer; lo que hay que forzarse es a probar que sé hacer el trabajo”.

El acceso a la educación, sin embargo, limita las posibilidades laborales.  

Las latinas son el grupo étnico entre mujeres que menos se gradúa de la universidad; a nivel nacional, solo el 19% de las mujeres hispanas tienen estudios superiores, en comparación a casi el 44% de las mujeres anglosajonas, de acuerdo con un estudio del Departamento de Educación de EE.UU.

Según datos del Centro de Investigación Pew, en 2016 las mujeres hispanas sin un título universitario votaron más que su contraparte masculina con niveles de educación similares  (46% frente a 40%), y de acuerdo al estudio, esa brecha ha ido creciendo con el tiempo.

González ve que, en su comunidad, la educación universitaria es una de las preocupaciones que empuja a las mujeres latinas a votar. “[Decir] ‘¿cómo voy a poder pagar la educación de mis hijos, aquí es muy costosa la universidad”, dijo la empresaria.

Los jóvenes, como Valdés, que está a menos de un año de acabar la escuela secundaria, también sienten esa angustia: “Nos dicen que vayamos al colegio y tenemos muchas deudas para pagar y tardan años para pagarlas [después].

Para Adelina Martínez, actriz y profesora de teatro, cuando las mujeres votan pensando en sus hogares, piensan en la educación. Ella es madre de una joven de 15 años y a la hora de decidir a quién confiar su voto, su hija está presente.

“Yo pienso(…) [que hay] que dejarle unos buenos hijos al planeta”, dijo Martínez, quien nació y vivió en Monterrey, México, hasta los 17 años.

“Si votamos inteligentemente vamos a buscar eso, algo que ayude a generar más escuelas”, agregó.

En general, más mujeres que hombres participaron en las elecciones presidenciales de 2016 (63% contra 59%), revela Pew.

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