Rigoberta Menchú, líder indígena, activista guatemalteca y Premio Nobel de la Paz (1992). (Foto: Cortesía/Wikipedia)

“Este mundo no va a cambiar a menos que estemos dispuestos a cambiar nosotros mismos”, dijo Rigoberta Menchú sin una pizca de rubor en su cara. Comprometida con la vida y con los derechos humanos, supo luchar contra la adversidad de un pueblo sufrido y condenado al fracaso por manos de odiadores seriales.

Y aquella frase no fue para nada casual, ya que Rigoberta se involucró en las luchas reivindicativas de los pueblos indígenas y campesinos rurales desde muy joven, tal vez llevada por los malos recuerdos de injusticias, discriminación y de explotación a los que eran sometidos los indígenas de Guatemala y entre ellos su propia familia.

De hecho, su madre, Juana Tum, y otros integrantes de su comunidad fueron torturados y asesinados por los militares y por la policía paralela a los “escuadrones de la muerte”. Incluso su padre, Vicente Menchú, y su primo, Francisco Tum, fueron dos de las víctimas fatales de la llamada “La matanza de la embajada española en Guatemala” donde la Policía Nacional de Guatemala, quemó vivos a los que se encontraban dentro, incluso al mismísimo cónsul español Jaime Ruiz.

En definitiva, las dictaduras cometieron las más grandes atrocidades. Se arrasaron aldeas, y fueron asesinaron miles de campesinos, indígenas, sindicalistas, religiosos e incluso periodistas que difundían estas noticias.

Con sus hermanos unidos a la guerrilla, ella optó por empezar a recorrer el camino de la paz, iniciando una campaña de denuncia del régimen guatemalteco y de la sistemática violación de los derechos humanos que tenían como objetivo a los campesinos indígenas.

En su recorrido, y con 21 años, se exilió en México, al año siguiente regresó a su querida Guatemala, luego fue a Nicaragua y regresó a México, desde donde desplegó su estrategia de lucha contra las injusticias que seguían sucediendo en su país. Incluso contribuyó a la elaboración de la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas en la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Durante un viaje a Buenos Aires, Argentina, fue recibida por el activista, escultor, pintor y premio Nobel argentino Adolfo Pérez Esquivel, quien sostuvo la postulación de Menchú al premio Nobel de la Paz, galardón que le fue otorgado en el año 1992 en reconocimiento a su labor, y al mensaje cívico y de justicia social que representaba. Con los recursos de dicho galardón, estableció la Fundación Rigoberta Menchú Tum, con sede en Guatemala, y con oficinas en México y Nueva York.

En la lectura del premio, reivindicó los derechos históricos negados a los indígenas y denunció la persecución sufrida desde la llegada de los europeos, momento en el que concluyó una civilización desarrollada en todos los ámbitos del conocimiento; también manifestó la necesidad de desmilitarización y de justicia social en Guatemala, así como el respeto por la naturaleza y la igualdad para las mujeres. El discurso completo lo puede consultar en nobelprize.org.

Asimismo, por su lucha permanente en pos de la libertad de su pueblo, en 1998 recibió el premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional por su trabajo en “defensa y dignificación de la mujer”. La Universidad Autónoma de Madrid (UAM) la invistió Doctora “Honoris Causa” en 2001. En 2006 fue embajadora de la Buena Voluntad de la Unesco y recibió otros premios importantes. En 2014 recibió el Premio Odebrecht, otorgada por una iniciativa para el desarrollo sostenible, organizada por la multinacional brasileña Odebrecht, misma que estaría involucrada en varios escándalos de corrupción.

En su momento, ingresó al libro récords Guinness por ser la ganadora más joven del Nobel y ser la primera indígena en ganarlo.

Frustrada candidata presidencial, actualmente Rigoberta vive en Guatemala en la comunidad de Laj Chimel, y es integrante activa de la Iniciativa de Mujeres Premio Nobel de la Paz, de la cual es cofundadora, y de la Fundación Peace Jam. Asimismo, es miembro fundador de la Asociación Política de Mujeres Mayas.

AUTORA DE OBRAS LITERARIAS

“Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia” (1983), Elizabeth Burgos, coautora; “Rigoberta, la nieta de los mayas” (1998), Dante Liano y Gianni Miná, coautores; “Li M’in, una niña de Chimel” (2000), Christine Varadi, coautora; “El vaso de miel” (2002), Dante Liano, coautor; “Hacia una cultura de paz” (2002); “The girl from Chimel” (2004), Dante Liano, coautor; “El legado secreto” (2008), Dante Liano, coautor.

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