La maestra Lizt Alfonso junto al futuro de su exitosa compañía.(Foto: /Crédito imagen:/Leonviera62)

Está terminando el mes en el que se conmemora la historia de las mujeres. Siempre me ha enamorado la fuerza y la belleza típicas de la mujer cubana, no solo por su aspecto físico sino desde algo más profundo, su enjundia y su carácter. La cubana es luchadora, aguerrida, solidaria, trabajadora, amante y protectora de su familia. Un fiel ejemplo de todo esto fue mi abuela materna; se casó muy joven, teniendo al poco tiempo a sus dos hijas y divorciándose años después.  

Como es común, el divorcio la afectó mucho, quedando prácticamente sola y sin amparo con sus dos hijas aún pequeñas y una casa por terminar de pagar. Pero estas circunstancias solo la llenaron de coraje para hacer frente a su situación. Costurera apasionada, inició a trabajar como modista de cultura para figuras de renombre en el mundo del arte y del espectáculo; así sacó a sus dos hijas adelante para que pudieran estudiar y tener una profesión. Fue una mujer de enorme fortaleza interior, capaz de sortear todo tipo de obstáculos.

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Retrato de Gertrudis Gómez de Avellaneda (Foto: escritoras.com)

Como mi abuela, muchas son las cubanas que a lo largo de la historia han dado ejemplo de valor, obteniendo lustre y reconocimiento. Entre ellas, me viene a la mente Gertrudis Gómez, conocida como “la Avellaneda”, nacida en Puerto Príncipe, hoy Camagüey, en el siglo diecinueve. Fue reconocida como una de las máximas expresiones del movimiento romántico. Su carácter apasionado, generoso y rebelde la hicieron destacar entre las escritoras de su época, convirtiéndola en precursora del movimiento feminista en España. Una de sus obras más populares fue la novela Sab, que se hizo famosa en el mundo latino; y que fue prohibida en Cuba por su contenido abolicionista, por su crítica velada al matrimonio, algo considerado subversivo. Otras obras se tildaron de escandalosas por los temas recurrentes de amor interracial y de divisiones sociales.

Otra gran mujer fue Domitila García Doménico, también de Camagüey, de comienzos del siglo diecinueve. Tuvo el mérito de ser la primera mujer periodista de Cuba. Trabajó como tipógrafa y de allí se vinculó al periodismo. Creó la Academia de Tipógrafos y Encuadernadores, únicas en la Cuba de aquella época. Fundó de la revista semanal El Céfilo y tres semanarios, El Eco de Cuba; El Correo de las Damas; La Crónica Habanera. Fundó también un colegio para niños pobres que llamó “Nuestra Señora de los Ángeles”. Su labor como periodista, escritora y educadora fue enérgica y prolífica. De gran carácter y férrea voluntad, luchadora incansable por la emancipación de la mujer, la educación, la enseñanza y la cultura.

Lizt Alfonso fue otra estupenda cubana, que brilló en el mundo de la danza. Nació en La Habana a mediados del siglo veinte; de gran talento artístico, se destacó como bailarina y coreógrafa, y sus biógrafos la describen como perseverante, bella, fuerte y amorosa. Comenzó a recibir sus primeras clases de ballet siendo muy niña, y a los nueve años ya había creado su primera coreografía. En su primer intento por formar parte de la Escuela de Ballet, Alfonso fue rechazada por “no poseer condiciones de bailarina”, pero no se dio por vencida, y en pocos años ya empezó a brillar en escenarios nacionales e internacionales. Dirigió por un tiempo la compañía de Danzas Ibéricas del Centro de Promoción de la danza de Cuba (Prodanza), y también la Escuela de danza, ballet y actuación del Gran Teatro de La Habana.

Como directora y coreógrafa, Lizt se caracterizó por incorporar diversos estilos y tipos de danza, obteniendo creativas fusiones de bailes españoles y cubanos. Ha sido elogiada por personalidades del mundo de las artes escénicas y por críticos, tanto cubanos como extranjeros. Hoy se mantiene como directora de la “Lizt Alfonso Dance School”, compartiendo su reconocido talento con sus estudiantes, y garantizando así la formación de relevos.

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Mujeres del Olimpo: Ana Fidelia Quirót (Foto: directorio de afrocubanas)

Pero en el mundo del deporte, la fuerza femenina cubana no se queda atrás. Y quiero recordar a Ana Fidelia Quirót, nacida en Palma Soriano. Especializada en los 400 y los 800 metros, se dedicó al atletismo desde los doce años, hasta llegar a convertirse en “La reina” del Segundo Campeonato Iberoamericano de Atletismo, celebrado en La Habana. Ganó treinta y nueve carreras consecutivas de 800 metros y quince consecutivas de 400 metros. Su espíritu de guerrera y luchadora lo mostró también cuando en 1993, y estando embarazada, en un accidente sufrió quemaduras de segundo y tercer grado en el 40 por ciento de su cuerpo, lo que le ocasionó perder a su bebé; y, sin embargo, superó su tragedia y tuvo la capacidad de competir en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, consiguiendo la medalla de plata en los 800. Se sometió a múltiples operaciones para conseguir la elasticidad necesaria para seguir compitiendo. Así, en 1995 se proclamó campeona del mundo en los 800 metros, y aún tuvo fuerza para llevarse la plata en los Olímpicos de Atlanta 1996.  La lista seguiría pero por ahora paramos aquí, resaltando que no hace falta esperar a marzo para resaltar el valor de las mujeres y poner atención en las batallas por librar.

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