
La sala Skyline, en el cuarto piso de la Biblioteca Parkway Central, se llenó con el sonido de múltiples idiomas la mañana del 3 de junio, cuando la Oficina de Asuntos del Inmigrante de Filadelfia (OIA) inauguró el Mes de la Herencia Inmigrante con una jornada dedicada a celebrar más de 250 años de aportes de las comunidades inmigrantes a la ciudad.
La luz del sol entraba por las amplias ventanas, iluminando a una audiencia diversa de miembros de la comunidad, artistas, activistas y líderes cívicos que se reunieron para reflexionar sobre cómo esa herencia sigue viva en el arte, los festivales, los desfiles y las tradiciones de los vecindarios de Filadelfia.
De cara al 250 aniversario de la firma de la Declaración de Independencia en 1776, las autoridades locales plantean esta conmemoración no solo como la historia fundacional del país, sino también como la de las generaciones de inmigrantes que han contribuido a construir la ciudad tal como es hoy.
La Oficina de Asuntos del Inmigrante, dirigida por su director ejecutivo Charlie Elison—nombrado por la alcaldesa Cherelle Parker—tiene como misión promover el bienestar de las comunidades inmigrantes.
El evento inaugural reflejó ese compromiso al reunir a organizaciones culturales que sostienen la vida artística y cultural de la ciudad. Abierto al público, el programa se desarrolló durante la mañana y parte de la tarde en un ambiente acogedor, más cercano a un encuentro familiar que a una ceremonia oficial.
A las 10 de la mañana comenzó el panel central del día, moderado por Valerie Gay, directora ejecutiva de Creative Philadelphia. Cantante de ópera de formación, Gay estableció un tono cercano y dinámico al destacar el trabajo de su agencia en apoyo a artistas y organizaciones culturales que dan forma al tejido cultural de la ciudad. La herencia, subrayó, no se conserva solo en museos: vive en los estudios, en las cocinas y en las celebraciones comunitarias.

El panel reunió a líderes de organizaciones que mantienen vivas las tradiciones culturales en distintos vecindarios. Nani Shin, del Festival de Cine Asiático Americano de Filadelfia, habló sobre la importancia de visibilizar historias que rara vez llegan al público masivo. Lisa Volta-Zalloum, de Al-Bustan Seeds of Culture, explicó su labor promoviendo la música y las artes árabes tras el 11 de septiembre, en un momento de tensiones culturales.
Ivette Compean, del Centro Cultural Mexicano, destacó la riqueza de la cultura mexicana y cómo los festivales ayudan a unir a las familias y a abrir espacios de intercambio con otras comunidades.
Por su parte, Nakkiat Ali Zaki, de la Alianza Cultural Africana de América del Norte (ACANA), señaló cómo festivales, clases de idiomas y programas comunitarios permiten preservar la identidad cultural lejos del país de origen.
Un tema común atravesó toda la conversación: la historia inmigrante de Filadelfia no es una pieza de museo, sino una realidad viva que se construye día a día. Los panelistas evocaron desfiles que llenan las calles, funciones de cine con salas llenas y niños que aprenden canciones heredadas de generaciones anteriores. Cada organización, desde su propio lenguaje cultural, mantiene viva esa herencia.
El público respondió con un reconocimiento silencioso, ya que muchos han vivido experiencias similares.
Entre los asistentes estaba Peter Dias, hijo de inmigrantes de Goa, India. “Me impresiona el respeto que todos muestran por las culturas de los demás y la facilidad con la que comparten su diversidad”, comentó. Lo que más le impactó, añadió, fue “la naturalidad con la que desconocidos comparten sus tradiciones—un recordatorio de que esta sigue siendo una ciudad construida por inmigrantes”.





