
La violencia doméstica (VD) es más común de lo que pensamos. Actualmente sabemos que más de 1 de cada 3 mujeres y más de 1 de cada 6 hombres experimentarán violencia por parte de una pareja íntima a lo largo de su vida. En Filadelfia, la Línea Directa de Violencia Doméstica disponible las 24 horas, operada por Congreso, Lutheran Settlement House, Women Against Abuse y Women In Transition, recibe aproximadamente 12,000 llamadas cada año.
Para los niños que viven en hogares afectados por la violencia doméstica, el impacto puede durar mucho tiempo después de que la violencia haya terminado. Mudanzas, separaciones o divorcios pueden alterar aún más su sensación de seguridad y estabilidad. Los niños que son testigos de abuso pueden experimentar miedo y culpa por no haber podido detener la violencia, así como enojo hacia uno o ambos padres. También pueden tener dificultades para comprender por qué alguien a quien aman haría daño a su padre o madre.
Los niños suelen comunicar sus experiencias a través de cambios en su comportamiento. Algunos pueden mostrar emociones intensas, como dificultades para controlar impulsos, arrebatos o agresividad hacia hermanos o compañeros. Otros pueden internalizar sus sentimientos y aparentar estar completamente bien por fuera, mientras experimentan problemas de sueño o ansiedad al separarse del padre o madre que sufrió el daño.
Para los padres que han vivido situaciones de violencia, reconocer estas conductas puede resultar difícil. Es posible que se vuelvan hipervigilantes y observen constantemente a sus hijos en busca de señales de angustia, lo que dificulta distinguir entre comportamientos normales de la infancia y respuestas relacionadas con el trauma. Sin embargo, los niños suelen expresar más emociones y conductas cuando se sienten lo suficientemente seguros para hacerlo. Con frecuencia, sus acciones no son intentos de generar problemas familiares, sino maneras de buscar conexión y apoyo.
En Lutheran Settlement House, nuestros defensores y consejeros bilingües del Programa de Violencia Doméstica enfatizan que la sanación comienza validando las experiencias de los niños. Ellos pueden tener sentimientos contradictorios hacia la persona que causó el daño, incluyendo amor o el deseo de mantener una relación con ella; estas emociones pueden coexistir con el enojo y otros sentimientos relacionados con la violencia. Los adultos deben hablar de manera honesta y tranquila sobre la violencia que los niños han presenciado, utilizando un lenguaje apropiado para su edad y nivel de desarrollo.
Los padres también necesitan apoyo. No existe una única manera “correcta” de ejercer la crianza después de experimentar violencia doméstica. Conectarse con un defensor especializado, un terapeuta o una persona de confianza puede ayudar a los padres a procesar sus experiencias y prepararse para conversaciones difíciles con sus hijos. Los defensores de violencia doméstica también pueden ayudar a desarrollar planes de seguridad en caso de que ocurra otro incidente violento.
Lo más importante es recordar que los niños y los sobrevivientes pueden sanar. No están rotos. La recuperación no siempre es un proceso lineal y requiere tiempo. Los niños pueden conservar recuerdos felices y experiencias dolorosas al mismo tiempo. Brindarles espacio para expresar esos sentimientos, mientras se mantiene la seguridad y la conexión emocional, es una parte fundamental del proceso de sanación, no solo para el niño, sino también para el sobreviviente.
Para obtener más información sobre nuestros servicios y cómo puede apoyar a los sobrevivientes, visite https://lutheransettlement.org/ o síganos en Instagram @lshphilly y Facebook @lutheransettlementhouse. El 7 de octubre de 2026, acompáñenos en Groove for Good, una fiesta de baile que celebra la fortaleza, resiliencia y alegría de los sobrevivientes.
Nota sobre los autores:
A.D. y T.B. son terapeutas y defensores infantiles en el Programa Bilingüe de Violencia Doméstica (BDVP) de Lutheran Settlement House. Por razones de seguridad, utilizamos únicamente sus iniciales. Olivia Taduran fue anteriormente defensora infantil y actualmente es la directora del programa BDVP.





