Joaquín Harrell, de North Bergen (Nueva Jersey), vende gorras y camisetas personalizadas —diseñadas en su propia imprenta en un puesto situado en la calle North Fifth, conocida también como "El Bloque de Oro", en pleno corazón del barrio latino de Filadelfia. La comunidad puertorriqueña dio la bienvenida a los asistentes a la fiesta callejera anual "La Feria del Barrio", organizada por Taller Puertorriqueño. (Foto: Tom Gralish/Fotógrafo de plantilla)

Por lo general, la ciudad envía un correo electrónico masivo con la relación de actividades del Mes de la Herencia Hispana. Este año no lo ha hecho, lo cual encaja con la tendencia de los funcionarios electos de Filadelfia de mostrar poco respeto hacia las comunidades latinas.

El Mes de la Herencia Hispana, se celebra de 15 de septiembre a 15 de octubre. Siempre he tenido una relación de amor-odio con este mes, cuyo objetivo es reconocer y celebrar que los latinos han sido una parte fundamental de la nación desde sus inicios. Si bien resulta gratificante que se preste atención a las personas extraordinarias y a la gran diversidad de herencias culturales que conforman la “latinidad” en Estados Unidos, dicha atención, por su propia naturaleza y limitación temporal, suele ser superficial y pasajera.

Aun así, siempre estoy pendiente de la llegada de un correo electrónico masivo de la oficina de la alcaldía con la programación de eventos de la ciudad para conmemorar este mes.

Este año, sigo esperando.

Hasta el momento, no ha llegado ningún correo electrónico de la Ciudad de Filadelfia anunciando una programación especial para el Mes de la Herencia Hispana, ni aparece nada al respecto al buscarlo en el sitio web phila.gov.

Ni siquiera hay enlaces a información sobre dos eventos emblemáticos que tuvieron lugar el domingo pasado: La Feria del Barrio (organizada por Taller Puertorriqueño) y el Festival del Día de la Independencia de México (organizado por el Centro Cultural Mexicano), ni tampoco sobre el evento culminante no oficial en Filadelfia, el Desfile del Día de Puerto Rico, que Concilio ha organizado durante más de 60 años– previsto para el 27 de septiembre.

Aunque me gustaría decir que me sorprende totalmente la omisión del Mes de la Herencia Hispana por parte de la ciudad, la realidad es que no es así.

Las comunidades latinas de Filadelfia reciben sorprendentemente poco respeto –más allá de la gran estima que se tiene por nuestra maravillosa comida y nuestros bailes, que son indudablemente maravillosos– por parte de nuestros funcionarios electos, y el gobierno municipal nos ha menospreciado durante mucho tiempo de formas mucho más significativas.

Para mí, nada ejemplifica esto mejor que un caso ocurrido en 2015: aunque había un director administrativo latino, el entonces alcalde Michael Nutter convocó –a petición del fiscal general Eric Holder y del Departamento de Justicia de EE. UU.– una mesa redonda en Filadelfia, sobre la necesidad imperiosa de mejorar las relaciones entre la policía y la comunidad, y en esa mesa no hubo ni una sola persona representante de una organización que sirviera a la comunidad latina. Todo esto ocurría en una ciudad donde nuestra comunidad estaba sometida a tasas relativamente altas de detenciones y registros (“stop-and-frisk”), sufría incidentes de uso excesivo de la fuerza (y los sigue sufriendo), era históricamente blanco de extorsiones policiales y era (y sigue siendo) objeto de perfilamiento racial por parte de la Policía y del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de EE. UU.

Francisco Gonzales, de Lawrenceville, Nueva Jersey, baila con su hija Bianca, de 17 años, cerca del escenario mientras los músicos actúan en el Festival del Día de la Independencia de México del año pasado, en la pista Independence Blue Cross RiverRink de Penn’s Landing. (Foto: Tom Gralish/Fotógrafo de plantilla)
 
 

Ni un solo latino en la mesa

¿Es simplemente que nuestro capital político se ha estancado desde la década de 1980, o hay algo más?

Hemos tenido tres candidatos latinos en las primarias para la alcaldía (dos en 2015 y uno en 2023), pero no ha habido avances sustanciales en cuanto al poder político necesario para ser tomados en serio en Filadelfia.

Cabe señalar que, en 1983, Filadelfia eligió a su primer concejal latino y, un año después, a un legislador estatal latino (el segundo en la historia de la ciudad). El censo de 1980 situaba a la población latina de Filadelfia en el 3,9 % del total de la ciudad. Unas cuatro décadas más tarde, los latinos representan ya cerca del 17 % de la población total de Filadelfia; sin embargo, seguimos contando con una sola concejala latina y apenas dos legisladores estatales latinos de la ciudad.

La ciudad ha dependido mayoritariamente de nombramientos a nivel de departamentos, en los años 80 era la Oficina de Asuntos de la Comunidad Hispana; ahora son la Oficina de Asuntos de Inmigrantes y la Oficina de Participación Latina para atender las inquietudes de sus residentes latinos y destacar las contribuciones de estas comunidades a Filadelfia.

Pero los departamentos y las oficinas reflejan las administraciones de las que forman parte, y la alcaldesa Cherelle L. Parker ha enviado señales contradictorias a sus electores latinos.

Por un lado, ha abordado problemas en Kensington en colaboración con la concejal del Distrito 7, Quetcy Lozada, una líder boricua muy apreciada y respetada. Por otro lado, fue necesario presionarla al máximo, casi a regañadientes, para que hiciera algún comentario público sobre las acciones de ICE durante la presidencia de Donald Trump, todo ello en el marco de las propuestas del Concejo Municipal “ICE Out” para limitar la colaboración con dicha agencia.

¿O tal vez las oficinas encargadas de mantener un diálogo con las comunidades latinas de Filadelfia —y de ocuparse de sus asuntos— no están a la altura del trabajo?

Estoy dispuesta a concederles el beneficio de la duda: quizás se estén centrando en una labor importante entre bastidores. Pero, en mi opinión, han restado visibilidad a los latinos, en detrimento nuestro y de toda Filadelfia.

Recientemente me llamaron la atención los eventos que la Oficina de Asuntos de Inmigrantes está promocionando, por ejemplo, como parte de su “Semana de Bienvenida 2026” (del 10 al 25 de septiembre). El enfoque de este año está puesto en el Caribe, pero en la información que he recibido (o que he logrado encontrar) al respecto, no parece haber nada programado sobre el Caribe de habla hispana ni proveniente de él. Lo cierto es que esto no es un juego de suma cero: podemos (y debemos) celebrar a nuestras importantes comunidades haitiana y jamaicana, por ejemplo, y sus increíbles aportaciones culturales a Filadelfia, sin ignorar a las comunidades dominicana y boricua.

Así que vamos, alcaldesa Parker, envíe ese correo por el Mes de la Herencia Hispana. Incluya en el sitio web todos esos eventos y programas. Los latinos estamos aquí, contribuyendo todos los días y haciendo cosas extraordinarias por nuestra ciudad. Eso es algo que deberíamos celebrar juntos.

Nota de la editora: Esta pieza fue publicada originalmente en inglés en The Philadelphia Inquirer el 15 de septiembre de 2026.

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