El repertorio de la banda incluye canciones en inglés y en español. (Foto: Cristian Marín)

Uno de los instrumentos de viento lidera la conversación, como anticipando con una melodía repetitiva que algo va a pasar. La orquesta le contesta marcando un pulso que aumenta la tensión de un misterio que está por revelarse. Ese diálogo, que dura un par de compases y termina con el vértigo del silencio de la banda es la puerta por la que se entra a “Fiesta de negritos”, una obra del compositor colombiano Lucho Bermúdez que viajó en el tiempo, se llevó los vientos del Caribe y se inscribió en el recuerdo como el primer tema que interpretó en público en Filadelfia la orquesta La Desobediente.

Esto ocurrió la noche del viernes 25 de septiembre de 2026 en un bar del sur de la ciudad, con la presencia de un público que se entregó al baile desde el primer momento en que la agrupación, conformada por músicos de muchas partes del mundo, ejecutó un tema tropical que marcó el inicio de la historia de esta nueva propuesta musical.

Simón Martínez dirige a la banda desde su batería. (Foto: Cristian Marín)

“Todo el proyecto desobedece”, asegura Simón Martínez, quien, en un acto de “rebeldía” contra los modelos actuales, ideó este proyecto que tiene 14 músicos en el escenario y se opone a los formatos que reducen la presencia de artistas en la tarima y sustituyen a los músicos por máquinas y ritmos artificiales que se parecen mucho unos a otros.

La Desobediente, por otro lado, apuesta por una conversación que conecte, según su creador, al mundo afroamericano con el afrolatino, como una prueba que “demuestra que no estamos tan lejos”.  La banda combina los sonidos del funk con la salsa para que jueguen a favor de los bailadores de aquí y de allá. Es por eso que en el show hay sonidos de Colombia, Cuba, México, Puerto Rico, Perú, Estados Unidos y muchos más. Asimismo, en los arreglos y composiciones intervienen diferentes autores y poetas de Latinoamérica.

Simón, artista que defiende y estudia las músicas que están fuera de las tendencias, tardó casi dos décadas en materializar este sueño. Tras diez años fuera de la escena, llegó a Filadelfia con la maleta llena de canciones de las costas colombianas y las conectó con sonidos que también migraron a la ciudad como las plenas y bombas de Puerto Rico, el festejo de Perú y la identidad sonora de la Costa Este.

El primer concierto de La Desobediente tuvo cumbia, porro, música del Pacífico colombiano, funk y merengue. (Foto: Cristian Marín)

Rebeldía con causa

Según Martínez, más que un acto de desobediencia o contracultura, este proyecto representa una reafirmación de la identidad y diversidad. Afirmó que “todos los países tenemos ritmos increíbles” y la banda materializa su deseo de dar a conocer esa innumerable variedad de artes que se encuentran en América. Esta causa aprovecha que en Estados Unidos convergen talentos de diferentes lugares del continente y los junta para alzar la voz a través de los instrumentos musicales.

La Desobediente ya trabaja en la ampliación de su repertorio y está buscando el lugar en la escena artística de la ciudad que le permita seguir trayendo melodías antiguas que sobreviven al tiempo, a las fronteras y a las voces que pretenden imponer qué se debe escuchar.

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