Para celebrar su medio siglo, APM organizó una serie con presentaciones de líderes y expertos, para hablar sobre temas centrales relacionados con su trabajo. Recientemente tuvo como invitada a Elizabeth Smart, activista en pro de la seguridad infantil y autora del libro “Mi historia”.

Elizabeth Smart, sobreviviente de rapto y violación. Cortesía.

De 14 años, Elizabeth fue raptada a punta de cuchillo de su propia cama en la localidad de Salt Lake City, estado de Utah, el 5 de junio de 2002. Su secuestrador, Brian David Mitchell, y Wanda Barzee, su esposa y cómplice, la retuvieron por nueve meses. Ahora Mitchell se encuentra en una prisión federal por el resto de su vida y Barzee fue sentenciada a 15 años de cárcel, pero salió libre bajo palabra en 2018.

La Dra. Cindy W. Christian, del Hospital Infantil de Filadelfia, especialista en prevención del abuso infantil, entrevistó por zoom a la activista y directora de la Fundación, Elizabeth Smart, sobre temas como la manipulación de los perpetradores, el miedo, la vergüenza, el trauma, el control y la resiliencia.

“La manipulación es muy peligrosa, ya que el perpetrador puede manipular a un niño para hacer casi todo lo que él quiera. Eso me sucedió a mí, que vengo de una familia cristiana conservadora, y me manipuló para que no huyera, ya que me amenazó de muerte o que iba a matar a mis padres y mi hermana”, cuenta Elizabeth. “Al principio fui muy defensiva cuando me preguntaban el por qué no escapé, o pedí ayuda; es hasta ahora que he madurado y tengo el vocabulario para articular lo que me sucedió durante esos nueve meses, cuando fui violada múltiples veces por mi captor”, precisa. Nadie estuvo ahí para defenderla de su agresor sexual a pesar de la búsqueda masiva que su familia y la policía realizó durante meses y aunque estuvo cautiva tan solo a 3 millas de su hogar.

Foto ilustrativa de Pexels/RODNAE

“Estaba aterrorizada por su ultraje, me encadenaba, me hacía caminar desnuda y me privaba de comida y agua, me decía insistente que si yo no hacía exactamente lo que él quería me mataría a mí y a mi familia. No tenía razón para no creerle. Lo único que me motivaba para sobrevivir era poder ver de nuevo a mis seres queridos y sentir su amor”, recuerda con claridad. Elizabeth volvió a ver a su familia el 12 de marzo de 2003.

La activista estableció su fundación en 2011, la cual brinda servicios para promover la prevención, la recuperación y la defensa de los niños que han sido víctimas de abuso sexual. El lema de su organización es “Nosotros te creemos”.

“Nadie merece ser violado o violada, no importa si es un miembro de la familia, un conocido o un desconocido el que lo hizo. No es la culpa de la víctima, solo lo es del perpetrador o perpetradora. Para un menor es fácil culparse a sí mismo, en especial, cuando estamos en una situación tan vulnerable. Tenemos que ayudar a reconstruir a las familias, ya que cada niño merece todo el apoyo, y si no es el de su familia biológica, tal vez el de una familia con personas que ayuden y quieran a la víctima”, reitera.

Ahora a los 33 años, casada y madre de tres hijos, Elizabeth Smart dedica gran parte de su vida y tiempo para ayudar a la seguridad infantil. Lo que la inspiró a sanar fue la terapia, sus seres queridos, el arte, la música, las cabalgatas con su abuelo en Utah, pero sobre todo el espíritu humano. Aunque no es fácil, cada víctima debe encontrar lo que le inspire, le ayude, la terapia apropiada, y ante todo, relaciones positivas.

Los otros entrevistados el 9 de diciembre fueron Jon Rubin, Secretario Auxiliar de la Oficina de Servicios para niños, jóvenes y familias del Departamento de Salud de Pensilvania, y Waleska Maldonado, Jefa de Prevención de la Oficina de Servicios para niños y familias de Filadelfia; y Kyanna M. Hunter y Susan Plaza, de APM.

Foto ilustrativa de Pexels/RODNAE

Los presentadores coincidieron en que los niños no pueden prevenir ni protegerse por sí mismos del abuso sexual, y si la familia presenta cargos contra el perpetrador o perpetradores, las agencias y oficinas de protección deben tratar de que los niños cuenten solo una vez lo que les sucedió, y no repetidas veces durante el proceso judicial, para minimizar el trauma que deja dicha experiencia.

En el 2021 seguiremos informando sobre sus servicios para los residentes de Pensilvania y, en especial, de Filadelfia.

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