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La congresista Nydia Velázquez recibe el Premio Antonia Pantoja de la NPRA en Lancaster PA

La congresista Nydia Velázquez en la Gala de Premios de la Agenda Nacional Puertorriqueña, tras recibir el inaugural Premio Antonia Pantoja y compartir un poderoso mensaje sobre liderazgo, responsabilidad y comunidad. (Foto: Benjamin Figueroa Medina)

Lancaster, PA — El viernes 24 de abril de 2026, el primer alcalde puertorriqueño de Lancaster, Jaime Arroyo, inauguró una histórica convención y cumbre de dos días con líderes puertorriqueños a nivel nacional y capítulos de la Agenda Nacional Puertorriqueña (NPRA) provenientes de más de 13 estados. El encuentro sentó las bases para una acción coordinada con impacto duradero, tanto para la diáspora puertorriqueña como para la isla.

Durante el fin de semana, la NPRA hizo algo más que celebrar un evento: inauguró la siguiente fase de su movimiento, definida por propósito, dinamismo y un estilo inconfundible.

La Gala —elegante y contemporánea— fue conducida por Luz B. Colón, subsecretaria de la NPRA, y contó con una sólida representación de liderazgo. El programa incluyó mensajes de la presidenta de la NPRA, Nilda Ruiz; un saludo en video del gobernador de Pensilvania, Josh Shapiro; reflexiones de Olga Negrón, directora ejecutiva del Governor’s Action Committee on Latino Affairs; y la participación de Desiree Colón, presidenta del capítulo de la NPRA en Nueva York.

Más allá del protocolo se logró unir liderazgo y comunidad a través de la cultura, la camaradería, la música y el baile. La energía en la sala fue cálida y vibrante, propiciando reencuentros, nuevas relaciones y perspectivas compartidas. La unidad y la intención colectiva fueron palpables.

El programa avanzó con ritmo y precisión. Las expresiones culturales sirvieron de ancla identitaria, mientras que las conversaciones reforzaron el propósito del encuentro. Un momento central fue la presentación de un video homenaje a la persona homenajeada, que incluyó testimonios del líder demócrata Hakeem Jeffries, de los congresistas Maxwell Alejandro Frost y Darren Soto, y de líderes comunitarios como Luis Miranda.

Luego, el excongresista Luis Gutiérrez tomó la palabra en persona. Con pasión y desde una conexión personal, compartió experiencias directas sobre el liderazgo, la firmeza y la defensa incansable de la homenajeada en favor del pueblo puertorriqueño. Ese testimonio condujo al momento culminante de la noche: el reconocimiento de la primera mujer puertorriqueña elegida al Congreso de Estados Unidos, Nydia Velázquez, con el primer Premio Antonia Pantoja.

Cuando se anunció su nombre, la sala respondió con algo más profundo que aplausos. Fue una muestra colectiva de respeto hacia una líder que ha servido por más de tres décadas en el Congreso, representando el Distrito 7 de Nueva York desde 1992. Pionera en múltiples frentes, Velázquez hizo historia como la primera congresista puertorriqueña y la primera latina en presidir un comité completo del Congreso. Su trabajo ha marcado la política nacional en áreas como el desarrollo de pequeños negocios, el acceso al capital, la vivienda y la recuperación de Puerto Rico.

Sin embargo, al subir al podio, su mensaje no giró en torno a títulos ni logros personales. Habló con franqueza.

Se refirió a las luchas que definieron su liderazgo, denunció la respuesta federal fallida tras el huracán María y señaló las desigualdades persistentes que enfrenta Puerto Rico.

Su llamado fue contundente: “Nuestro gobierno no se mueve solo. Hay que empujarlo”.

Ese mensaje marcó el tono de sus palabras, ancladas en la responsabilidad colectiva. “Esas victorias no fueron mías… pertenecen a cada organizador y activista que se negó a dejar que nuestra isla fuera olvidada”.

Reconoció el poder de la diáspora —desde Nueva York hasta Orlando y Chicago— y subrayó que el progreso se construye a través de quienes se organizan, participan y exigen cambio. “No podemos rendirnos… porque se trata del futuro de nuestra comunidad”.

Esa urgencia nace de más de 30 años navegando los sistemas federales y luchando por resultados reales.

Tras su discurso, tuve la oportunidad de conversar con la congresista en un encuentro privado, sin público ni interrupciones, solo claridad.

Al hablar sobre la representación latina, ofreció un dato contundente: “Cuando fui electa en 1993, solo había tres latinas… hoy hay 19 latinas y más de 50 miembros de ascendencia hispana”.

Un crecimiento significativo, afirmó, pero no automático ni garantizado. “La gente tiene que sentirse involucrada. Hay que escucharla, entender cuáles son sus problemas y explicar cómo se van a atender. Ahí es donde ocurre la participación”.

El registro de votantes, dejó claro, no es el final del camino, sino el punto de partida. Sin conexión real, la participación no se sostiene.

Al preguntarle qué debe entender la próxima generación, con contundencia respondió “Tenemos que estar en la mesa. Porque si no estamos en la mesa, estamos en el menú… Tenemos que exigirlo. Hay que trabajar, organizar a la gente, activarla, y no tener miedo de alzar la voz”.

No hubo titubeos, solo un llamado directo a la acción. Para cerrar, ante la pregunta de qué debe suceder ahora, fue clara: “Tenemos los números. Ahora hay que convertir esos números en poder político. Punto”.

Esa declaración capturó el espíritu del momento. La Gala fue un llamado claro a que la comunidad puertorriqueña intensifique su participación política y transforme su presencia numérica en poder real.

En el ambiente general de la noche, esa misma presencia se sintió en cada interacción: firme, serena, profundamente enraizada. Su fortaleza fue innegable y expresada con gracia.

La entrega del Premio Antonia Pantoja tuvo un significado especial. Nombrado en honor a una líder que dedicó su vida a construir instituciones al servicio del pueblo puertorriqueño, el galardón representa un compromiso a largo plazo con el impacto comunitario. En Nydia Velázquez, ese legado encuentra una digna heredera.

Con las palabras finales de la presidenta de la NPRA, Nilda Ruiz, la noche pasó del reconocimiento a la responsabilidad.

El encuentro fue un éxito, con una ejecución sólida. El liderazgo estuvo presente y la sala estaba afianzada.

Fue más que una celebración: marcó una transición. Al encontrarse la congresista Velázquez en su último término, el momento simbolizó tanto un cierre como un comienzo. Su legado de más de tres décadas continúa vivo en quienes asumen la estafeta.

Como ella misma reafirmó, el trabajo continúa.

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