El estado de Texas se ha convertido en el epicentro del debate sobre el impacto de la inteligencia artificial en nuestras comunidades. En el condado de Pecos, Amazon acaba de adquirir un terreno para un nuevo centro de datos que se alimentará de una planta de gas natural, lo que podría convertirlo en la mayor fuente individual de contaminación ambiental en los Estados Unidos.
La planta usará 35 turbinas de gas para generar hasta 7,65 gigavatios de electricidad y tendrá permiso para emitir hasta 33 millones de toneladas de dióxido de carbono al año, según reportó The New York Times. Para poner esa cifra en contexto, la planta más contaminante del país en este momento, la termoeléctrica de carbón James H. Miller Jr. en Alabama, emite alrededor de 16 millones de toneladas al año.
Amazon defendió la decisión y dijo que la planta de energía “generará lo necesario para mantener sus operaciones”. También reconoció que sus emisiones han aumentado en los últimos años y que los centros de datos de inteligencia artificial podrían impedirle cumplir sus propias metas climáticas.
Recordemos que fue Amazon quien cofundó el “Compromiso Climático” o Climate Pledge, cuya meta era alcanzar emisiones cero para el año 2040.
Lo que ocurre en Pecos no es un caso aislado. Es el modelo que se está imponiendo. Nuestra red eléctrica es incapaz de satisfacer la demanda de energía necesaria para los cientos de centros de datos que se planean construir en el país y las empresas prefieren edificar sus propias plantas en lugar de esperar años por una conexión.
La decisión sobre el tipo de energía con la que operan esas plantas es esencial para nuestras comunidades. Si optan por alimentarlas con combustibles fósiles, todos pagaremos el precio de ese cambio, porque lo que está en juego es nuestra salud y seguridad.
Los centros de datos se están multiplicando en estados donde la población latina es mayoría. Recientemente, Climate Power lanzó un indicador público que analiza los proyectos de centros de datos y los registros federales de contaminación.
Los resultados confirmaron lo que muchas familias ya sospechaban. Más de un tercio de los proyectos están en zonas donde las personas de color representan más del 40% de la población local, y cerca del 35% se ubica en comunidades clasificadas como desfavorecidas por su exposición a la contaminación.
En Texas, casi el 60% de los 53 centros de datos planificados se ubican en zonas donde la población hispana supera el 20%. Gobernadores como Greg Abbott han impuesto estándares para el desarrollo de estos centros, por ejemplo, que no afecten la “calidad de vida de sus residentes”.
Pero cuando llega la hora de definir “calidad de vida”, hay más preguntas que respuestas. ¿El aire que respiramos no es calidad de vida? ¿Prevenir el aumento de las inundaciones catastróficas alimentadas por el calentamiento global no es calidad de vida?
El presidente Trump no ha hecho más que facilitar el desarrollo de esta nueva crisis, liderando políticas federales diseñadas para acelerar la construcción de centros de datos y priorizar el petróleo, el gas y el carbón por encima de fuentes de energía no contaminantes, como la energía solar y eólica.
Para nuestra comunidad, este tema importa. En una encuesta reciente de Blue Rose Research, el 59% de los latinos dijo que los centros de datos deberían estar obligados a funcionar con energía limpia, incluso si eso retrasa su construcción.
Cuando se plantea el tema de las tarifas eléctricas, los votantes latinos se oponen a la construcción de centros de datos cerca de zonas residenciales por un margen de 40 puntos. Cuando se plantea en términos de consumo y escasez de agua, la oposición es de 31 puntos
Este es un tema de responsabilidad de todos los actores involucrados en este cambio tecnológico: gobierno, legisladores y empresarios. No puede ser que gigantes como Amazon se comprometan a limpiar nuestro aire y a disminuir las emisiones sólo cuando les resulta conveniente para su imagen pública y sus ganancias. ¿Están o no están comprometidos a reducir la contaminación y a impedir que el calentamiento global siga aumentando?
Nuestra gente lo ve. Las compañías de inteligencia artificial son el actor menos confiable de este debate para los votantes latinos, con una calificación neta de -38 puntos.
Los permisos que autorizan estas plantas, las reglas que definen quién paga la nueva infraestructura eléctrica y las protecciones que defienden nuestro aire y nuestra agua están en manos de funcionarios electos, comisiones estatales de servicios públicos y legisladores en el Congreso. Todos ellos responden, o deberían responder, a nosotros y en las elecciones de noviembre, ya estamos viendo quién tiene nuestros intereses en primera línea y quién no.
Históricamente, hemos pagado un precio demasiado alto por las decisiones que otras personas en posiciones de poder han tomado sobre nuestras comunidades. No podemos permitir que ocurra otra vez. Debemos exigir responsabilidad y respuestas concretas de todos los actores involucrados en este tema. De lo contrario, terminaremos pagando la cuenta otra vez.
*Antonieta Cádiz es la directora ejecutiva de Climate Power En Acción. Anteriormente, trabajó como corresponsal nacional para La Opinión y fue escritora política nacional para Univisión.






