Desde que llegamos a estas tierras hemos sido definidos o nombrados. A muchos eso no les crea ningún problema. A los nativo-americanos (taínos, incas, mayas, aztecas, guaraníes, mapuches, etc.) los nombraron “indios”, los despojaron de sus tierras y les escondieron su cultura e historia.

Durante muchos siglos, bajo la dominación española, América era una extensión de España (Hispania). De allí procede el nombre “hispanoamericanos” y que aún hoy día se utiliza para nombrar a los 650 millones de personas, de 20 diferentes países americanos, que hablan español. El término “latinoamericano” es mucho más amplio porque incluye a todo país americano que hable por lo menos una de las cinco lenguas romances (español, portugués, francés, italiano y rumano). Sin embargo, estas categorizaciones excluyen a los cientos de etnias originarias de nuestra América que aún hoy día mantienen sus lenguajes vivos y activos en el diario vivir.

La palabra látinx apareció la pasada década aquí en los Estados Unidos, y se comenzó a utilizar para ser más inclusivo y acabar con el uso de “latino” y “latina”. Los diccionarios de inglés de Oxford y Cambridge incluyen este término, pero no el diccionario de la Real Academia Española (RAE). Incluso la RAE en su primer “Libro de Estilo de la Lengua Española”, edición del 2018, no incluye el término, pero sí incluye “youtubero” y “wasap”.

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La población hispanohablante ha sido la responsable del crecimiento demográfico en los Estados Unidos. (Foto: EFE/Beatriz Limón/Archivo)

No hay duda de que esto genera un interesante debate y también muestra la vitalidad de un lenguaje que desde los tiempos de Miguel de Cervantes viene dando una serie de giros lingüísticos, que le son inherentes por naturaleza del lenguaje mismo. Látinx no es un término popular y se usa mayormente dentro de la academia y entre activistas. Por ejemplo, la prestigiosa universidad de Harvard tiene “estudios látinx” para referirse a los estudios sobre los latinos en los Estados Unidos. Además, es por lo general aceptado y promovido por la comunidad LGBTQ y como un identificador libre de género.

Francisco Moreno-Fernandez, lingüista de la Universidad de Alcalá, argumenta que “la RAE ha insistido en el carácter no marcado e inclusivo del género masculino, que hace innecesario recurrir a otras alternativas, desde la perspectiva de la lengua”. Según Marta Mateo, directora ejecutiva del Observatorio de la lengua española y las culturas hispánicas en EE. UU. del Instituto Cervantes en la Universidad de Harvard, este término no le gusta a mucha gente porque “no es un término natural en español (…) Crea un grupo consonántico final que es muy ajeno a nosotros. Si sólo hablas español, no estás en EE. UU. y lo ves, no sabrías cómo pronunciarlo”. Sin embargo, ella sugiere que no hay nada de malo en que se intente democratizar el lenguaje en cuanto a la igualdad de género.

El lingüista mexicano Luis Fernando Lara, también director del Diccionario del español de México, comenta en cuanto a látinx: “El español es una lengua que no facilita construcciones con consonantes seguidas, pero de ahí a decir que ‘destruye el español’ es una exageración sin sentido”. Lara considera que se trata de “una moda de corrección política que no logrará hacer ninguna modificación de la morfología del español”.

La realidad es que los idiomas son entidades vivas y en continua transición. Nunca un lenguaje es estático. Por lo cual pretender encajonar y no permitir influencias extranjeras sería un lingüicidio, como diría el tremendo juez a Tres Patines, en el antiguo programa radial “La tremenda corte”. El lenguaje es el instrumento que usamos para interpretar realidades exteriores e interiores. Hay experiencias tan impactantes y transformadoras que nuestro lenguaje no puede expresar porque son muy nuevas y no tenemos la experiencia vivida para buscar un punto de referencia. Por eso creamos la poesía, donde a través de metáforas y símiles tratamos de explicar lo que experimentamos.

Lera Boroditsky, profesora de Ciencia Cognitiva en la Universidad de California, en San Diego, se dedica a estudiar las relaciones entre la mente, el mundo y el lenguaje. Ella plantea que “el lenguaje está íntimamente atado a nuestra visión de la realidad”. Por lo cual, la palabra látinx puede “desafiar la estructura de realidad” que tienen algunos. Para la Dra. Boroditsky, tanto los que rechazan el concepto como los que se identifican con él, “vienen del mismo sentimiento: reflexionan sobre si el viejo lenguaje o el nuevo refleja o no sus realidades”.

La población hispanohablante ha sido la responsable del crecimiento demográfico en los Estados Unidos, e incluso componen la minoría más joven de la nación, con una edad promedio de 20 años (Centro PEW). De los 60 millones de esa población, el 67 por ciento nació aquí y se están identificando con el español como parte de su herencia cultural. Estos jóvenes, en comparación con sus padres, están mejor educados y preparados para los retos futuros. Les atrae el término látinx porque lo sienten cerca de su experiencia vivida. Ellos no se consideran estadounidenses ni latinoamericanos al cien por ciento, pero parecen estar más conscientes de su herencia latina y no temen expresar su orgullo por la herencia cultural de sus padres. Creo que estamos ante una disyuntiva que marcará la diferencia de la presencia latina en los Estados Unidos de América. Hispanos, latinos o látinx somos quienes somos, unos ya estábamos otros llegamos, pero estamos para quedarnos.

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