Foto de archivo (EFE)

Norristown, PA – La inmunología es una ciencia de la salud que estudia cómo el cuerpo humano se protege de agentes extraños que le puedan provocar alguna enfermedad. En este caso, el sistema inmune es el encargado de producir anticuerpos, responsables de atacar a los “invasores” de nuestro cuerpo. Y es único en cada persona. Es decir, cada uno de nosotros responde de forma diferente ante infecciones graves como recientemente, el COVID-19.

La salud del sistema inmune depende de la alimentación, actividad física, situación emocional, condición laboral y genética de cada persona, y responde según la época del año y de la región donde nos encontremos. Así, la gente más susceptible a ciertos padecimientos será aquella que presente una o varias situaciones inmunodepresoras como cansancio, angustia, alcoholismo, tabaquismo, obesidad y enfermedades preexistentes.

El paquete de genes que heredamos de nuestros padres, y ellos a su vez de nuestros abuelos, nos predispone a desarrollar tanto enfermedades inflamatorias crónicas o autoinmunes, como a tener una mayor o menor vulnerabilidad ante microorganismos patógeno-infecciosos. Según estudios científicos, las personas negras tienen sistemas inmunes más potentes que las blancas caucásicas de ascendencia europea. En tanto que, el sistema inmune de los hispanos los ha caracterizado por ser más longevos que otros grupos. Sin embargo, durante la actual pandemia, ambas poblaciones han sido las más afectadas. De acuerdo con datos del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), del 1 de marzo al 5 de septiembre, la proporción de hispanos, negros y nativos americanos, hospitalizados por enfermedades relacionadas al COVID-19, es hasta cuatro veces mayor que la población blanca.

Respecto a los hispanos, varias son las causas que han incrementado su vulnerabilidad ante el coronavirus SARS-CoV-2. Por ejemplo, la reducida atención médica, ya que la población hispana es la que tiene menor cobertura de seguro médico en los Estados Unidos. Además, desde el inicio de la pandemia han seguido realizando trabajos esenciales en supermercados, hospitales, policía, bomberos, limpieza, entrega de alimentos entre otros. Asimismo, muchos de ellos dependen del transporte público al no contar con auto propio, lo que aumenta el riesgo de contagio al exponerse por más tiempo a aglomeraciones o materiales en contacto con el coronavirus. Todos estos factores aunados al estrés de su condición migratoria y latente discriminación han deteriorado notablemente el sistema inmune de esta población (Universidad de Medicina Johns Hopkins y la revista Preventing Chronic Disease del CDC).

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