Gabriela Colak y su hijo Benjamín posan junto a la réplica del Trofeo de la Copa Mundial de la FIFA 2026, instalada en un centro comercial de Nueva Jersey como parte de las actividades previas a la gran final. (Foto: Cortesía/Familia Colak)

Tuve el privilegio de acompañar a la familia Colak, de Allentown, durante una semana inolvidable para miles de argentinos que siguieron a la Selección en Estados Unidos. Compartí con ellos la experiencia de la semifinal en Atlanta y continué en contacto cuando viajaron a Nueva Jersey para la final. Entre banderazos, cánticos y largas horas de ruta, conocí la historia de Gabriela Colak, directora de Educación Religiosa en la parroquia Holy Infancy de Bethlehem y madre de dos hijos argentinos criados en Estados Unidos.

Para Gabriela, vivir una semifinal mundialista entre Argentina e Inglaterra fue mucho más que asistir a un partido de fútbol.

“Como argentina viviendo hace años en Estados Unidos, fue una mezcla de orgullo, emoción y nostalgia. Sentía que, por unas horas, estaba nuevamente en mi país”, me contó. Entre todos los recuerdos que guarda de aquella jornada, hubo uno que la emocionó especialmente: el momento del himno nacional.

“Nunca voy a olvidar cuando sonó el himno. Miré a mis dos hijos, que crecieron acá pero sienten los colores como cualquier argentino, y pensé que les estaba regalando un recuerdo para toda la vida”.

La victoria sobre Inglaterra transformó Atlanta en una fiesta celeste y blanca. Según Gabriela, la alegría se sentía en cada rincón de la ciudad.

“La gente cantaba en las calles, en los hoteles y en los aeropuertos. Había una confianza enorme en el equipo. Antes de viajar a Nueva Jersey todos soñábamos con volver a levantar una copa, pero para muchos eso ya no era lo más importante. Sentíamos que este grupo nos había vuelto a unir como argentinos, incluso viviendo tan lejos de casa”.

Su presencia en el banderazo y en ambos partidos respondió a una motivación muy personal: transmitirles a sus hijos el significado de ser argentino.

“No es solamente ir a ver un partido. Es transmitir una identidad, una cultura y un amor por nuestros colores. Acompañar a la Selección en persona es sentir que uno también forma parte, aunque sea desde la tribuna. Es cantar, alentar y agradecer a los jugadores por representar a nuestro país con tanto compromiso”.

La final en el MetLife Stadium no terminó como soñaban los miles de argentinos que colmaron las tribunas. Sin embargo, Gabriela eligió quedarse con el orgullo antes que con la frustración.

“Claro que hubo tristeza porque todos queríamos ganar. Pero me fui con muchísimo orgullo. Vi un equipo que dejó todo hasta el último minuto, que luchó con el corazón y que nunca bajó los brazos”.

La experiencia también le dejó una reflexión que va más allá del deporte.

“La enseñanza es que el éxito no siempre se mide por un trofeo. A veces también está en la entrega, en el esfuerzo y en la capacidad de representar a un país con dignidad”.

En los días posteriores aparecieron críticas en las redes sociales hacia el desempeño de la Selección. Gabriela, que siguió de cerca todo el recorrido del equipo, tiene una mirada diferente.

“Es muy fácil opinar desde un teléfono cuando no se conoce todo el sacrificio que hay detrás. Nosotros estuvimos ahí, vimos el compromiso de los jugadores, el apoyo de las familias y la pasión de miles de argentinos que viajaron desde distintos lugares del mundo para alentarlos”.

Y concluyó con un mensaje dirigido a quienes juzgan únicamente el resultado final:

“El fútbol da alegrías y tristezas, pero el verdadero hincha acompaña también cuando las cosas no salen como esperaba. Esta Selección nos volvió a representar con humildad, trabajo y amor por la camiseta. Y eso merece respeto y agradecimiento, más allá del resultado final. Las finales las pierde el que las juega. Todo ese hate nos hace más fuertes y más orgullosos de lo que tenemos”.

Después de acompañar a la familia Colak en este recorrido, me quedó claro que para muchos argentinos que viven en Estados Unidos la Selección representa mucho más que un equipo de fútbol. Es una conexión con sus raíces, con su identidad y con una pasión que no entiende de fronteras.

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