Niños estudiando en casa EFE/ Carlos Ortega/Archivo

Esta pandemia quizás ha causado más daño de lo imaginable para una generación de estudiantes. El cierre de las escuelas públicas, colegios y universidades ha sido un shock para el sistema educativo.

Las clases se cancelaron de la noche a la mañana y empezaron a impartirse en línea, lo que fue una prueba más para los educadores que para los alumnos. Mientras que los estudiantes de los colegios estaban más preparados para realizar el trabajo en línea, muchos profesores tuvieron dificultades para entender cómo dar sus presentaciones. Los maestros, desde el primer grado de primaria hasta la escuela superior, no estaban listos para este drástico cambio. Muchos de estos maestros no solo han tenido que cuidar y enseñar a sus propios hijos sino también arreglárselas para hacer sus planes de lecciones en línea.

Las minorías marginalizadas, los inmigrantes, los refugiados y hasta los estudiantes blancos pobres se enfrentan con obstáculos más grandes. Muchos no tienen computadoras, tabletas o acceso a la banda amplia. Muchos no son tan conocedores o están poco familiarizados con el aprendizaje exclusivamente en línea. Además, muchos padres de bajos ingresos no pueden pagar por la banda amplia, ni quedarse en casa para cuidar a sus niños y entrenarlos en el uso de un sistema electrónico que tampoco le es familiar.

Los distritos escolares nunca anticiparon que habría una situación en la cual las escuelas iban a estar cerradas por meses sin plazo a la vista; virtualmente ninguna escuela estaba preparada para asegurar que todos los estudiantes recibieran el equipo adecuado y el entrenamiento para operarlo desde su hogar; ni mucho menos, prever la necesidad de que cada hogar tuviese conexión con el internet. El impacto que el virus ha tenido en la vida diaria del aprendizaje ha mostrado cuán grande es la grieta digital, en la cual, el proceso educativo súbita e inesperadamente recayó sobre el ambiente del hogar.

Todas las familias han sufrido esta irrupción de varias maneras, pero las familias que tienen recursos limitados y reducida familiaridad con la tecnología, se están enfrentando a desafíos abrumadores, porque las escuelas brindaban la infraestructura de aprendizaje de tecnologías informáticas que ellos no pueden brindar en el hogar.

La escolaridad presencial, dejaba la posibilidad que por las tardes los niños que provienen de culturas diversas, pudieran recuperarse si era necesario, y afianzar los conocimientos adquiridos durante el dia. Sin una presencia física de la escuela y con la limitada capacidad del sistema escolar para innovar con rapidez, y de gestionar el aprendizaje desde el contexto del hogar, se desconoce la cifra de niños que están perdiendo oportunidades de aprendizaje crucial para su éxito futuro.

Mis propios padres no fueron capaces de ayudarnos con nuestros estudios, debido su limitada educación formal; esa tarea la delegaron en los hijos mayores, que a menudo no fueron los mejores instructores. Incluso asistiendo a una escuela en aprendizaje presencial, ya era un desafío asegurar la igualdad de educación. Sin embargo, la escuela se volvió esencial cuando los padres trabajaban largas horas, a menudo con dos trabajos, dejándoles poco tiempo para el hogar.

Además, muchos estudiantes tienen que lidiar con discapacidades de aprendizaje, como fue mi propio caso. Y dado que los servicios para niños con problemas de aprendizaje ya son limitados en muchos distritos de escuelas públicas, la falta de acceso a esos servicios agrega un motivo de tremendo estrés para las familias que tienen niños en esta condición.

Recuerdo que para cuando estaba terminando la secundaria, me di cuenta que tenía muchas lagunas en mi educación. No era un lector o escritor muy hábil, aún más, necesitaba un promedio de “C” para continuar en los equipos de futbol, lucha libre y atletismo de mi escuela. Un compañero de lucha libre y amigo de infancia, Paul Fernández, me ofreció hacer mis tareas si yo le ayudaba en las peleas a puñetazos ese año. Sí, Paul hizo mis tareas mientras yo le ayudaba a defenderse a golpes de un par de sus primos y otros amigos. Más tarde me disculpé, explicándoles que Paul estaba haciendo mis tareas mientras yo lo representaba en las peleas. Gracias a Paul pude seguir practicando atletismo y graduarme.

Hay muchos estudiantes en las comunidades negras y morenas que necesitan atención adicional para aprovechar al máximo lo que ofrece el sistema educativo y maximizar su desarrollo.

Al principio, fui un lector lento en la universidad, pero tomé clases de lectura veloz, que me ayudaron a leer rápido, delinear los capítulos y retener la información necesaria. El saber cómo leer, me dio una adicción a la lectura y escritura que han ampliado mucho mis horizontes. Posteriormente, cuando supe que mi hija sufría de dislexia, entendí que yo también la tenia. De hecho, recuerdo haber perdido citas románticas porque a menudo invertía los números de teléfono que una chica me daba.

El COVID-19 ha sido una realidad disruptiva sin precedentes en el ciclo de aprendizaje de muchos estudiantes. Mientras tratamos de lidiar con esta contingencia, trasladando la práctica escolar a la casa, hemos hecho visible la enorme división digital que existe entre los niños de familias trabajadoras y los de clases favorecidas. Es urgente una transformación radical del sistema educativo para que los estudiantes de cualquier contexto social y todos los maestros puedan desarrollar todo su potencial en la construcción de este nuevo paradigma. No va a ser fácil, pero debemos sanar esta brecha que nos están afecta a todos como sociedad.

También en los medios de comunicación como Impacto estamos llamados jugar un papel en este nuevo paradigma, presentando estrategias y facilitando contenidos educativos para los niños de familias de bajos ingresos y de inmigrantes. También desde aquí podemos ayudar a mantener la curiosidad y la pasión de estos chicos por aprender, y así contribuir a la disminución de la segregación escolástica.

La ciudad debe decidir pronto si es viable abrir las escuelas y bajo cuáles condiciones. No debemos mirar al pasado, sino innovar para el futuro. Es indispensable aprender de la experiencia en el análisis de esta crisis, para no arriesgar la vida de nuestros hijos ni de nuestros maestros. Como sociedad, estamos llamados a dar a todos una oportunidad justa e igualitaria para explorar y desarrollar al máximo nuestra capacidad creativa.

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