Con la llegada del otoño comienza la recta final de las elecciones de medio término, un proceso que no solamente genera gran expectativa en Estados Unidos. El mundo también está pendiente de qué partido sumará poder en el próximo Congreso y de si este continuará alineado con el Poder Ejecutivo o si el presidente Donald Trump perderá consenso político.
Aunque ha dicho repetidamente que no está preocupado por la pérdida de aprobación, esta semana se llevó a cabo un congreso partidista inédito en la víspera de las elecciones intermedias, precisamente para apelar a su base electoral y advertir sobre los riesgos de que los demócratas ganen suficientes escaños como para poner en peligro la mayoría republicana.
En un país cada vez más polarizado, donde ambos partidos parecen ignorar a quienes no votaron por ellos, y especialmente a quienes no se identifican con ninguna de las dos principales fuerzas políticas, surgen candidatos independientes que buscan movilizar a ciudadanos cansados de la clase política tradicional.
Dennis Mahoney es candidato independiente al Congreso por el Tercer Distrito de Pensilvania, ubicado en Filadelfia, una ciudad que considera construida por trabajadores, inmigrantes y familias resilientes. Sin embargo, pese a esas fortalezas, sostiene que continúa enfrentando muchos de los mismos desafíos de hace décadas: pobreza persistente, escuelas con recursos limitados, falta de vivienda asequible y una creciente polarización política que produce más conflictos que soluciones.
Con el compromiso de abrir espacio a voces fuera del coro partidista, esta semana presentamos una conversación con Mahoney. Su historia se asemeja a la de muchas familias estadounidenses. Su madre emigró a Filadelfia desde Trinidad y Tobago, mientras que su padre nació y creció en el oeste de la ciudad. Actualmente vive en el sur de Filadelfia, inmerso en una comunidad diversa y vibrante que le recuerda cada día el valor de sus raíces y la importancia de servir a los demás.
Inició su carrera profesional en el sector privado como especialista en seguros cibernéticos, ayudando a empresas a evaluar riesgos y prepararse para situaciones de crisis. Sin embargo, en 2017 sintió que su vocación iba más allá del mundo empresarial y dejó su carrera para dedicarse al trabajo comunitario como líder de alcance social en una iglesia de Washington, D.C., donde participó en proyectos de vivienda asequible, apoyo a madres en situación de vulnerabilidad y programas relacionados con la crisis de opioides.
Ante el devastador huracán María en Puerto Rico, se sumó a los esfuerzos de ayuda y recuperación. Lo que comenzó como una misión temporal de servicio se transformó en años de trabajo humanitario. Desde entonces ha colaborado en proyectos de recuperación y desarrollo en Puerto Rico, Jamaica, Ucrania, África, Asia y América Latina.
También fundó una firma de consultoría dedicada a coordinar alianzas y recursos para organizaciones que responden a desastres y crisis humanitarias. Allí atestiguó de primera mano que, en una zona devastada, lo prioritario es reconstruir viviendas, restablecer servicios y devolver la esperanza a las familias. En esos momentos las ideologías quedan a un lado y las personas trabajan juntas para resolver problemas reales. Mahoney cree que esa misma mentalidad debería guiar la política pública.
Sin embargo, lo que prevalece hoy es una dinámica en la que, mientras más radical sea el discurso, más fácil parece movilizar a sus bases, pero no a las mayorías cansadas de una división que no reduce la pobreza, no mejora las escuelas, no crea empleos y no hace las calles más seguras.
Durante décadas, Filadelfia ha permanecido entre las grandes ciudades con mayores niveles de pobreza del país. Mahoney advierte que, si se sigue haciendo exactamente lo mismo, no se pueden esperar resultados diferentes. Por ello, sostiene que su prioridad sería construir alianzas, ya que un representante eficaz debe servir como puente entre las necesidades de los vecindarios y las oportunidades disponibles a nivel federal.
Consciente de que se necesitan políticas que eliminen el llamado «abismo de beneficios», que muchas veces castiga a quienes comienzan a progresar económicamente mediante la reducción abrupta de la asistencia que reciben, también considera fundamental proteger el patrimonio familiar. Señala que es común que generaciones enteras pierdan viviendas y activos debido a problemas legales, títulos de propiedad confusos o procesos burocráticos complejos.
Mahoney también aborda uno de los temas más complejos del debate nacional: la inmigración. Considera que es posible mantener un sistema migratorio ordenado y seguro sin renunciar a los valores humanitarios ni desconocer las importantes contribuciones de los inmigrantes al país.
En la víspera del inicio del Mes de la Herencia Hispana, vale la pena recordar que, antes de que el inglés se consolidara como idioma predominante, en gran parte del territorio que hoy conforma Estados Unidos se hablaba español. La presencia y el crecimiento de las comunidades latinoamericanas han fortalecido aún más esa herencia cultural. Muchos de estos inmigrantes son personas inconformes con las condiciones que dejaron atrás y padres de jóvenes que ya están en edad de votar y que probablemente estén motivados a impulsar cambios.
Dennis recuerda que la historia está llena de personas que lograron lo que parecía imposible porque se negaron a aceptar que las cosas debían seguir igual.
Filadelfia ha sido una ciudad que abre caminos y puede volver a hacerlo, demostrando que es posible construir puentes en lugar de muros, encontrar soluciones en lugar de excusas y trabajar en unidad en lugar de enfrentarse constantemente.
El futuro de la ciudad, del estado y del país, e incluso parte de la estabilidad mundial, dependerá de la capacidad para resolver problemas reales, escuchar, colaborar y servir más, siempre con el foco puesto en el bien común, especialmente en los más vulnerables.
Filadelfia merece líderes que construyan, no que dividan. ¿Comenzará a cristalizarse ese esfuerzo en noviembre?






