Artist Luis “Tato” González is looking at one of his small masterpieces. (Photo: Lili Daliessio)

El pasado 15 de septiembre murió en su residencia del principado de Mónaco el pintor, escultor y dibujante colombiano Fernando Botero; conocido en el mundo entero por sus formas rotundas y voluminosas. Ya 20 años atrás la revista “Art Review” lo había catalogado como el quinto artista viviente más cotizado del mundo; y era quizás el pintor viviente más valorizado. Se le podría describir como el más universal de los pintores colombianos, y el más colombiano de los pintores universales.

Más “colombiano” en cuanto al contenido de su obra, ya que pintó sobre todo la cultura y los recuerdos que conservó de su infancia y juventud en su tierra natal. Los domingos en familia, las fiestas de toros, los bares y arrabales, el señor obispo y los curas, y en años más recientes, incluso las escenas trágicas de los crímenes de carteles y guerrillas. “He buscado coherencia, estética, pero he pintado la violencia, la tortura, la pasión de Cristo… Hay un placer distinto en la pintura dramática… El gozo mayor de la pintura, la belleza, no pone a reñir lo dramático y lo placentero”, le explicaba hace un tiempo a diario El País, de Madrid.

Así como Botero llevó los paisajes, bellezas y dramas de Colombia a la escena mundial; muchos otros artistas han contribuido desde toda la geografía de Latinoamérica a enriquecer el patrimonio artístico internacional con su quehacer en el escenario de la plástica.

Baste pensar a los mexicanos Rufino Tamayo y Diego Rivera; o a la celebérrima Frida Kahlo; la más conocida y cotizada de todos los artistas plásticos mexicanos, y considerada la pintora más famosa en el panorama mundial; no solo por el colorido exuberante y surrealista de sus autorretratos, sino también porque retrató en sus pinturas la vida, el nacimiento, el cuerpo humano, la identidad, el sufrimiento y muchos otros temas, que seguramente contribuyeron a enriquecer esa huella de universalidad que le dejó al mundo.

Muchos otros artistas latinos han enriquecido el universo del arte pictórico; baste recordar a los argentinos Benito Quinquela, Carlos Alonso o Norah Borges; al chileno Juan Francisco González, el ecuatoriano Oswaldo Guayasamín; los cubanos Wilfredo Lam y Amelia Peláez; los dominicanos Jaime Colson y Adriana Billini, o al Haitiano-boricua Jean-Michael Basquiat; y que decir de grandes glorias ibéricas como Pablo Picasso, Diego Velásquez, Francisco de Goya, Salvador Dalí, quienes son parte del top 10 de los pintores más famosos del mundo en todas las épocas.

Digna de reseñar es la obra del neoyorquino de ascendencia haitiana y puertorriqueña, Basquiat, quien empezó a hacerse conocido cuando el nombre de SAMO empezó a aparecer al pie de numerosos grafitis por toda la ciudad de Nueva York; el interés de un cazatalentos llevó a que pronto sus obras aparecieran en las galerías de la ciudad. La obra de Basquiat, considerado como “neoexpresionista”, se nota la influencia de su amigo Andy Warhol, quien retrataba a menudo el desencanto, la ironía y las tragedias de la vida y arte popular urbano. Jean-Michel Basquiat murió por sobredosis de apenas 27 años, pero quedó en los anales como el artista visual más famoso del arte afrodescendiente.

Nuevas figuras de las artes plásticas latinas siguen surgiendo con fuerza en el panorama nacional; de entre ellas se puede destacar el trabajo de los puertorriqueños Ángel Botero y Glendalys Medina, de Nueva York; la salvadoreña Guadalupe Maravillas, quien expone sus obras en Brooklyn y Richmond; la dominicana Yoiri Minaya, quien conduce su obra desde la Gran Manzana; o el nicaragüense Farley Aguilar, pintor que expone su colorida obra desde Miami.

Como un homenaje a esta riqueza extraordinaria de la herencia latina en las artes plásticas, pero sobre todo como puerta abierta al nuevo arte latino local y latinoamericano, la organización Esperanza abrirá el 8 de diciembre la nueva Galería de Arte Esperanza, con la exposición del reconocido maestro puertorriqueño Tato González titulada “Sueño de Reyes”. Con ella busca facilitar el acceso de los artistas latinos a la apreciación del público, y llenar un espacio de cultura y entretenimiento para niños, jóvenes y familias; un espacio con el cual enriquecer la oferta artística y contribuir al nivel cultural de la numerosa colonia hispana de la ciudad, haciendo más accesible el arte a la comunidad y la comunidad al arte. Grandes cosas suceden en Filadelfia.

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