Recientemente tuve la oportunidad de escuchar el testimonio de decenas de personas afectadas por eventos de clima extremo en Texas durante el Extreme Weather People’s Hearing, una audiencia celebrada en Houston que reunió a residentes, líderes comunitarios y defensores para compartir experiencias sobre el impacto humano de fenómenos climáticos cada vez más peligrosos y destructivos.
La experiencia fue sobrecogedora. Escuché las historias de personas que han perdido familiares y amigos en inundaciones. Dueñas de negocios que, de un momento a otro, sufrieron pérdidas de cientos de miles de dólares por cortes de electricidad durante tormentas invernales severas. Familias que ven el agua entrar a sus casas año tras año, sin posibilidad de acceder a seguros de vivienda que las protejan. Detrás de cada desastre climático hay personas reales enfrentando dolor, incertidumbre y enormes desafíos para reconstruir sus vidas.
Estos testimonios dejaron claro que el clima extremo es una realidad que ya está transformando la vida cotidiana de miles de familias en Texas y en todo el país. También evidenciaron la urgencia de invertir en resiliencia, energía limpia e infraestructura capaz de proteger a nuestras comunidades frente a riesgos que son cada vez más frecuentes y costosos.
Junio marca el comienzo de la temporada de huracanes en el Atlántico, una época que millones de familias en la costa del Golfo enfrentan con creciente preocupación. Y este año ha partido con más fuerza que nunca. Cada día de esta semana, en estados como Texas, nuestras calles han comenzado a inundarse con tormentas repentinas. Nuestra infraestructura no está preparada para los extremos del clima.
Al mismo tiempo, gran parte del país ya está experimentando calor extremo, mientras que los incendios forestales amenazan comunidades en distintas regiones. Los científicos advierten que el aumento de las temperaturas está contribuyendo a que estos fenómenos sean más frecuentes e intensos. Para muchas familias, el verano ya no significa solamente días más calurosos. Significa prepararse para posibles evacuaciones, interrupciones del servicio eléctrico, daños a la propiedad y facturas cada vez más altas para mantenerse seguras.
A esta realidad se suma el aumento acelerado de los costos de la energía. El precio de la electricidad ha subido alrededor de un 18% desde principios de 2025, y hogares en varios estados han enfrentado incrementos de tarifas de más del 15% en semanas recientes. A medida que suben las temperaturas, también se vuelve más caro mantener los hogares frescos, lo que representa una carga cada vez mayor para las familias en Texas y en todo el país.
Los precios del combustible también están empeorando la situación. En Texas, el precio promedio de la gasolina recientemente alcanzó los $4.52 por galón, casi dos dólares más que a principios de 2026. El diésel alcanzó un récord de $5.45 por galón en abril de 2026. Y Texas no está solo. Estados como California, Washington, Hawái, Nevada y Oregón registran algunos de los precios de gasolina más altos del país, con promedios que superan los $5 por galón y alcanzan más de $6 en California. Estos aumentos afectan el transporte diario, los alimentos y prácticamente todos los aspectos de la vida cotidiana.
Las decisiones que toman nuestros líderes sobre energía, infraestructura y preparación ante desastres tienen consecuencias directas para las familias que escuché en Houston. Por eso las elecciones de este año son tan importantes, porque las personas que elegimos con nuestros votos son las que toman las decisiones respecto a qué hacer para cambiar la realidad que vivimos ahora.
En las primarias de Texas, Ken Paxton, actual fiscal general del estado, obtuvo la nominación republicana para el Senado de Estados Unidos y enfrentará en noviembre al representante estatal demócrata James Talarico. La campaña estuvo marcada por la política de los extremos y teñida por el apoyo indiscutido que Trump le dio a Paxton y que le permitió ganar la elección de su partido.
Como tejana y latina, me preocupa profundamente la posibilidad de que Paxton represente a nuestro estado en el Senado. Ya hemos visto el tipo de político que ha sido para Texas y hasta qué punto está dispuesto a alinearse con Trump en lugar de enfocarse en lo que realmente necesitan nuestras familias.
Texas es líder en nuevas tecnologías, incluido un sector de energía limpia fuerte y en crecimiento, pero al mismo tiempo enfrenta amenazas climáticas cada vez más graves y una crisis de asequibilidad que se siente tanto en las grandes ciudades como en las comunidades rurales. Los tejanos merecemos representantes que entiendan que no podemos mantener el statu quo, porque simplemente no podemos seguir viviendo así.
Necesitamos expandir la energía más barata que no contamine nuestro aire ni siga calentando nuestra atmósfera, y esas son la energía solar y eólica. Texas ya está demostrando lo que es posible: este año la generación de energía solar en la red ERCOT superará por primera vez a la del carbón, con 78 mil millones de kilovatios-hora frente a 60 mil millones, una señal clara de que la energía limpia está fortaleciendo la red eléctrica y ayudando a impulsar el crecimiento económico del estado.
De cara a las elecciones generales, lo que está en juego es cómo el país enfrentará los desastres climáticos, el aumento de los costos y el futuro de su sistema energético. No basta con observar desde la distancia. Es momento de informarse, hablar con vecinos y familiares, y participar activamente en el proceso electoral. El cambio en la dirección de estas decisiones depende de quienes decidan presentarse y votar.
*Antonieta Cádiz es la directora ejecutiva de Climate Power En Acción. Anteriormente, trabajó como corresponsal nacional para La Opinión y fue escritora política nacional para Univisión.






