FOTO ILUSTRATIVA. CREDITO CRISTINA MURILLO. PEXELS

Existen muchos tipos de emociones y, en estos tiempos de la Covid-19, abundan aquellas que no desearíamos tener. Siempre digo que las emociones no son buenas ni malas, que la tristeza permite apreciar la alegría, que la desgracia nos hace valorar la felicidad, que la rabia nos prepara para la defensa… Lo importante es aprender a gestionarlas, con el fin de sortear con éxito los obstáculos que, inevitablemente, van a surgir cada día en nuestro camino.

La situación mundial es más incierta que nunca. Muchas empresas se ven abocadas a reducir plantilla o incluso a echar el cierre, las condiciones de trabajo pueden empeorar y, tanto si la adversidad nos afecta directamente como si causa estragos a nuestro alrededor, nos produce emociones negativas.

No todas las empresas tienen personal que vele por la salud psicológica de sus equipos, porque la clave de, la productividad reside en el bienestar de los trabajadores. Los líderes harán bien en hablar no solo de trabajo con su gente, sino en interesarse profundamente por sus emociones y compartir mucho más que proyectos empresariales.

No queda más remedio que saber gestionar las emociones negativas. Para ello hay que:

Reconocer todas las emociones como normales. A menudo, escuchamos o pronunciamos frases de aliento cuando existe un grave problema: «anímate, no pienses en ello, olvídate, tienes que ser positivo…». Son expresiones que se dicen con la mejor intención, pero que no sirven de nada. Negar los sentimientos es perjudicial para la salud mental y para la física; lo indicado es aceptar que estamos cabreados, tristes, frustrados o celosos de las personas a las que les va mejor que a nosotros. El primer paso para gestionar las emociones negativas es reconocerlas, con el fin de poder así procesarlas y buscar soluciones. Y, por supuesto, si apetece llorar, se llora.

Realizar un análisis objetivo. Los problemas no siempre tienen un culpable, y cuando lo tienen no siempre es uno mismo. Por ejemplo, puede que una corporación se vea obligada a prescindir de personas valiosas debido a la situación económica. Por ello, hay que tener clara la causa de nuestras emociones negativas antes de sufrir una herida en la autoestima.

Ser autocríticos para aprender de los errores. Sin embargo, otras veces uno mismo es el responsable de sus fracasos. Reflexionar sin torturarse con pensamientos inútiles acerca de lo que se podía haber hecho y no se hizo. Es tiempo de vivir el presente para mejorar el futuro.

Compensar el displacer con placer. En situaciones en las que las emociones negativas nos invaden, es más obligado que nunca procurarse contrapartidas: acercarse a las personas queridas, practicar aficiones, cuidarse con actividades placenteras…

Planificar el plan b. Solo cuando comprendamos las emociones y su origen estaremos en condiciones de seguir adelante. Todos necesitamos hacer un duelo frente a las pérdidas antes de escribir la nueva hoja de ruta.

Apoyarse en los demás. Siempre hay un amigo, un familiar, alguien próximo dispuesto a escucharnos. Y si no lo hay, busquemos un profesional. No se trata de quejarse, sino de expresar los sentimientos.

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