
FILADELFIA, PA – La National Puerto Rican Agenda (NPRA) se sumó a las muestras de condolencia de líderes comunitarios, organizaciones laborales y defensores de los derechos civiles tras el fallecimiento de Dolores Huerta, histórica activista y organizadora sindical que murió el 28 de octubre de 2026 a los 96 años.
Mediante un comunicado, la organización destacó la extraordinaria trayectoria de Huerta y su papel fundamental en la lucha por la dignidad de los trabajadores agrícolas, los inmigrantes, las mujeres y las comunidades latinas en Estados Unidos.

Nacida el 10 de abril de 1930 en Dawson, Nuevo México, y criada en Stockton, California, Huerta inició su vida profesional como maestra. La pobreza y las dificultades que enfrentaban muchos de sus estudiantes la llevaron a involucrarse en el activismo social, convencida de que los problemas que afectaban a las familias trabajadoras requerían cambios estructurales y organización comunitaria.
En 1962, junto a César Chávez, cofundó la National Farm Workers Association, organización que posteriormente se convertiría en el United Farm Workers (UFW). Desde allí impulsó una de las movilizaciones laborales más importantes de la historia estadounidense.
Su liderazgo fue decisivo en la histórica huelga de los trabajadores de la uva en Delano, California, así como en los boicots nacionales que visibilizaron las difíciles condiciones que enfrentaban los trabajadores agrícolas. Gracias a esos esfuerzos, miles de personas obtuvieron mejores salarios, acceso a agua potable, descansos durante la jornada laboral, mayor seguridad en el trabajo y protección frente a pesticidas peligrosos.

Huerta también se destacó como una negociadora excepcional. A lo largo de su carrera ayudó a concretar numerosos contratos laborales que beneficiaron a decenas de miles de trabajadores del campo.
Más allá del movimiento sindical, se convirtió en una voz influyente en la defensa de los derechos civiles, la igualdad de género, los derechos de los inmigrantes, la participación política y el acceso al voto. Su activismo inspiró a generaciones de líderes comunitarios y fortaleció la presencia de los latinos en espacios de toma de decisiones.
Una de sus contribuciones más emblemáticas fue la creación de la consigna «¡Sí, se puede!», acuñada en 1972 durante una campaña de trabajadores agrícolas en Arizona. Con el paso de las décadas, la frase trascendió el movimiento laboral para convertirse en un símbolo internacional de esperanza, perseverancia y empoderamiento colectivo.
«Hoy lamentamos la pérdida de una figura extraordinaria cuyo valor, sacrificio y compromiso inquebrantable con la justicia ayudaron a transformar nuestra nación», expresó Nilda Iris Ruiz, presidenta de la National Puerto Rican Agenda.

Ruiz destacó que Huerta entendió que la igualdad verdadera debía incluir justicia económica, participación política y respeto por la dignidad del trabajo. También señaló que abrió camino para innumerables mujeres, especialmente latinas, que encontraron en su ejemplo una inspiración para asumir posiciones de liderazgo.

A lo largo de su vida, Huerta recibió numerosos reconocimientos, entre ellos la Medalla Presidencial de la Libertad, el máximo honor civil de Estados Unidos, otorgada en 2012 por el presidente Barack Obama. Incluso en sus últimos años continuó promoviendo iniciativas relacionadas con el empoderamiento comunitario, los derechos de los trabajadores y la participación cívica.
Para la NPRA, su fallecimiento representa también un llamado a continuar las luchas que marcaron su vida. La organización señaló que las desigualdades económicas, la necesidad de proteger a los trabajadores y los desafíos que enfrentan las comunidades inmigrantes siguen siendo asuntos urgentes en el país.
«El mayor homenaje que podemos rendirle a Dolores Huerta no es simplemente recordar sus palabras, sino vivir de acuerdo con ellas», afirmó Ruiz. «Su legado nos recuerda que cada generación tiene la responsabilidad de continuar trabajando por la justicia y la dignidad humana».
La organización expresó además sus condolencias a la familia de Huerta, al United Farm Workers, a la Fundación Dolores Huerta y a las innumerables personas cuyas vidas fueron transformadas por su trabajo.
Aunque su partida marca el fin de una vida extraordinaria, su legado continúa vivo en los movimientos laborales, las organizaciones de derechos civiles y las comunidades que siguen luchando por la equidad y la justicia.
Más de medio siglo después de iniciar su cruzada por los trabajadores del campo, el mensaje de Dolores Huerta sigue resonando en todo el país:
«¡Sí, se puede!».





