
LA PAZ, Bolivia. — Bolivia y Brasil pondrán en marcha esta semana un plan de seguridad para frenar al crimen organizado en su extensa frontera de más de 3.400 kilómetros ante la guerra territorial que libran en el país andino dos carteles brasileños por el control de una ruta del narcotráfico.
El plan “Fronteras Seguras” desplegará “operaciones conjuntas y permanentes” de policías y militares en las tres regiones de Bolivia que limitan con Brasil, indicó el lunes a medios de prensa el ministro de Gobierno boliviano Marco Antonio Oviedo.
La cooperación bilateral, que decayó entre 2006 y 2025, se ha reforzado desde marzo. Y desde fines de julio, la policía de Brasil coopera estrechamente con su par boliviana luego de la muerte de al menos 15 personas, la mayoría brasileñas, producto de ejecuciones en la provincia de Santa Cruz, en el oriente boliviano.
Un policía boliviano fue asesinado además por presuntos narcos el 30 de julio en el poblado rural fronterizo de San Matías, cuando investigaba el crimen de cuatro civiles.
Días después, dos reos brasileños se fugaron de una cárcel de Santa Cruz en medio de la creciente tensión por la rivalidad en esa zona entre el Primer Comando de la Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV). Ambas bandas están consideradas por Estados Unidos organizaciones terroristas.
En el marco de la cooperación a la que se han visto forzados ambos gobiernos, la policía federal brasileña abatió el viernes a cuatro presuntos narcos bolivianos que huyeron al vecino país tras desatar una ola de crímenes en Santa Cruz.
Estos son los principales aspectos la situación:
Qué le preocupa a Bolivia
Según el conservador presidente Rodrigo Paz, en veinte años de gobiernos de Evo Morales (2006-2019) y Luis Arce (2020-2025) se relajaron los controles, facilitando la expansión del crimen organizado. Informes policiales señalan que el PCC convirtió a Santa Cruz en una base de operaciones del narcotráfico y un santuario para proteger a sus líderes.
Paz dijo que en sus nueve meses de gestión deportó al vecino país a 16 capos de la droga que estaban refugiados en Bolivia, entre ellos Marcos Roberto de Almeida, alias “Tuta», y Gerson Palermo, del PCC.
Papel de Bolivia en el narcotráfico
Según un reciente informe de la privada Fundación Milenio, Bolivia pasó de ser un país de producción limitada y tránsito de hoja de coca —materia prima de la cocaína— a convertirse en un centro de producción y exportación de esa sustancia con conexiones internacionales cada vez más complejas. Al mismo tiempo, el Estado ha mostrado fragilidad para combatir al crimen organizado.
Hoy, Bolivia es el tercer productor mundial de cocaína después de Colombia y Perú.
Brasil es uno de los mayores destinos de esa droga y de armas traficadas desde Bolivia, según expertos.
Por territorio boliviano también transita la cocaína peruana. Droga de ambos países es enviada desde Brasil a Europa, Chile, Argentina y Paraguay.
El Chapare, en el centro boliviano, sigue siendo la principal zona productora de cocaína. Allí Morales se ha atrincherado con el apoyo de sindicatos cocaleros. Sobre el exmandatario pesan órdenes de detención por cargos que ha realizado la justicia en su contra, aunque no relacionados con el narcotráfico.
Rivalidad de bandas brasileñas
El PCC y el CV se disputan un corredor de cocaína que va desde Santa Cruz al estado de Mato Grosso do Sul, en Brasil, que operaba el presunto narcotraficante uruguayo Sebastián Marset, capturado en Bolivia y entregado en marzo a la agencia antinarcóticos de Estados Unidos (DEA por sus siglas en inglés). Entre los abatidos por la policía brasileña en Mato Grosso do Sul está José Mariano Paz Chávez, alias “Piña”, principal socio de Marset.
El uruguayo operaba desde Santa Cruz una red criminal con conexiones en Brasil, Paraguay, Bolivia y Uruguay. Su caída provocó una fragmentación de células criminales que ahora disputan el corredor mencionado, según autoridades bolivianas.
Renovada colaboración de Brasil y EE. UU.
La intervención de la policía brasileña ha marcado un punto de quiebre en la cooperación bilateral. En el pasado Brasil había reducido al mínimo su apoyo a Bolivia ante denuncias de filtración de informes policiales a bandas criminales.
El secretario de Seguridad Ciudadana de la Gobernación de Santa Cruz, Jorge Santistevan, apuntó sobre la presencia de narcos brasileños en territorio boliviano que «estamos viendo organizaciones criminales con altas capacidades que están por encima de las fuerzas del orden y del propio Estado”.
El embajador de Brasil en Bolivia, Luis Henrique Sobreira, indicó que, además del narcotráfico, otros “delitos transfronterizos” que ambos países intentan combatir son el contrabando y el tráfico de personas.
La DEA también ha vuelto a cooperar con Bolivia tras ser expulsada en 2009, durante el gobierno de Morales, y Paz se ha alineado con la alianza continental contra el crimen organizado que lidera el presidente estadounidense Donald Trump.





