Grupo de fieles que se reunió en la Catedral de Filadelfia para esta expresión de fe popular. (Foto: Cristian Marín)

La historia del Padre Joshua Edmund Vargas comienza en el siglo XVII, pasa por las selvas venezolanas, camina por las calles de Nueva York y llega a las iglesias de Filadelfia. Un relato que mezcla la fe, el arte y el amor por la tierra.

Se dice que en el año 1651, al cacique Coromoto, líder de los indígenas Cospes asentados en el área de la ciudad de Guanare (estado de Portuguesa en Venezuela), se le apareció una mujer de extraordinaria belleza y le invitó a convertirse a la fe católica y a difundirla entre los miembros de su tribu. La historia cuenta, además, que en uno de esos encuentros con la Virgen María, este hombre se le enfrentó y que, después de atacarla sin éxito, apareció en sus manos un pedazo de tela de 2,5 centímetros de alto por 2 centímetros de ancho con un dibujo en que se retrata a Nuestra Señora sosteniendo a su hijo. Esta pequeña imagen fue declarada en 1944 la “Celeste y Principal Patrona de toda la República de Venezuela” por el Papa Pío XII. Solo se han registrado dos casos en que la Virgen ha dejado una imagen física: Guadalupe, México en 1531 y Coromoto, Venezuela en 1652.

Entrado ya el siglo XXI este relato se cruzó con un joven nacido en Caracas y criado en los Estados Unidos desde los dos años de edad. El entonces estudiante Joshua, quien participaba en las protestas en contra del gobierno de su país natal, sintió la necesidad de dignificar un símbolo de su tierra que se había diluido en el tiempo, la distancia y las confrontaciones políticas. Fue en 2016 donde se dio a la tarea de pintar en óleo sobre lienzo su versión del retrato de Nuestra Señora de Coromoto para exaltar su devoción en una eucaristía hispana en la ciudad de Nueva York. En solo seis semanas plasmó con su pincel esta imagen por la que, como cuenta, “pasé noches enteras casi sin dormir, pintando y rezando mucho”.  Relata que la terminó el 8 de septiembre, día en que se conmemora la popular aparición mariana.

Lo que nació con un deseo de llevar su arte y su amor por Venezuela a una iglesia en Estados Unidos traspasó fronteras, pues afirma que “me enteré el año pasado que mi pintura se ha hecho famosa en Venezuela”. Y que allá dicen que la creó “un tipo de Nueva York”. Ese “tipo” es el Padre Joshua, quien llegó a Filadelfia a ordenarse sacerdote de la congregación del Oratorio de San Felipe Neri (que tiene una parroquia localizada en el área del Museo de Arte) y trajo en su equipaje la pintura de la Virgen de Coromoto. Una pieza infaltable a la cita que se da la comunidad venezolana cada año para celebrar esta devoción católica. El sacerdote tiene información que indica que su imagen ha sido replicada e impresa en diferentes partes del mundo.

El Padre Joshua Vargas junto a su pintura de la Virgen de Coromoto. (Foto: Cristian Marín)

Celebraciones en Pensilvania

La comunidad venezolana del área de Filadelfia, junto al Padre Vargas, sumándose por cuarto año consecutivo a esta festividad católica con eucaristías en iglesias de Coatesville, West Chester y en la Catedral Basílica de san Pedro y san Pablo. Esta última fue presidida por monseñor Christopher R. Cook, obispo auxiliar de Filadelfia y encargado del Ministerio Hispano de la Arquidiócesis. La misa tuvo lugar el pasado domingo 20 de septiembre de 2026. 

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