La inteligencia artificial está en todas partes, incluso si no la utilizas de forma consciente. Está integrada en Instagram, Google y en tu vida diaria a través de tu teléfono o computadora. Lo quieras o no, las empresas se están asegurando de que interactúes con ella.
No hace mucho, la IA parecía algo lejano, reservado para la investigación científica, los avances médicos o usuarios tecnológicos especializados. Parecía fuera del alcance de la persona común.
Entonces, ¿cuándo se volvió tan accesible y por qué debería preocuparnos?
El auge de la IA y lo que hay detrás
La tecnología de inteligencia artificial se popularizó tras la pandemia de COVID‑19 a inicios de la década de 2020. Desde gafas de realidad virtual hasta dispositivos como los lentes inteligentes de Meta, la innovación creció rápidamente.
Pero surge una pregunta fundamental:
¿De dónde sale todo esto?
Como cualquier producto, la IA tiene una fuente: los centros de datos de las grandes empresas tecnológicas.
Estas enormes instalaciones han surgido en distintas partes del país. Uno de los primeros grandes desarrollos se construyó en Des Moines, Iowa, un lugar que pocos sabían que era clave en la infraestructura inicial de OpenAI.
Pero estos no son almacenes comunes.
Para funcionar, estos centros:
- consumen enormes cantidades de electricidad
- generan ruido constante
- producen calor extremo, que requiere sistemas de enfriamiento intensivos
Y lo más preocupante: muchos detalles no se revelan completamente.
Las empresas suelen omitir:
- de dónde proviene el agua para enfriar las máquinas
- cuánta energía consumen realmente
- cómo manejan los desechos
Algunos centros ocupan entre 300 y más de 40,000 acres, con instalaciones del tamaño de aproximadamente 70 campos de fútbol.
Una lucha local en King of Prussia
“Es como llevar todo el aeropuerto de Filadelfia a un suburbio pequeño”, dice Laura, residente colombiana de Upper Merion/King of Prussia. “Es un centro que incluso supera al aeropuerto”.
Laura es una de muchas personas preocupadas por una propuesta de centro de datos presentada por MLP Ventures.
“Este centro usaría 19 veces la energía que consume Upper Merion actualmente”, explica. “Y está el problema de la contaminación: del aire, el ruido”.
Laura se enteró del proyecto por redes sociales y decidió hacer un video. Para su sorpresa, se volvió viral, siendo compartido más de 14,000 veces en menos de 24 horas.
“No tengo una gran presencia en redes”, cuenta. “La respuesta fue inesperada, pero me dio esperanza ver la unión de la gente”.

Políticas frente a la comunidad
Autoridades estatales y federales han apoyado el desarrollo de la IA, promocionando estos centros como fuentes de empleo e ingresos.
Sin embargo, residentes como Laura creen que se están evitando regulaciones locales.
“Este proyecto se presentó antes de que el municipio aprobara medidas para proteger a los residentes. Parece intencional”, afirma.
Entre las preocupaciones están:
- falta de transparencia
- origen desconocido del agua
- impacto ambiental incierto
- cercanía a zonas residenciales
El proyecto está cerca del río Schuylkill, fuente clave de agua para comunidades cercanas.
Riesgos ambientales
Los centros de datos consumen enormes cantidades de agua. Un informe de 2024 estimó que usan 17 mil millones de galones al año en Estados Unidos.
Además, King of Prussia tiene un suelo rico en piedra caliza, propenso a sumideros (sinkholes).
Cuando el agua interactúa con la caliza, puede erosionar el subsuelo, aumentando el riesgo de colapsos.
Esto podría provocar:
- hundimientos del terreno
- daños a la infraestructura
- riesgos para las viviendas
Impacto en la comunidad
El centro propuesto estaría a menos de 1,000 pies de viviendas, aproximadamente tres campos de fútbol.
En otras zonas con centros similares, los residentes reportan:
- ruido constante
- problemas en la calidad del agua
- presión para vender sus propiedades

Organización comunitaria
En New Brunswick, Nueva Jersey, residentes lograron frenar un proyecto similar en 2026, demostrando que la organización comunitaria puede funcionar.
Laura ahora colabora con grupos locales.
“Hablen con sus vecinos, organícense, asistan a las reuniones. Muchas decisiones se toman porque la gente no participa”, dice.
Una preocupación mayor
A medida que la IA se integra en la vida diaria, no todas las comunidades están igualmente preparadas. Adultos mayores e inmigrantes, por ejemplo, pueden ser más vulnerables a la desinformación.
Al mismo tiempo, nuevas generaciones están comenzando a cuestionar el impacto de estas tecnologías.
La inteligencia artificial puede parecer inevitable, pero la forma y el lugar donde se desarrolla no lo son.
Las comunidades todavía tienen voz.
Y como demuestra la historia de Laura, a veces una sola persona puede iniciar un movimiento.
¿Qué se puede hacer?
La participación ciudadana ya ha demostrado ser eficaz.
📍 Reunión del Comité de Planificación de Upper Merion
🗓 27 de mayo, 7:00 PM ET
📍 Freedom Hall, King of Prussia
✍️ Petición:
https://www.change.org/p/no-ai-data-centers-in-king-of-prussia-pa






