Danzantes aztecas de los grupos Tonantzin Yaotecas de Delaware, Tonantzin Cloatlicue de New Jersey, y danzantes de Filadelfia. (Foto: Cortesía/Carmen Marcet)

Con las imágenes de la Virgen de Guadalupe y San Juan Diego el 5 de septiembre inició la Carrera de la Antorcha Guadalupana desde la Basílica del Tepeyac en la Ciudad de México rumbo a Nueva York.

Esta peregrinación se realiza desde hace 19 años para llevar un mensaje de tradición y fe en la morenita del Tepeyac a los mexicanos e inmigrantes de este lado de la frontera que no pueden visitarla, y que piden por su intercesión, como una luz de esperanza, y clamor por una reforma migratoria. Desde aquella primera peregrinación, en el 2002 ha corrido mucha agua bajo el puente, pero lo cierto es que 11 millones de inmigrantes aún esperan una solución a su situación migratoria, en este país.

Esta es una expresión de los fieles que, en su diversidad cultural e inclusive religiosa, piden a una sola voz acabar con la zozobra constante, el miedo y la incertidumbre. La Antorcha Guadalupana es símbolo del “fuego mariano”, de amor a la Virgen. Uno de sus lemas dice: “¡Qué rompe la fe: fronteras! ¡Pueblo migrante, María está contigo!”.

La Madre Jessie Alejandro dando la bienvenida a la Antorcha Guadalupana en la iglesia de la Crucifixión. (Foto: Cortesía/Carmen Marcet)

Para llevar a cabo el recorrido se estableció una comitiva de peregrinos en cada una de las ciudades de este largo trayecto, que ha atravesado 9 estados del país azteca y 13 en Estados Unidos. Este año, Pensilvania se sumó al recorrido convirtiéndose en el estado número 14. El pasado 27 de noviembre, Filadelfia recibió a la Antorcha Guadalupana por primera vez. “Ella representa a todos los inmigrantes que están viviendo en Estados Unidos y dejaron atrás a su país y familiares y nos trae un mensaje de esperanza para una reforma migratoria justa”,nos dijo Eréndira Zamacona Solano, miembro del comité organizador en nuestra ciudad.

La Madre Jessie Alejandro y Eréndira Zamacona, miembro del comité organizador de Filadelfia. (Foto: Cortesía/Carmen Marcet)

El recibimiento se realizó en el parque Sacks, al sur de Filadelfia, por un nutrido grupo de inmigrantes de distintos países, y otros que se fueron sumando mientras la Antorcha Guadalupana pasaba visitando las calles donde se encuentra establecida la comunidad inmigrante como las avenidas Broad, Washington y la Calle 9, donde realizó paradas en las iglesias Sagrado Corazón, Episcopal la Crucifixión, la Anunciación y Santo Thomas de Aquino.

Lucía Romero “Mamá Lucy”, Eréndira Zamacona sosteniendo la veladora que viene desde México, y un miembro de la comunidad. (Foto: Cortesía/Carmen Marcet)

En la iglesia de la Crucifixión, la Madre Jessie expresó: “El mensaje más importante que preside la Antorcha Guadalupana es la interminable necesidad de una reforma migratoria humana e integral… la Antorcha nos une como comunidad, abrigamos esperanza de que podamos vernos todos como hijos de Dios”.

Las niñas Avila, las danzantes más pequeñas del grupo Tonantzin Yaotecas de Delaware. (Foto: Cortesía/Carmen Marcet)

Entre el grupo de organizadores destacó Lucía Romero, a quienes todos llaman “Mamá Lucy”, ella ha acompañado a la Antorcha Guadalupana durante 11 años desde México hasta Nueva York. “Yo perdí a mi hijo en Baltimore…la Virgen me ha fortalecido y me ha regalado muchos hijos que acompañan la Antorcha…tengo mucho que agradecerle”, dijo. La vimos hablarle a la comunidad en las paradas, con cariño y con fe, mostrándoles que este inmenso esfuerzo no es en vano, tiene un gran significado por lo que representa la Virgen de Guadalupe para los creyentes especialmente para los mexicanos.

La comunidad de Filadelfia entregó en Vineland, NJ, la Antorcha Guadalupana para seguir su recorrido hacia New York. (Foto: Cortesía/Carmen Marcet)

En la iglesia Santo Tomás de Aquino, muchos esperaban verla llegar; en el aire se sentía la emoción de ser parte de este acontecimiento y tener la oportunidad de tocarla, como símbolo de unidad con cada uno de los miles de migrantes que participa este año en esta carrera que transciende fronteras.

Corredores de la Antorcha Guadalupana en Av. Washington, en el sur de Filadelfia. (Foto: Cortesía/Carmen Marcet)
 

Las imágenes de la Virgen de Guadalupe y de San Juan Diego fueron colocadas en el altar mayor para ser recibidos con danza azteca por los grupos Tonantzin Yaotecas de Delaware, Tonantzin Cloatlicue de New Jersey, y danzantes de Filadelfia. Entre ellos nos llamó la atención la presencia de las tres niñas Avila, de entre 5 y 7 años, que al igual que los adultos bailaron para la Virgen.

Siguió una misa con mariachi; haciendo notar la solemnidad de esta celebración.

Conversando con los asistentes durante el convivio, encontramos a corredores, organizadores, líderes comunitarios, y público en general que dijeron sentirse emocionados, que todo el esfuerzo, la caminata por nuestras calles, a pesar de lo gélido de la temperatura invernal, bien valió la pena.

La Antorcha Guadalupana en la icónica Calle 9, en el sur de Filadelfia. (Foto: Cortesía/Carmen Marcet)

Al día siguiente muy temprano en la mañana, Filadelfia despidió a quienes harían la entrega de la Antorcha Guadalupana en Vineland, Nueva Jersey, para continuar su recorrido. Los mensajeros de la dignidad de un pueblo dividido por la frontera esperan que este mensaje de justicia social llegue con fuerza a Nueva York, para que se accione Washington.

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