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‘Johnny’ Méndez y Rivera Schatz de nuevo presidentes de la Cámara y Senado de Puerto Rico

Puerto Rico
Jenniffer González (c), del Partido Nuevo Progresista, ofrece declaraciones en compañía de su esposo José Jovín Vargas (d) en San Juan (Puerto Rico). (Foto: EFE/Enid M. Salgado Mercado)

San Juan.– Jenniffer González, del Partido Nuevo Progresista (PNP), que se perfila como la próxima gobernadora de Puerto Rico, presentó este jueves a ‘Johnny’ Méndez y Thomas Rivera Schatz de nuevo como presidentes de la Cámara de Representantes y del Senado, respectivamente.

«Estamos ya organizando lo que debe ser la estructura política que nos va a permitir aprobar la legislación que fue parte del compromiso programático de nuestro partido en la pasada elección para adelantar lo que es la reconstrucción del sistema energético, la situación en las escuelas, los nombramientos de las agencias de gobierno, entre otras cosas», afirmó González en un comunicado.

Durante el último cuatrienio, ambos cargos estaban ocupados por miembros del Partido Popular Democrático (PPD) y tras las elecciones celebradas en la isla caribeña el 5 de noviembre, el PNP recuperó la mayoría en la Legislatura.

Por su parte, Méndez ocupó el mismo cargo bajo las administraciones de Ricardo Rosselló y de Wanda Vázquez.

«Tenemos a un nuevo presidente electo del Senado de Puerto Rico en el senador Thomas Rivera Schatz», anunció González.

Rivera Schatz ocupa este puesto por tercera vez, anteriormente estuvo como presidente del Senado entre 2009 y 2012 y de 2017 a 2021.

González también informó de que el portavoz del PNP en la Cámara de Representantes será José ‘Pichy’ Torres Zamora y el portavoz alterno Wilson Román.

Mientras que en el Senado, Carmelo Ríos ocupará el cargo de vicepresidente, Gregorio Marías será el portavoz de la mayoría y Juan Oscar Morales será portavoz alterno.

González precisó que por decisión interna de los senadores electos del PNP, uno de los escaños para la vicepresidencia del Senado será ocupado por una mujer para poder darle la oportunidad a todas las mujeres pendientes de los votos que quedan por escrutar.

Asimismo, González aseguró que durante esta semana y la próxima sostendrá una reunión con la Federación de Alcaldes de Puerto Rico.

Trump ha prometido sacudir algunos de los pilares de la democracia

El candidato presidencial republicano Donald Trump en un evento de campaña en el Madison Square Garden de Nueva York el 27 de octubre de 2024. (Foto: AP/Evan Vucci)

Las elecciones presidenciales estadounidenses son el momento en que la nación se mira en un espejo. Son un reflejo de valores y sueños, de agravios y cuentas por saldar.

Los resultados dicen mucho sobre el carácter, el futuro y las creencias fundamentales de un país. El martes, Estados Unidos se miró en ese espejo y una mayoría de votantes vieron al expresidente Donald Trump y le dieron una victoria de amplio alcance en los estados más disputados.

Ganó por muchas razones. Una de ellas fue que una cantidad formidable de estadounidenses, desde diferentes ángulos, dijo que el estado de la democracia era una preocupación primordial.

El candidato que eligieron hizo campaña a través de una lente de oscuridad, llamó al país “basura”, y a su oponente “estúpida”, “comunista” y “la palabra que empieza con ‘p’”.

El espejo no sólo reflejó el descontento de una nación inquieta, sino también a mujeres sin hijos que tienen gatos, historias falsas sobre mascotas devoradas por vecinos inmigrantes haitianos, un énfasis constante en calificar las cosas de “raras”, y un repentino ataque de “alegría” demócrata, ahora aplastado. La campaña será recordada tanto por los acontecimientos profundos —como los dos intentos de asesinato de Trump— como por su curioso hablar sobre los genitales del golfista Arnold Palmer.

Incluso cuando Trump se impuso, la mayoría de los votantes dijeron que estaban muy o algo preocupados de que la elección de Trump acercara a Estados Unidos a ser un país autoritario, donde un solo líder tiene un poder sin contrapesos, según la encuesta AP VoteCast, una encuesta nacional de votantes y no votantes que pretende contar la historia detrás de los resultados electorales. Aun así, 1 de cada 10 de esos votantes lo respaldó de todos modos. Casi 4 de cada 10 votantes de Trump dijeron que querían un cambio total en la forma en que se dirige al país.

En el relato de Trump, la economía estaba en ruinas —a pesar de que casi todos los indicadores dicen lo contrario— y la frontera era una llaga abierta por donde se infiltraban migrantes asesinos —cuando el número real de cruces había caído precipitadamente. Todo esto vino envuelto en su característico lenguaje de catastrofismo.

Su victoria, la segunda vez en la historia de Estados Unidos en la que un candidato gana la presidencia en periodos no consecutivos, demostró el oído agudo de Trump para identificar lo que despierta emociones, especialmente la sensación de millones de votantes de ser excluidos —ya sea porque cayeron ante los estragos del enemigo interno, o porque alguien más hizo trampa o recibió un trato especial.

Eso es lo que los estadounidenses eligieron decisivamente.

La democracia centenaria entregó el poder al candidato presidencial que advirtió a los votantes que podría desmantelar elementos fundamentales de esa democracia.

Después de ya haber intentado perturbar la transferencia pacífica del poder cuando perdió ante el presidente Joe Biden, en 2020, Trump consideró que estaría justificado si decidiera buscar “la terminación de todas las reglas, las regulaciones y los artículos, incluidos aquellos que se encuentran en la Constitución”.

Esto, en contraste con el juramento que hizo, y que volverá a hacer, de “preservar, proteger y defender la Constitución” lo mejor que pueda.

Una medida aproximada y definitivamente imperfecta de si Trump podría decir en serio lo que dice es la cantidad de veces que lo dice. Su amenaza directa de intentar poner fin o suspender la Constitución fue en gran medida algo que enunció una vez.

Pero la campaña de 2024 estuvo llena de sus promesas —mitin tras mitin, entrevista tras entrevista—, que, si se cumplieran, trastocarían las prácticas, protecciones e instituciones que son la base de la democracia tal como las conocen los estadounidenses.

Y ahora, declara después de su victoria, “gobernaré con un lema simple: promesas hechas, promesas cumplidas”.

Durante la campaña, ante ovaciones entusiastas, Trump prometió usar el poder presidencial sobre el sistema de justicia para perseguir a sus adversarios políticos personales. Luego subió aún más la apuesta al amenazar con alistar la fuerza militar contra esos enemigos internos —“el enemigo desde dentro”.

Hacerlo destruiría cualquier atisbo de independencia del Departamento de Justicia, y pondría a los soldados en contra de los ciudadanos de formas no vistas en tiempos modernos.

Ha prometido rastrear y deportar a inmigrantes en cantidades masivas, lo que plantea la posibilidad de usar también recursos militares o de estilo militar para hacerlo.

Incitados por la furia y el negacionismo de él ante su derrota de 2020, los partidarios de Trump en algunos gobiernos estatales ya han diseñado cambios en la forma en que se emiten, cuentan y confirman los votos, un esfuerzo centrado en la noción falsa de que las últimas elecciones fueron amañadas en su contra.

El martes, Trump ganó una elección durante un gobierno demócrata. El esfuerzo por revisar los procedimientos electorales ahora será disputado por los estados a lo largo de su mandato.

Sin embargo, otro pilar del sistema también está en su mira —la administración pública apolítica y sus amos políticos, a quienes Trump llama en conjunto el estado profundo.

Se refiere a los generales que no siempre le hicieron caso la última vez, pero esta vez lo harán.

Se refiere a personal del Departamento de Justicia que se negó a complacer su esfuerzo desesperado por inventar votos que no obtuvo en 2020. Se refiere a los burócratas que retrasaron partes de la agenda de su primer mandato y a quienes ahora quiere purgar.

Trump quiere facilitar el despido de empleados federales al clasificar a miles de ellos como personas fuera de las protecciones del servicio civil. Eso podría debilitar el poder del gobierno para hacer cumplir los estatutos y las normas al drenar partes de la fuerza laboral y permitir que su administración dote a las instituciones de gobierno con empleados más maleables que la vez anterior.

Pero si algunos o todos estos principios de la democracia moderna caen, lo harán por el medio más democrático. Los votantes lo eligieron a él —y por extensión, esto—, no a la demócrata Kamala Harris, la vicepresidenta actual.

Y según las primeras mediciones, fue una elección limpia, al igual que la de 2020.

Eric Dezenhall es un experto en gestión de escándalos que ha seguido la carrera empresarial y política de Trump y predijo correctamente sus victorias en 2016 y ahora. También previó que los casos penales contra Trump lo ayudarían, en lugar de perjudicarlo.

Detectar lo que Trump realmente pretende hacer y lo que podría ser una bravata no siempre es fácil, dijo. “Hay ciertas cosas que dice porque le pasan por la cabeza en un momento determinado”, agregó Dezenhall. “No le doy importancia a eso. Le doy importancia a los temas, y hay un tema de venganza”.

Así que queda por ver si Estados Unidos obtendrá esos dos días especiales que prometió Trump.

Al asumir el cargo nuevamente, declaró, será un “dictador”, pero sólo por un día. Y prometió dejar que la policía organice “un día realmente violento” para acabar con el crimen con impunidad, un comentario que su campaña expuso que no dijo en serio, como su gente mantuvo que no hablaba en serio sobre subvertir la Constitución de Estados Unidos.

Los votantes también dieron a los republicanos de Trump un claro control del Senado y, por lo tanto, una mayoría para decidir si se confirma o no a los leales que Trump nominará para los puestos más altos del gobierno. Trump controla su partido de maneras que no lo hacía en su primer mandato, cuando figuras importantes de su gobierno frustraron repetidamente sus ambiciones más atípicas.

“El hecho de que un pueblo alguna vez orgulloso haya elegido —dos veces— rebajarse con un mandatario como Donald Trump será una de las grandes advertencias de la historia”, expuso Cal Jillson, experto en derecho constitucional y presidencial de la Universidad Metodista del Sur, cuyo nuevo libro, “Race, Ethnicity, and American Decline” (Raza, origen étnico y el declive estadounidense), anticipó algunas de las cuestiones existenciales de la elección.

“Las acciones de Donald Trump serán tan divisivas, irreflexivas y mezquinas en su segundo mandato como en el primero”, advirtió. “Socavará a Ucrania, la OTAN y la ONU en el extranjero; y el estado de derecho, los derechos individuales y nuestro sentido de cohesión y propósito nacional en casa”.

Desde la izquierda política, cualquier amenaza a la democracia no estaba en la mente del senador independiente Bernie Sanders de Vermont cuando ofreció una crítica mordaz de la campaña demócrata.

“No debería resultar una sorpresa que un Partido Demócrata que ha abandonado a los trabajadores descubra que la clase trabajadora lo ha abandonado a él”, dijo en una declaración. “¿Comprenderán el dolor y la enajenación política que experimentan decenas de millones de estadounidenses?”.

Y concluyó: “Probablemente no”.

Por su parte, Trump dice que su intención es restaurar la democracia, no destruirla.

No hubo nada democrático, afirman él y sus aliados, en ver a líderes militares desafiar al comandante en jefe electo —ya sea que se tratara de despliegues de tropas o de su deseo de un desfile militar llamativo . O en ver a presidentes demócratas establecer una política de inmigración y un gran programa de alivio de los préstamos estudiantiles mediante una orden ejecutiva, sin pasar por el Congreso.

Pero ese caso se construye desde abajo sobre la mentira de una elección robada en 2020, sus maquinaciones para detener la certificación de ese voto y el ataque sangriento de su turba al Capitolio el 6 de enero de 2021. Llega al cargo con la intención de indultar a algunas de las personas condenadas por ese motín —y tal vez de librarse de los cargos penales en su contra.

Aún existen barreras. Una de ellas es la Corte Suprema, cuya mayoría conservadora aflojó el control sobre la conducta presidencial en su fallo en que amplió su inmunidad para ser procesado. La corte no ha sido puesta a prueba por completo en cuanto a hasta dónde llegará para adaptarse a las acciones y la agenda de Trump. Y aún no se sabe qué partido controlará la Cámara de Representantes.

La victoria del republicano se produjo gracias a un electorado tan descontento con la trayectoria de Estados Unidos que dio la bienvenida a su enfoque impulsivo y disruptivo.

Entre los votantes menores de 30 años, poco menos de la mitad votó por Trump, una mejora con respecto a su desempeño en 2020, según la encuesta AP VoteCast a más de 120.000 votantes. Alrededor de tres cuartas partes de los votantes jóvenes dijeron que el país se encaminaba en la dirección equivocada, y aproximadamente un tercio respondió que quería un cambio total en la forma en que se gobierna al país.

Según las palabras de Trump, al menos, eso es lo que obtendrán.

Para muchos iraníes, regreso de Trump intensifica temores de guerra; pero otros mantienen esperanzas

Un grupo de manifestantes queman imágenes del entonces presidente estadounidense Donald Trump, arriba, y el entonces presidente electo Joe Biden frente al Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán, el sábado 28 de noviembre de 2020, en Teherán, Irán. (Foto: AP/Vahid Salemi/Archivo)

Los iraníes, como muchos en todo el mundo, están divididos sobre lo que traerá la próxima presidencia de Donald Trump: Algunos prevén una guerra total entre Teherán y Washington, especialmente en un momento en que otros conflictos arden en la región. Otros mantienen la esperanza de que el 47mo presidente de Estados Unidos pueda participar en una diplomacia inesperada como lo hizo con Corea del Norte.

Pero casi todos creen que algo cambiará en la relación entre Estados Unidos e Irán.

“Trump utilizará palancas más duras contra Irán”, advirtió Ahmad Zeidabadi, un analista político. “Las autoridades iraníes seguirán rechazándolo y eso podría hacer que él escale su presión”.

Y mientras que el líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, quien tiene la última palabra en todos los asuntos de Estado, ha expresado repetidamente su propio repudio por Trump, el nuevo presidente reformista de Irán ha mantenido abierta la puerta a conversaciones con Trump para buscar un alivio de las sanciones internacionales para impulsar una economía en picada. El rial iraní, en caída libre durante años, alcanzó su valor más bajo frente al dólar el miércoles antes de recuperarse ligeramente.

Estados Unidos e Irán han tenido una relación adversa desde la Revolución Islámica de Irán en 1979, la toma de la embajada de Estados Unidos y la crisis de los rehenes de 444 días que siguieron.

El primer mandato de Trump estuvo marcado por un período particularmente problemático, cuando persiguió una política de “máxima presión” contra Teherán. Retiró unilateralmente a Estados Unidos del acuerdo nuclear de Irán con las potencias mundiales, lo que llevó a las sanciones que paralizaron la economía, y ordenó el asesinato del principal general del país.

La confirmación de la reelección de Trump llegó demasiado tarde para la mayoría de los periódicos del miércoles. El jueves, siguiendo la línea oficial, muchos denunciaron la victoria. El periódico Hamshahri colocó una representación artística de Trump en un mono de prisión naranja y esposas bajo el titular: “Regreso del asesino”. El periódico de línea dura Javan publicó que era “volver a la escena del crimen”.

En las calles de Teherán, las opiniones variaron más. Algunos temían un regreso a los puntos bajos del primer mandato de Trump. Otros expresaron alegría.

“Estoy muy feliz de que Trump haya ganado porque realmente es un hombre poderoso”, dijo Fatemeh Kaveh, de 40 años. “Lo veo como un modelo a seguir en términos de personalidad, y siempre veo sus historias (en redes sociales), y creo en él. Estoy muy feliz de que haya ganado”.

Pero la opinión que más importa en la teocracia de Irán es la de Jamenei, quien ha sido el gobernante supremo del país durante seis presidencias estadounidenses. Ha dejado claras sus opiniones sobre Trump.

“No considero a Trump como una persona digna de intercambiar ningún mensaje y no tengo respuesta para él, ni responderé a él en el futuro”, dijo Jamenei al fallecido primer ministro japonés Shinzo Abe en 2019. Esos comentarios llegaron un año después de que Trump retirara a Estados Unidos del acuerdo nuclear, que ofrecía a Irán alivio de las sanciones internacionales a cambio de restricciones destinadas a evitar que construyera una bomba atómica.

Luego vino la decisión de Trump de asesinar al general de la Guardia Revolucionaria Qassem Soleimani, una figura prominente dentro de Irán, en un ataque con dron en Bagdad en 2020.

El sitio web personal de Jamenei aún alberga un video que imagina a Trump siendo asesinado en un ataque con dron iraní mientras juega al golf con el exsecretario de Estado de Estados Unidos y jefe de la CIA, Mike Pompeo. Ambos hombres han recibido protección adicional sobre las amenazas iraníes a sus vidas, y se ha acusado al país de hackear a asociados de la campaña de Trump en esperanzas de perjudicar sus perspectivas. Los iraníes tampoco han olvidado el asesinato de Soleimani.

“Es un buen momento para que Irán se vengue: el asesino de nuestro héroe ha vuelto”, dijo Reza Solatani, residente de Teherán de 39 años. “Eventualmente deberá pagar por su crimen”.

La pregunta ahora es cómo se desarrollará ese enfoque de línea dura en medio de la crisis económica y otros desafíos.

Una serie de protestas masivas han escalado en los últimos años, más recientemente con la muerte de Mahsa Amini y las mujeres rechazando el hiyab obligatorio del estado.

Irán sigue atrapado en las guerras de Oriente Medio que agitan la región, y sus líderes han amenazado con un ataque de represalia después del atentado del 26 de octubre de Israel. Sus aliados están golpeados, incluidos los grupos milicianos de su autodenominado “Eje de Resistencia”, como Hamás, Hezbollah de Líbano y los rebeldes hutíes de Yemen. El apoyo a esos grupos mientras los iraníes batallan económicamente ha sido un grito de protesta.

La elección de Trump significa que “la paz volverá a Líbano y Gaza y Irán no gastará nuestro dinero allí”, dijo Zohreh Naghavi, una mujer de 36 años que trabaja en una tienda de ropa. “Es una buena noticia”.

El presidente iraní Masoud Pezeshkian, quien cumplirá sus primeros 100 días en el cargo la próxima semana, hizo campaña con la promesa de acercamiento a Occidente para levantar las sanciones sobre el programa nuclear de Irán, que ahora enriquece uranio a niveles cercanos a los de grado armamentístico.

El jueves, Pezeshkian pareció seguir abierto a conversaciones con Washington, incluso tras la victoria de Trump, diciendo que “no importa quién haya ganado las elecciones de Estados Unidos”.

“No tendremos de ninguna manera un enfoque cerrado y limitado en la expansión de los lazos con otros países”, dijo, según la agencia estatal de noticias IRNA.

Eso deja abierta la posibilidad de negociaciones. Trump en su primer mandato cortejó famosamente al líder norcoreano Kim Jong Un. Algunos iraníes han imaginado al presidente electo haciendo lo mismo en Teherán.

“Como Trump es un showman, podría anunciar que quiere hablar con Pezeshkian en persona”, dijo Zeidabadi, el analista. “Desafortunadamente, el problema es que (el gobierno) no puede aceptar eso. Incluso si algunas personas en el gobierno están interesadas en hacer eso, la mayoría de los radicales no lo permitirán y esto también puede hacer que Trump se enoje más”.

Sin embargo, algunos sienten que Irán ya está en su punto de ruptura.

“Creo que Irán no tiene más opción que hacer las paces con Trump, considerando la situación del dólar (tipo de cambio) y los medios de vida de las personas y los altos precios”, dijo Sina Khaledian, un enfermero de 32 años. “Hay falta de medicinas y atención médica. Tienen que hacer esto. Creo que la capacidad del país para aguantar se ha agotado”.

Votantes evangélicos blancos apoyan firmemente la presidencia de Donald Trump

Trump
El presidente Donald Trump sostiene una Biblia mientras visita la Iglesia de St. John's, el 1 de junio de 2020, en Washington. (Foto: AP/Patrick Semansky/Archivo)

Después de que el expresidente Donald Trump diera su discurso de victoria el miércoles temprano en el Centro de Convenciones de Palm Beach, en Florida, docenas de sus seguidores se reunieron en un vestíbulo para cantar “How Great Thou Art,” (“Cuán Grande Eres”), recitando de memoria la letra y armonías de una alabanza clásica, popular entre los cristianos evangélicos.

Fue un cierre apropiado para una elección en la que Trump una vez más ganó el apoyo de aproximadamente 8 de cada 10 votantes cristianos evangélicos blancos, según AP VoteCast, una amplia encuesta de más de 120.000 votantes. Ese margen, entre un grupo que representaba alrededor del 20% del electorado total, repite márgenes igualmente impresionantes de apoyo evangélico que Trump recibió en 2020.

El pastor Robert Jeffress de la Primera Iglesia Bautista de Dallas, uno de los simpatizantes evangélicos más prominentes de Trump desde la campaña de 2016, calificó la elección como una “gran victoria”.

“Sí, hubo algunos temas de fe importantes para los evangélicos, pero los evangélicos también son estadounidenses”, dijo Jeffress. “Les preocupa la inmigración, les preocupa la economía”.

Algunos críticos de Trump temen que implementará una agenda nacionalista cristiana que, según ellos, otorga a los cristianos una posición privilegiada en el país y es contraria a la separación entre iglesia y estado.

Aunque algunas de las expresiones religiosas del gobierno son más retóricas que políticas, eso puede tener un impacto en un país que es más secular y religiosamente diverso que en generaciones pasadas, dijo Andrew Whitehead, autor de “Taking America Back for God: Christian Nationalism in the United States”.

“Aquellos que no abrazan esa expresión del cristianismo o la religión cristiana o ninguna religión en absoluto, se sentirán marcados como ‘otros’ y no verdaderamente estadounidenses”, dijo Whitehead, profesor asociado de sociología en la Universidad de Indiana, en Indianápolis.

Whitehead vaticina que una visión nacionalista cristiana probablemente motivará políticas migratorias restrictivas con el pretexto de proteger la cultura estadounidense tradicional, como la prohibición de que personas procedentes de varios países mayoritariamente musulmanes viajen a Estados Unidos.

Pero Jeffress desestimó las preocupaciones de aquellos que vaticinan un gobierno nacionalista cristiano.

“A las personas que no son cristianas les preocupa indebidamente que vaya a instituir algún tipo de teocracia opresiva. No le interesa hacer eso”, afirmó Jeffress, señalando que Trump no ha mostrado interés en prohibir el matrimonio entre personas del mismo sexo ni imponer una prohibición absoluta del aborto.

Los líderes evangélicos que más apoyan a Trump pueden esperar el mismo tipo de acceso a la Casa Blanca que tuvieron en el primer mandato de Trump.

Trump ha proclamado un sentido de mandato divino.

“Muchas personas me han dicho que Dios salvó mi vida por una razón”, dijo Trump en su discurso de victoria, refiriéndose a las afirmaciones generalizadas entre los simpatizantes evangélicos de que recibió una protección divina milagrosa en el intento de asesinato casi fatal en Butler, Pensilvania, el 13 de julio. “Y esa razón fue salvar a nuestro país y restaurar la grandeza de Estados Unidos”.

Durante la campaña electoral, Trump prometió “proteger a los cristianos en nuestras escuelas y en nuestro ejército y nuestro gobierno” y en “nuestra plaza pública”. Muchas de las disputas entre Iglesia y Estado de los últimos años se han centrado en los símbolos cristianos en lugares públicos, como la exhibición de cruces.

La campaña republicana se comprometió a defender a los cristianos así como a los judíos que enfrentan persecución. Si bien incluyó un compromiso general de proteger el culto de todos los grupos religiosos, esos fueron los únicos dos que se mencionaron específicamente. La campaña también defendió el derecho a “orar y leer la Biblia en la escuela”.

Trump se compromete a apoyar otras prioridades evangélicas, como el apoyo a Israel y una oposición a los derechos de las personas transgénero, ya que asegura que: “Dios creó dos géneros, masculino y femenino”. Los evangélicos se sienten consternados por el hecho de que Trump se haya distanciado de las propuestas antiaborto más estrictas, aunque los líderes evangélicos vieron a Trump como preferible a Harris, quien ha defendido fuertemente el derecho al aborto.

Las manifestaciones a favor de Trump presentaron expresiones que han sido abrazadas por los nacionalistas cristianos, como la canción “Dios bendiga a Estados Unidos”. Muchos en los mítines de Trump llevan camisetas que proclaman: «Jesús es mi salvador, Trump es mi presidente”.

El hecho de que los evangélicos apoyaran a Trump inicialmente sorprendió a muchos, ya que el candidato republicano es propietario de empresas de casinos, lleva varios matrimonios a cuestas, y ha sido objeto de acusaciones de conducta sexual indebida y, más recientemente, de haber jugado un papel importante en fomentar los disturbios del Capitolio de 2021, además de su condena por cargos de fraude. Pero muchos simpatizantes cuestionan estas acusaciones o lo ven como un campeón poderoso aunque imperfecto.

“La gente apoya al presidente Trump no por su religiosidad sino por sus políticas”, dijo Jeffress.

John Fea, profesor de historia en la Universidad Messiah en Mechanicsburg, Pensilvania, quien escribió un libro sobre el respaldo evangélico a Trump en su campaña de 2016, dijo que la persistencia de ese apoyo no fue sorprendente.

Durante esta campaña, Fea dijo que habló con evangélicos que se sentían incómodos con Trump. Estaban “buscando cualquier razón para votar por Harris”, como cierta moderación sobre el tema del aborto. “No creo que Harris les estuviera dando mucho”.

No solo los evangélicos blancos no hispanos apoyaron a Trump. También lo hicieron poco más de la mitad de los evangélicos latinos y aproximadamente 6 de cada 10 católicos blancos, según AP VoteCast. En general, aproximadamente 6 de cada 10 mormones también respaldaron al expresidente.

El pastor Abraham Rivera del Centro de Vida La Puerta en North Miami, Florida, atribuyó la popularidad de Trump entre todos los latinos, y en particular entre los evangélicos, a sus valores conservadores respecto a la moralidad y la familia.

“Creo que el tema de la identidad de género que la izquierda promueve mucho, aleja a muchos evangélicos latinos”, indicó Rivera. Miembros de su congregación expresaron algunas preocupaciones sobre la “personalidad» de Trump o las «cosas que dice” pero no sobre sus políticas, señaló.

Rivera prevé que los frecuentes contactos que los líderes evangélicos latinos mantuvieron con el primer gobierno de Trump continúen, lo que les daría voz. En contraste, sintió que las puertas “estaban cerradas” durante la presidencia de Biden, quien parecía ignorar los valores de muchos conservadores.

Pero Rivera agregó: “La idea de que una derecha cristiana malvada va a tomar el control de todo es simplemente una locura”.

Fea aseguró que una agenda nacionalista cristiana puede ser más retórica que sustantiva a nivel nacional, pero advirtió que hay casos genuinos a nivel local. Anticipó que el gobierno de Trump no se opondría a cosas como una nueva ley en el estado de Luisiana que requiere la publicación de los Diez Mandamientos en las escuelas públicas y la orden de un funcionario de educación en Oklahoma que exige que las escuelas públicas incorporen la Biblia en clase. Ambas se enfrentan a recursos judiciales.

La plataforma republicana de 2024 se comprometió a usar “la ley federal existente para mantener fuera de Estados Unidos a los comunistas, marxistas y socialistas que odian a los cristianos”, así como a los “yihadistas”. En campaña, Trump dijo que formaría un grupo de trabajo federal para luchar contra la «persecución contra los cristianos en Estados Unidos”.

Otros grupos, a nivel nacional y en las iglesias locales, están preparados para oponerse a una agenda nacionalista cristiana.

La organización Americans United for Separation of Church and State («Estadounidenses unidos por la separación entre Iglesia y Estado») se comprometió a resistir cualquier política del gobierno de Trump que privilegie a los cristianos y use la bandera de la libertad de culto como una “licencia para discriminar”, aseguró Andrew Seidel, vicepresidente de comunicación estratégica del grupo.

Seidel vaticina que el nuevo gobierno de Trump tendrá un plan para implementar el Proyecto 2025 de la Heritage Foundation, la cual tiene una agenda nacionalista cristiana, a pesar de que Trump se haya distanciado de éste

“Esta vez, están listos para la victoria”, asegura Seidel. “La última vez ganaron una victoria inesperada. No sabían qué estaban haciendo. (Pero ahora) van a estar listos desde el primer día”.

El reverendo Tim Schaefer, pastor de la Primera Iglesia Bautista de Madison, Wisconsin, dijo que se opone al nacionalismo cristiano en parte porque es contrario a la separación entre Iglesia y Estado, una creencia importante en la fe bautista.

“Nuestra labor es recordarle a la gente que no fuimos fundados como una nación cristiana”, dijo. “Había un deseo por parte de los fundadores de ser una nación de pluralidad religiosa”.

Statement from Governor Josh Shapiro on the 2024 Election Results

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Governor Josh Shapiro. (Photo: File)

Harrisburg, PA – Today, in response to the results of the 2024 General Election, Governor Josh Shapiro released the following statement: 

“Pennsylvania is the birthplace of American democracy, and our Commonwealth once again held a free, fair, safe, and secure election. As I have always said, the will of the people must be respected – and the people of Pennsylvania have spoken, electing Donald Trump to be the next President of the United States along with other Republicans and Democrats for state and federal offices on the same ballot.

“I know the pundits will analyze every aspect of this election, but for my part, I’m going to continue to listen to the good people of Pennsylvania, show respect for their choices, and find ways to bring people back together and move the ball down the field to put points on the board for all of us.

“While votes are still being counted in some races, I congratulate all the candidates – from both parties, up and down the ballot, all across the Commonwealth – who have won their races and been given the opportunity to serve in public office. Serving Pennsylvania carries with it a profound responsibility to put the people first, and now that this election is over, it is time to govern – to work together, to compromise, and to get stuff done.

“The people of Pennsylvania know, as their Governor, I go to work every single day focused on how to make life better for Pennsylvanians and deliver results for our communities – rural, urban, and suburban. From creating jobs and economic opportunity to investing in education and public safety, I believe there’s more that unites us than divides us – and we must work together to continue to get stuff done for Pennsylvania.

“Let me also make clear: I will never back down from standing up for the freedoms I was elected to protect. I will continue to defend our democracy, defend our fundamental rights, and ensure we continue the legacy of William Penn by building a Commonwealth that is warm and welcoming for all – and where all Pennsylvanians have the freedom to chart their own course and the opportunity to succeed.”

The light of optimism, of faith, of truth and service

service
(Foto: EFE/Jim Lo Scalzo)

Vice President Kamala Harris formally conceded in a speech Wednesday afternoon at Howard University in Washington, D.C., where she urged her followers to continue fighting for democracy.

Here is an excerpt from the concession speech:

Good afternoon, everyone. Thank you all…

So let me say…my heart is full today, full of gratitude for the trust you have placed in me, full of love for our country, and full of resolve. The outcome of this election is not what we wanted, not what we fought for, not what we voted for. But hear me when I say, hear me when I say, the light of America’s promise will always burn bright as long as we never give up and as long as we keep fighting. To my beloved Doug and our family, I love you so very much. To President Biden and Dr. Biden, thank you for your faith and support. To Governor Walz and the Walz family, I know your service to our nation will continue. And to my extraordinary team, to the volunteers who gave so much of themselves, to the poll workers and the local election officials I thank you. I thank you all.

Look, I am so proud of the race we ran. And the way we ran it. Over the 107 days of this campaign, we have been intentional about building community and building coalitions, bringing people together from every walk of life and background, united by love of country with enthusiasm and joy in our fight for America’s future. And we did it with the knowledge that we all have so much more in common than what separates us. Now, I know folks are feeling and experiencing a range of emotions right now. I get it, but we must accept the results of this election. Earlier today, I spoke with President-elect Trump and congratulated him on his victory. I also told him that we will help him and his team with their transition and that we will engage in a peaceful transfer of power.

A fundamental principle of American democracy is that when we lose an election, we accept the results. That principle, as much as any other, distinguishes democracy from monarchy or tyranny. And anyone who seeks the public trust must honor it. At the same time, in our nation, we owe loyalty not to a president or a party, but to the Constitution of the United States, and loyalty to our conscience and to our God. My allegiance to all three is why I am here to say, while I concede this election, I do not concede the fight that fueled this campaign—the fight: the fight for freedom, for opportunity, for fairness, and the dignity of all people. A fight for the ideals at the heart of our nation, the ideals that reflect America at our best. That is a fight I will never give up.

I will never give up the fight for a future where Americans can pursue their dreams, ambitions, and aspirations. Where the women of America have the freedom to make decisions about their own body and not have their government telling them what to do. We will never give up the fight to protect our schools and our streets from gun violence. And America we will never give up the fight for our democracy, for the rule of law, for equal justice, and for the sacred idea that every one of us, no matter who we are or where we start out, has certain fundamental rights and freedoms that must be respected and upheld.

And we will continue to wage this fight in the voting booth, in the courts and in the public square. And we will also wage it in quieter ways: in how we live our lives by treating one another with kindness and respect, by looking in the face of a stranger and seeing a neighbor, by always using our strength to lift people up, to fight for the dignity that all people deserve. The fight for our freedom will take hard work. But, like I always say, we like hard work. Hard work is good work. Hard work can be joyful work. And the fight for our country is always worth it. It is always worth it.  To the young people who are watching, it is okay to feel sad and disappointed. But please know it’s going to be okay.

On the campaign, I would often say when we fight, we win. But here’s the thing, here’s the thing, sometimes the fight takes a while. That doesn’t mean we won’t win. That doesn’t mean we won’t win. The important thing is don’t ever give up. Don’t ever give up. Don’t ever stop trying to make the world a better place.  You have power… And don’t you ever listen when anyone tells you something is impossible because it has never been done before.

You have the capacity to do extraordinary good in the world. And so to everyone who is watching, do not despair. This is not a time to throw up our hands. This is a time to roll up our sleeves. This is a time to organize, to mobilize, and to stay engaged for the sake of freedom and justice and the future that we all know we can build together. Look, many of you know I started out as a prosecutor and throughout my career I saw people at some of the worst times in their lives.  People who had suffered great harm and great pain, and yet found within themselves the strength and the courage and the resolve to take the stand, to take a stand, to fight for justice, to fight for themselves, to fight for others. So let their courage be our inspiration. Let their determination be our charge. And I’ll close with this. There’s an adage a historian once called a law of history, true of every society across the ages. The adage is, only when it is dark enough can you see the stars. I know many people feel like we are entering a dark time, but for the benefit of us all, I hope that is not the case. But here’s the thing, America, if it is, let us fill the sky with the light of a brilliant, brilliant billion of stars. The light, the light of optimism, of faith, of truth and service.

And may that work guide us even in the face of setbacks toward the extraordinary promise of the United States of America. I thank you all. Make God bless you. And may God bless the United States of America. I thank you all.

Cómo votaron 5 grupos demográficos clave en 2024: AP VoteCast

VoteCast
El expresidente y candidato republicano Donald Trump, Melania Trump y Barron Trump, a su llegada a la fiesta electoral de seguimiento de resultados, el miércoles 6 de noviembre de 2024, en West Palm Beach, Florida. (Foto: AP/Evan Vucci)

Donald Trump ganó la presidencia de Estados Unidos tras mantener firme su base principal de votantes y expandir ligeramente su coalición para incluir varios grupos que tradicionalmente han sido parte de la base demócrata. Esa conclusión proviene de AP VoteCast, una amplia encuesta realizada a más de 120,000 votantes a nivel nacional que muestra qué temas importaron a los votantes en esta elección.

Trump captó una pequeña pero significativa proporción de votantes negros e hispanos, y logró avances estrechos con hombres y mujeres. Mientras Trump erosionaba partes de la coalición demócrata, la vicepresidenta Kamala Harris no pudo lograr suficientes avances por su cuenta. Trump logró asegurar su base tradicionalmente mayoritaria de votantes blancos y adultos mayores, y expandió ligeramente sus márgenes con otros grupos hasta formar una coalición ganadora.

Un vistazo a cómo votaron cinco grupos demográficos clave, según AP VoteCast:

La mayoría de votantes por Trump son blancos, una tendencia que se mantiene desde 2020

Ligeramente más de 8 de cada 10 votantes de Trump en esta elección eran blancos, aproximadamente las mismas cifras de 2020. Alrededor de dos tercios de los votantes de Harris eran blancos, y eso coincidió en gran medida con la coalición del presidente Joe Biden en la elección anterior. Los votantes blancos constituyen una gran parte del electorado en Estados Unidos, y no cambiaron marcadamente su apoyo a nivel nacional en comparación con 2020.

La mayoría del electorado blanco votó por Trump, sin cambios respecto a la elección de 2020 que perdió por poco. Alrededor de 4 de cada 10 votantes blancos apoyaron a Harris, lo cual es aproximadamente lo mismo que recibió Biden en 2020.

Los votantes blancos también fueron más propensos a apoyar a Trump sobre Harris y Biden en Pensilvania, Michigan y Wisconsin, aunque Trump perdió esos estados en 2020.

La proporción de votantes negros a favor de Trump aumentó ligeramente, impulsada en gran medida por hombres jóvenes

Trump logró hacer pequeñas incursiones con los votantes negros a nivel nacional, quienes constituyeron alrededor de 1 de cada 10 votantes en todo el país.

A nivel nacional, alrededor de 8 de cada 10 votantes negros apoyaron a Harris. Pero, eso fue menos que alrededor de 9 de cada 10 que optaron por Biden en la anterior elección presidencial.

Trump aproximadamente duplicó su proporción de hombres negros jóvenes, lo que le ayudó entre un grupo clave de votantes demócratas. Alrededor de 3 de cada 10 hombres negros menores de 45 años optaron por Trump, cerca del doble de la cantidad que obtuvo en 2020.

Voto latino favoreció a Trump un poco más en estas elecciones que en las de 2020

Si bien Harris obtuvo más de la mitad del voto hispano, ese apoyo bajó ligeramente de los aproximadamente 6 de cada 10 votantes hispanos que respaldaron a Biden.

Los votantes hispanos estuvieron más abiertos a Trump de lo que estaban en 2020. Aproximadamente la mitad de los hombres latinos votaron por Harris, menos que alrededor de 6 de cada 10 que optaron por Biden.

Un apoyo ligeramente mejor de las mujeres benefició a Trump

Trump se vio favorecido de un leve incremento de apoyo tanto entre hombres como mujeres, y Harris tuvo un desempeño modestamente por debajo en comparación con Biden en 2020.

Harris obtuvo la ventaja entre las mujeres, recibiendo el 53% de sus votos frente al 46% de Trump, pero ese margen fue algo más estrecho que el de Biden. El demócrata ganó el 55% de los votos de las mujeres, y el 43% optó por Trump. Su apoyo se mantuvo estable entre las mujeres blancas: ligeramente más de la mitad apoyaron esta vez a Trump, algo similar a lo ocurrido en 2020.

Trump logró un modesto aumento con respecto a los hombres

Trump logró una mejoría similar entre los hombres, con un incremento modesto que aumentó su ventaja.

Los cambios por género se concentraron entre los votantes más jóvenes, así como entre los votantes negros y latinos. Los votantes blancos de ambos géneros y los votantes adultos mayores de ambos géneros votaron de manera similar en 2024 como lo hicieron en 2020.

AP VoteCast es una encuesta del electorado estadounidense realizada por NORC en la Universidad de Chicago para Fox News, PBS NewsHour, The Wall Street Journal y The Associated Press. La encuesta entre más de 120.000 votantes se llevó a cabo durante ocho días y concluyó al cierre de las urnas. Las entrevistas se realizaron en inglés y español. La encuesta combina una muestra aleatoria de votantes registrados extraídos de archivos de votantes estatales; votantes registrados autoidentificados utilizando el panel AmeriSpeak basado en probabilidades de NORC, que está diseñado para ser representativo de la población de Estados Unidos; y votantes registrados autoidentificados seleccionados de paneles en línea no probabilísticos. Se estima que el margen de error de muestreo de los votantes es de más o menos 0,4 puntos porcentuales. Encuentre más detalles sobre la metodología de AP VoteCast en https://ap.org/votecast.

Trump empieza a diseñar sus primeros decretos y su posible equipo en la Casa Blanca

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(Foto: EFE/CRISTOBAL HERRERA-ULASHKEVICH/Archivo)

El presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, ha empezado a dar forma a los decretos que firmará en su primer día en el poder, incluido uno sobre la inmigración en la frontera con México, y al equipo que le asesorará en la Casa Blanca y en su gabinete.

Según informan este jueves los diarios The Washington Post y Político, la campaña de Trump ya está en modo de transición tras las elecciones estadounidenses de este martes, en las que ganó un segundo mandato que comenzará el próximo 20 de enero.

Trump planea promulgar en su «primer día» sendos decretos para «cerrar» la frontera con México e impulsar la perforación de petróleo para rebajar los precios, dijo Jason Miller, asesor del presidente electo, a Politico.

El asesor no dio detalles sobre qué implicaría ese supuesto «cierre» de la frontera, si supondría clausurar los puertos legales de entrada o aumentar la seguridad en esa porosa zona limítrofe, que abarca más de 3.000 kilómetros.

Ese plan del que fuera presidente estadounidense entre 2017 y 2021 ha generado temores en el Gobierno del actual mandatario, Joe Biden, de que pueda haber una ola de migrantes que intenten entrar en el país por la frontera sur antes de la transición, informa este jueves la cadena NBC News.

Trump ya adelantó esta semana que «el primer día» de su mandato amenazará a México con aranceles del 25 % a todas sus importaciones si no para la «llegada de criminales y drogas al país», algo que podría suponer una violación del tratado comercial T-MEC.

El equipo de Trump tampoco ha especificado en qué consistirán sus decretos en materia energética, pero la apuesta del expresidente por los combustibles fósiles ha generado inquietud entre los defensores de una transición verde para atajar la crisis climática.

Marco Rubio, entre los candidatos a secretario de Estado

Mientras, la campaña del presidente electo empezó este miércoles a debatir en serio posibles nombres para conformar su equipo de gobierno, con el senador republicano Marco Rubio entre los favoritos para convertirse en secretario de Estado, según el Washington Post.

El legislador hispano por Florida, de origen cubano, tuvo una notable influencia en la política hacia Latinoamérica durante el primer mandato de Trump, dado su poder en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, y este año estuvo entre los aspirantes a vicepresidente en la campaña republicana.

También suenan como posibles jefes de la diplomacia estadounidense el exdirector de inteligencia nacional Rick Grenell, muy cercano a Trump y que fue embajador en Alemania entre 2018 y 2020, y el senador Bill Hagerty, que fue embajador en Japón, de acuerdo con Politico.

Para el cargo de secretario del Tesoro se barajan los nombres del inversor multimillonario John Paulson, conocido por haber amasado una enorme fortuna al adelantarse a la crisis financiera de 2008, y del actual asesor económico del presidente electo, el inversor Scott Bessent, indica el Post.

El senador republicano Tom Cotton podría convertirse en secretario de Defensa, mientras que se espera que el candidato independiente Robert Kennedy Jr., conocido por su postura antivacunas, tenga un papel relacionado con sanidad o regulación de los medicamentos y alimentos del país.

El multimillonario Elon Musk y el presentador televisivo Tucker Carlson pasaron este miércoles el día con Trump en Mar-a-Lago (Florida), por lo que podrían influir en esas primeras medidas y en la selección de su gabinete, para cuya confirmación no se esperan trabas, gracias a la mayoría republicana en el Senado.

50 líderes europeos estudian cómo les afectará Trump y buscan una posición común sobre Rusia

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El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, habla con los medios a su llegada para una Cumbre de la Comunidad Política Europea (CPE) en el Puskas Arena de Budapest, Hungría, el jueves 7 de noviembre de 2024. (Foto: AP/Petr Josek)

 Unos 50 líderes europeos, incluidos el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy, y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, analizaban el jueves sus relaciones transatlánticas con la esperanza de que la segunda presidencia de Donald Trump en Estados Unidos evite los conflictos de su primer gobierno. Los funcionarios europeos también buscarán una postura común firme sobre Rusia en la reunión de un día.

Rutte, quien fue primer ministro holandés durante la primera presidencia de Trump de 2017 a 2021, dijo que “trabajé muy bien con él durante cuatro años. Es extremadamente claro en lo que quiere. Entiende que tienes que tratar con los demás para llegar a posiciones conjuntas. Y creo que podemos hacer eso”. E insistió en que los desafíos comunes planteados por Rusia en Ucrania atañen a ambos lados del Atlántico.

“Rusia está entregando la tecnología más moderna a Corea del Norte a cambio de ayuda norcoreana en la guerra contra Ucrania. Y esto es una amenaza no solo para la parte europea de la OTAN, sino también para el territorio continental de Estados Unidos”, dijo Rutte al llegar a la cumbre.

Trump presionó mucho a los aliados europeos de la OTAN para que gastaran más en defensa durante su primer mandato, hasta y más allá del 2% del producto interno bruto, y para que dependieran menos de la cobertura militar estadounidense. Ese mensaje ha calado.

“Cuando fue presidente, fue él en la OTAN quien nos instó a superar el 2%. Y ahora, también gracias a él, la OTAN, si se sacan los números de Estados Unidos, está por encima del 2%.”, dijo Rutte.

Charles Michel, el presidente del consejo de la Unión Europea de 27 naciones, coincidió en que el continente debe depender menos de Estados Unidos.

“Tenemos que ser más amos de nuestro destino”, dijo. “No por Donald Trump o Kamala Harris, sino por nuestros hijos”.

Durante su campaña electoral, Trump ha amenazado con todo, desde una guerra comercial con Europa hasta la retirada de los compromisos de la OTAN y un cambio fundamental en el apoyo a Ucrania en su guerra con Rusia, temas que podrían tener consecuencias trascendentales para las naciones de toda Europa.

Trump ha dicho que terminaría la guerra en Ucrania, que ya está inmersa en su tercer año, en cuestión de días si es reelegido. Ucrania y muchos de sus partidarios europeos temen que esto suponga una paz en términos favorables al presidente ruso, Vladímir Putin, y una cesión de territorio.

Los aliados europeos en la OTAN esperan convencer a Trump de que si ayuda a negociar cualquier paz, se haga desde una posición de fuerza, tanto para Ucrania como para Estados Unidos.

El primer ministro de Albania, Edi Rama, a la derecha, habla con el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, en el centro, que llega a la Comunidad Política Europea en el estadio Puskas de Budapest, Hungría, el jueves 7 de noviembre de 2024. (Foto: AP/Petr Josek)

El anfitrión de la cumbre y ferviente admirador de Trump, el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, dijo el jueves por la mañana que ya había tenido una llamada telefónica con el presidente entrante durante la noche, y anunció que ”¡tenemos grandes planes para el futuro!”.

También lo hizo la primera ministra italiana, la ultraderechista Giorgia Meloni, quien elogió la “profunda e histórica asociación estratégica que siempre ha unido a Roma y Washington”.

Esa asociación estuvo bajo constante presión durante el primer mandato de Trump, de 2017 a 2021.

El gobierno de Trump impuso aranceles al acero y al aluminio de la UE en 2018 basándose en la afirmación de que los productos extranjeros, incluso si eran producidos por aliados estadounidenses, eran una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos. Los europeos y otros aliados respondieron con aranceles a las motocicletas, el bourbon, la mantequilla de maní y los tejanos hechos en Estados Unidos, entre otros artículos.

El impacto del resultado de las elecciones estadounidenses podría sentirse en Europa durante años en temas como las guerras en Ucrania y Oriente Medio, así como inmigración y cambio climático.

Entre los líderes que se esperaba asistieran el jueves estaba Zelenskyy, quien se espera que hiciera otra petición de más ayuda mientras su país se defiende de la invasión de Moscú. El momento está cargado de significado, ya que Trump ha prometido terminar la guerra “en 24 horas” si es elegido, algo que las autoridades en Kiev interpretan como una inminente desaparición del apoyo de Estados Unidos tras la victoria de Trump.

Además, complicando aún más una situación ya de por sí compleja, Alemania —el problemático motor económico de Europa— cayó en una crisis política después de que el canciller alemán, Olaf Scholz, despidiera a su ministro de Finanzas. Esto planteaba la posibilidad de elecciones en unos meses y otro enfrentamiento entre una derecha dura envalentonada y los partidos establecidos europeos.

El segundo mandato de Trump podría reajustar la diplomacia de EE. UU. hacia líderes autoritarios

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El entonces presidente Donald Trump recibe al primer ministro, Viktor Orbán a la Casa Blanca en Washington, el 13 de mayo de 2019. (Foto: AP/Manuel Balce Ceneta/Archivo)

El conservador y combativo líder de Hungría dijo que la victoria de Donald Trump ayudará en su propia batalla contra la inmigración y el multiculturalismo y restaurará los valores familiares tradicionales.

En Argentina, un presidente que una vez abrazó efusivamente a Trump en una conferencia política en Maryland ataca a sus críticos llamándolos ratas y parásitos, despotricando contra lo que él llama una élite corrupta y calificando el cambio climático de “mentira socialista”.

El segundo mandato de Trump podría reorientar la diplomacia de Estados Unidos para alejarla de las alianzas internacionales tradicionales y acercarse más a políticos populistas y autoritarios, según esos líderes y observadores externos.

El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán

Orbán hizo una audaz predicción dos días antes de las elecciones del martes.

“Donald Trump volverá a ser presidente, y eso significa que para fin de año, las fuerzas políticas a favor de la paz serán mayoría en Occidente”, dijo Orbán a la radio estatal.

Orbán ha sido acusado por la Unión Europea de ahogar la democracia húngara dominando los medios de comunicación y construyendo una red de oligarcas leales. Ha preocupado a líderes extranjeros al acercarse más al presidente de Rusia, Vladímir Putin.

Lo que Orbán llama “democracia antiliberal” ha estigmatizado a las organizaciones de la sociedad civil y reprimido los derechos LGBTQ+. Se inclina por retener el poder incluso si eso significa contravenir los intereses de los aliados tradicionales húngaros.

El presidente de Rusia, Vladímir Putin

Trump ha evitado criticar públicamente a Putin y se ha referido a él en términos cordiales de forma continuada.

“Claramente existe ese tipo de química de mentalidad autoritaria”, dijo Nigel Gould-Davies, del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos en Londres.

Esa química encaja con la admiración de Trump por otros líderes autoritarios, algunos de los cuales fueron elegidos por sistemas otrora democráticos, señaló Gould-Davies, que puso como ejemplo a Hungría bajo el mandato de Orbán.

Trump ha afirmado que pondrá fin a la guerra de Rusia en Ucrania “en 24 horas”, una afirmación bien recibida por el Kremlin, que actualmente tiene una ventaja en el campo de batalla y ocupa en torno al 20% del territorio ucraniano.

Moscú puede esperar que Trump siembre la discordia en la OTAN con sus demandas de que otros miembros de la alianza cumplan con los niveles de gasto militar acordados, y sus advertencias de que Rusia podría “hacer lo que le dé la gana” con aquellos que fallen.

Gould-Davies señaló antes de las elecciones que el Kremlin daría la bienvenida a la victoria de Trump debido a su aparente deseo de que la guerra en Ucrania termine en términos favorables para Rusia. Putin y otros líderes autoritarios se sentirán alentados por la reelección de Trump, lo que significará “mucho menos énfasis en la política exterior estadounidense en la importancia y el valor de los derechos humanos”, dijo Gould-Davies.

El primer ministro de India, Narendra Modi

Modi es uno de los líderes políticos más queridos y divisivos de su país. Bajo Modi, el nacionalismo hindú, que antes era una ideología marginal en India, se ha vuelto corriente principal y nadie ha hecho más para avanzar esa causa que el líder de 74 años.

Algunos críticos creen que la política de Modi ha dividido a India, especialmente en términos religiosos. Se le ha acusado de emplear discurso de odio contra la minoría musulmana del país, sobre todo en la última fase de la campaña electoral de este año, cuando intensificó la retórica contra ellos.

Para sus seguidores, Modi es un hombre ajeno a la política que rompió la historia de política dinástica del país. Su ascenso se ha visto impulsado en parte por promesas de reformas económicas, pero también por una política que prioriza a los hindúes y que ha encontrado un amplio apoyo en un país donde el 80% de la población es hindú.

Para sus críticos, Modi ha tensionado la democracia y amenazado el tejido laico de India, con ataques crecientes a los medios de comunicación y la libertad de expresión durante los más de 10 años que lleva en el gobierno.

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan

Al igual que Trump, Erdogan proyecta una imagen de fuerza que prioriza los intereses nacionales y se basa en mensajes populistas que le presentan como un campeón de la gente de a pie contra las élites.

El gobierno de Biden ha mantenido las distancias con el gobierno de Erdogan, pero Trump y Erdogan han cultivado una relación cordial. Esto a pesar de una serie de diferencias entre sus países, como cuando la administración Trump eliminó a Turquía del programa de cazas de combate F-35 en 2019 porque Ankara compró un sistema de defensa de misiles fabricado en Rusia.

El presidente de Argentina, Javier Milei

El presidente de Argentina tiene un estilo agresivo como Trump, rechaza instituciones multilaterales como las Naciones Unidas y ha mostrado una actitud de desdén hacia la diplomacia, evitando reuniones con líderes de aliados tradicionales como Brasil y España.

Para muchos observadores, el paralelismo más preocupante afecta a las afirmaciones de Milei sobre que las elecciones presidenciales del año pasado en Argentina fueron amañadas en su contra. Eso, junto con sus esfuerzos por minimizar las atrocidades de la sangrienta dictadura militar de Argentina de 1976-1983, ha suscitado preocupaciones sobre su impacto en la democracia.

Milei felicitó el miércoles a Trump por su victoria electoral publicando una imagen en Instagram de los dos hombres abrazándose frente a las banderas de sus naciones.

“Sabes que puedes contar con Argentina para llevar a cabo tu tarea”, se lee en el pie de foto. “Ahora, hagamos que América sea grande de nuevo”.

Los analistas dicen que su gobierno necesitado de efectivo —que necesita con desesperación el apoyo de Estados Unidos, el mayor accionista del Fondo Monetario Internacional— ha apostado a una victoria de Trump. El gobierno de Milei ha puesto sus esperanzas en la idea de que Trump podría ejercer presión sobre el FMI para que preste más dinero a Argentina, su mayor deudor.

El fondo estudia si prestar más efectivo a Argentina, que el gobierno libertario de Milei necesita para reintegrarse completamente al mercado mundial y salir de los controles de divisas. Durante el primer mandato de Trump, el FMI otorgó a Argentina —en ese momento liderada por el presidente conservador Mauricio Macri— un controvertido rescate de 57.000 millones de dólares.

Mariano Machado, analista principal para América en Verisk Maplecroft, una firma global de inteligencia de riesgos, dijo que, aunque las instituciones de Estados Unidos y la separación de poderes están diseñadas para prevenir el gobierno autocrático, “Argentina vuelve ahora a una fase en la que los mismos parámetros de sus instituciones se ven presionados”.

El primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico

Aunque es de izquierdas, Fico ha utilizado una retórica similar a la de Trump.

Fico incluso comparó el intento de asesinato de Trump en julio con el tiroteo de mayo en el que él resultó herido.

“Es un escenario calcado”, dijo Fico. “Los oponentes políticos de Donald Trump están tratando de encarcelarle, y cuando no lo logran, enfurecen tanto a la población que algún perdedor toma un arma”.

Al igual que Trump, Fico muestra desprecio por los medios de comunicación principales y ha declarado la guerra a la inmigración ilegal. Fico ha enfrentado cargos criminales por crimen organizado, que denunció como con motivaciones políticas. Al final, el caso fue desestimado.

El líder eslovaco ha condenado la estrategia de Occidente en la guerra en Ucrania y cancelado envíos de armas a Kiev.

Fico, al igual que Orbán, es conocido por sus puntos de vista prorrusos, se opone a las sanciones de la UE a Moscú y ha dicho que bloquearía la entrada de Ucrania a la OTAN.