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Doble logro: estudiantes de Esperanza Academy y Cyber se gradúan del Programa Early College

Graduates of the Early College program, part of a collaboration between Esperanza College and Esperanza Academy. (Photo: Thomas Baker)

Filadelfia, PA — La Escuela Charter Esperanza Academy (EACS) celebró que 28 estudiantes de la Clase del 2026 se gradúan este año con doble logro académico: su diploma de escuela superior y un grado asociado obtenido a través de su Programa Early College, en colaboración con Esperanza College de Eastern University.  También de Esperanza Cyber Charter School, se graduaron 6 alumnos, por lo que un total de 34 estudiantes se graduaron del programa de Early College este año.  

Un logro que transforma familias

En la comunidad de Hunting Park, donde Esperanza Academy ha servido desde el año 2000, este logro representa mucho más que un título. Para muchas familias latinas, es un paso concreto hacia la movilidad económica, la estabilidad y el progreso generacional.

La escuela atiende a más de 2,200 estudiantes desde kínder hasta el grado 12, ofreciendo programas académicos sólidos que incluyen cursos avanzados (AP), especializaciones por área de estudio y oportunidades universitarias tempranas.

Universidad mientras terminan la escuela superior

El Programa Early College permite que estudiantes elegibles comiencen cursos universitarios en 11.º o 12.º grado, con la posibilidad de completar un grado asociado sin costo alguno antes de graduarse de la escuela superior, ahorrando miles de dólares en matrícula.

Las áreas de estudio incluyen:
Administración de Empresas
Servicios Humanos y Comunitarios
Justicia Criminal
Educación de la Niñez Temprana
Ciencias de la Salud
Medios y Tecnología
Asistencia Médica

Orgullo comunitario y esperanza

La Dra. Evelyn Núñez, CEO y superintendente de Esperanza Academy, destacó el impacto del logro:

“Estamos increíblemente orgullosos de estos estudiantes. Obtener un diploma y un grado asociado requiere disciplina y compromiso extraordinario. Esperamos expandir este programa para que más jóvenes puedan aprovechar estas oportunidades transformadoras”.

El reverendo Luis Cortés, Jr., fundador y CEO de Esperanza, añadió:

“Estos graduados demuestran lo que es posible cuando una comunidad invierte en su gente. Este logro envía un mensaje claro: las barreras históricas que han afectado a las familias latinas sí se pueden superar”.

Más que una escuela: una comunidad de oportunidades

Esperanza Academy continúa abriendo puertas a través de la educación superior, preparando a jóvenes bilingües, culturalmente conscientes y listos para el siglo XXI.

Detrás de este éxito está Esperanza, una organización fundada en 1986 que hoy impacta a aproximadamente 35,000 personas al año mediante programas en educación, vivienda, desarrollo económico, artes y cambio social.

En Hunting Park, su misión es clara: construir una comunidad donde escuelas de calidad, viviendas accesibles, pequeños negocios y una vida cultural vibrante creen oportunidades para todos.

ICE: The mental health emergency we can no longer ignore

Juana Rodriguez, a U.S. citizen, was among those detained. Her hands were zip-tied, and she was prevented from feeding her three‑year‑old. “What happened turned our outing into a nightmare. My toddler was forced to witness an incredible amount of violence against people he loves and hear racial slurs about Latinos, experiences that no child should ever be exposed to,” she said.

The government claimed it was targeting five people for illegal gambling. Instead, 105 people were arrested — all on civil immigration charges. Did anyone consider the children’s trauma before approving the raid? If they had, it would never have happened.

For immigrant families, fear and uncertainty now shape daily life and mental health.

A growing mental health emergency

May was the Mental Health Awareness Month, but we think it should be called Mental Health ACTION Month. Across the nation, children’s mental health is deteriorating. Economic instability, bullying, and hateful rhetoric from political leaders worsen the stress. When leaders demean people based on ethnicity, religion, gender or gender identity, or immigration status, it fuels hostility in everyday life.

The results are devastating: between 2016 and 2021, youth emergency room visits for self‑inflicted injuries rose 169%. One in five child deaths results from suicide. In 2021, pediatric and psychiatric associations declared a national emergency in children’s mental health, and immigration‑related fear has only intensified the crisis.

Tragic cases like the suicides of 11‑year‑old Jocelynn Rojo Carranza and 13‑year‑old Gabriela Aparicio Ortega — both bullied about their parents’ perceived immigration status — show the human cost. Latina adolescents now report some of the nation’s highest suicide attempt rates, according to the CDC.

Children carry the weight

Dreamers — people born abroad but raised in this country — continue to live with instability as DACA’s future remains uncertain. Living life in four‑year increments, tied to a government application’s approval, is its own source of chronic stress.

Meanwhile, family separations persist. Maryland mother Arlit Maria Martinez was detained by ICE on her way to work. Two days later, her 15‑year‑old son died of cancer. She never got to say goodbye. Her three surviving children are living a nightmare. 

According to government data, ICE has detained more than 6,200 children nationwide, some as young as two years old. Each raid and detention inflicts lasting psychological harm. Even children who simply witness such actions internalize the idea that safety is conditional.

Parents, too, carry trauma and guilt. Immigration enforcement functions as a community‑wide stressor, disrupting social networks, economic stability, and any sense of safety. Fear seeps into everyday life — determining where families go, what they say, and whether they seek help. 

When people are afraid to approach mental health professionals, distress becomes structural, not just emotional. Our collective nervous system is under strain.

What governments can do

Latino communities have always drawn strength from family, faith, and collective care. But resilience should not replace investment in mental health infrastructure. We must go beyond telling people to “seek help” and create systems that make help accessible, affordable, and culturally responsive.

Local governments can invest in trusted community partnerships. Prince George’s County, Maryland, offers a model through The Hope Center for Wellness and the City of Hyattsville — a collaboration that funds local providers, simplifies referrals, and ensures residents don’t face endless waitlists.

State governments must strengthen and expand the bilingual, culturally competent workforce by improving reimbursement rates, supporting training pipelines, and streamlining licensing so providers can serve across communities.

At the federal level, the government must protect loan forgiveness programs that keep social workers and therapists in community‑based roles. Weakening these programs shrinks the very workforce needed to meet the crisis. Federal policy must instead invest in workforce development, community‑based care, language access, and equity enforcement.

We must be clear: immigration policy is mental health policy. Reducing detention and prioritizing family unity are not just moral or political acts; they are public health interventions.

If we continue to tell people to “seek help” while maintaining systems that harm them, we aren’t closing the gap — we’re widening it.

If you or someone you love is struggling, support is available.

Call the SAMHSA National Helpline: 1‑800‑662‑4357 (free, confidential, English & Spanish, 24/7).  Text HELLO to 741741 to reach the Crisis Text Line.

Sindy Benavides is the Founding Executive Director of Aquí: The Accountability Movement. Dr. Cheryl Aguilar PhD, LICSW, is a nationally recognized mental health clinician, researcher, and advocate focused on the intersection of mental health, immigration, and culturally responsive care.

ICE: la emergencia de salud mental que ya no podemos ignorar

El 19 de octubre de 2025, familias en Wilder, Idaho, se reunieron para carreras de caballos y comida cuando helicópteros y camiones blindados descendieron repentinamente. Agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) — armados con pistolas, granadas aturdidoras y balas de goma — irrumpieron en el evento, aterrorizando tanto a niños como a padres.

Juana Rodríguez, ciudadana estadounidense, estaba entre los detenidos. Le sujetaron las manos y le impidieron alimentar a su hijo de tres años. “Lo que pasó convirtió nuestra salida en una pesadilla. Mi pequeño fue obligado a presenciar una cantidad increíble de violencia contra personas que ama y a escuchar insultos raciales contra los latinos, experiencias a las que ningún niño debería estar expuesto”, dijo.

El gobierno afirmó que buscaba a cinco personas por juego ilegal. En cambio, 105 personas fueron arrestadas — todas por cargos civiles de inmigración. ¿Alguien consideró el trauma de los niños antes de aprobar la redada? Si lo hubieran hecho, nunca habría sucedido.

Para las familias inmigrantes, el miedo y la incertidumbre ahora moldean la vida diaria y la salud mental.

Una creciente emergencia de salud mental

Mayo fue el Mes de Concientización sobre la Salud Mental, pero creemos que debería llamarse el Mes de ACCIÓN por la Salud Mental. En todo el país, la salud mental de los niños está deteriorándose. La inestabilidad económica, el acoso escolar y la retórica de odio de líderes políticos agravan el estrés. Cuando los líderes menosprecian a las personas por su etnia, religión, género o identidad de género, o estatus migratorio, alimentan la hostilidad en la vida cotidiana.

Los resultados son devastadores: entre 2016 y 2021, las visitas de jóvenes a salas de emergencia por autolesiones aumentaron un 169 %. Una de cada cinco muertes infantiles es resultado del suicidio. En 2021, asociaciones pediátricas y psiquiátricas declararon una emergencia nacional en la salud mental infantil, y el miedo relacionado con la inmigración no ha hecho más que intensificar la crisis.

Casos trágicos como los suicidios de Jocelynn Rojo Carranza, de 11 años, y Gabriela Aparicio Ortega, de 13 — ambas acosadas por el supuesto estatus migratorio de sus padres — muestran el costo humano. Las adolescentes latinas ahora reportan algunas de las tasas más altas de intentos de suicidio en el país, según los CDC.

Los niños cargan el peso

Los “Dreamers” — personas nacidas en el extranjero, pero criadas en este país — continúan viviendo con inestabilidad mientras el futuro de DACA sigue siendo incierto. Vivir la vida en incrementos de cuatro años, ligados a la aprobación de una solicitud gubernamental, es en sí mismo una fuente de estrés crónico.

Mientras tanto, las separaciones familiares persisten. Arlit Maria Martínez, una madre en Maryland, fue detenida por ICE camino al trabajo. Dos días después, su hijo de 15 años murió de cáncer. Ella nunca pudo despedirse. Sus otros tres hijos sobreviven en una pesadilla.

Según datos del gobierno, ICE ha detenido a más de 6,200 niños en todo el país, algunos de tan solo dos años. Cada redada y detención inflige un daño psicológico duradero. Incluso los niños que solo presencian estas acciones internalizan la idea de que la seguridad es condicional.

Los padres también cargan con trauma y culpa. La aplicación de leyes migratorias funciona como un factor de estrés a nivel comunitario, alterando redes sociales, la estabilidad económica y cualquier sentido de seguridad. El miedo se infiltra en la vida cotidiana: determina a dónde van las familias, lo que dicen y si buscan ayuda.

Cuando las personas temen acudir a profesionales de la salud mental, el sufrimiento se vuelve estructural, no solo emocional. Nuestro sistema nervioso colectivo está bajo presión.

Qué pueden hacer los gobiernos

Las comunidades latinas siempre han encontrado fortaleza en la familia, la fe y el cuidado colectivo. Pero la resiliencia no debe reemplazar la inversión en infraestructura de salud mental. Debemos ir más allá de decirles a las personas que “busquen ayuda” y crear sistemas que hagan esa ayuda accesible, asequible y culturalmente competente.

Los gobiernos locales pueden invertir en asociaciones comunitarias de confianza. El condado de Prince George’s, Maryland, ofrece un modelo a través del Hope Center for Wellness y la ciudad de Hyattsville, una colaboración que financia proveedores locales, simplifica las referencias y garantiza que los residentes no enfrenten listas de espera interminables.

Los gobiernos estatales deben fortalecer y ampliar la fuerza laboral bilingüe y culturalmente competente mediante la mejora de tarifas de reembolso, el apoyo a programas de formación y la simplificación de licencias para que los proveedores puedan servir a diversas comunidades.

A nivel federal, el gobierno debe proteger los programas de condonación de préstamos que mantienen a trabajadores sociales y terapeutas en roles comunitarios. Debilitar estos programas reduce precisamente la fuerza laboral necesaria para enfrentar la crisis. La política federal debe, en cambio, invertir en el desarrollo de la fuerza laboral, la atención basada en la comunidad, el acceso al idioma y la equidad.

Y debemos ser claros: la política migratoria es política de salud mental. Reducir la detención y priorizar la unidad familiar no son solo acciones morales o políticas; son intervenciones de salud pública.

Si seguimos diciendo a las personas que “busquen ayuda” mientras mantenemos sistemas que les perjudican, no estamos cerrando la brecha — la estamos ampliando.

Si usted o alguien que ama está pasando por dificultades, hay ayuda disponible.
Llame a la línea nacional de SAMHSA: 1-800-662-4357 (gratis, confidencial, en inglés y español, 24/7).
Envíe el mensaje de texto “HELLO” al 741741 para comunicarse con la Línea de Crisis por Texto.

*Sindy Benavides es directora ejecutiva fundadora de Aquí: The Accountability Movement. La Dra. Cheryl Aguilar, PhD, LICSW, es una reconocida clínica de salud mental, investigadora y defensora centrada en la intersección entre salud mental, inmigración y atención culturalmente competente.

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Knowledge that nourishes: Mexican women share their culinary legacy

Some of the vegetables and herbs used in Mexican cuisine. (Photo: Leticia Roa Nixon)

Drexel University in Philadelphia, in collaboration with the Fleisher Art Memorial, has organized a course focused on food justice with Mexican immigrant women from South Philadelphia. This educational program will begin on June 22 and will run for 10 weeks.

Community leader Ivonne Pinto García, part of the project. (Photo: Leticia Roa Nixon)

Community leader Ivonne Pinto García is part of this initiative, led by Dr. Steve Vásquez Dolph with the university’s Food Lab, whose associate director and research chef is Rachel Sherman.

Steve Vásquez (left) and Gerard Silva (right). (Photo: Leticia Roa Nixon)

The well-known activist from Puebla shared: “Many years ago, I met Professor Steve, who teaches Spanish and culture at Drexel University. He guides his students to engage in conversations about issues that matter to us, such as the right to gardens, access to green spaces, and reclaiming our traditions and culture. He also encourages us to remember our ancestors through seeds: to know them, understand where they are planted, and identify community spaces where we can grow food and take part in both planting and harvesting. In this case, the central theme of the workshops is corn, the king of our table.”

Mary López is one of the chefs in the course. (Photo: Leticia Roa Nixon)

Two community chefs, Mary and Sonia, along with Susana, a talented baker, will share their culinary knowledge passed down from their families in Mexico. Twenty members of the immigrant community will take part in this free course alongside university students. They will learn about Mexican gastronomy and visit community gardens to complement their learning.

Front row, from left: Mary and Sonia; back row, from left: Victoria Rodríguez and Rachel Sherman. (Photo: Leticia Roa Nixon)

Student Victoria Rodríguez, an active participant in the course, highlighted the importance of “college students experiencing Mexican culinary traditions firsthand in an intergenerational setting.”

Dr. Steve Vásquez Dolph, dedicated to community-based education. (Photo: Leticia Roa Nixon)

Steve Vásquez Dolph was born in Queens, New York, to Colombian immigrant parents. He holds a Ph.D. in Spanish and Portuguese studies from the University of Pennsylvania. At Drexel, he works closely with the Latino community in Philadelphia. In 2023, he was named Associate Dean for Diversity, Equity, and Inclusion in the College of Arts and Sciences. He has collaborated with local organizations such as the Sankofa Community Farm at Bartram’s Garden, the César Andreu Iglesias Community Garden, and the Norris Square Neighborhood Project to develop the course “Food Security and Land in Philadelphia.”

Raíces mexicanas florecen en curso de justicia alimentaria en Filadelfia

La líder comunitaria Ivonne Pinto García, parte del proyecto. (Foto: Leticia Roa Nixon)

La Universidad Drexel de Filadelfia, en colaboración con la organización artística Fleisher Art Memorial, ha organizado un curso enfocado en la justicia alimentaria junto a mujeres inmigrantes mexicanas del sur de la ciudad.

Este proceso educativo comenzará el 22 de junio y tendrá una duración de 10 semanas.

La líder comunitaria Ivonne Pinto García forma parte de esta iniciativa, liderada por el doctor Steve Vásquez Dolph en conjunto con el Food Lab de la universidad, cuya directora asociada y chef investigadora es Rachel Sherman.

Steve Vásquez a la izquierda y Gerard Silva a la derecha. (Foto: Leticia Roa Nixon)

La reconocida activista poblana expresó: “Hace muchos años conocí al profesor Steve, quien imparte español y cultura en la Universidad Drexel. Él guía a sus estudiantes a dialogar sobre temas que nos importan, como el derecho a los jardines, el acceso a espacios verdes, y la recuperación de nuestras tradiciones y cultura. También nos invita a recordar a nuestros ancestros a través de las semillas: conocerlas, entender dónde se siembran, y qué espacios comunitarios nos permiten cultivar y participar tanto en la siembra como en la cosecha. En este caso, el tema central de los talleres es el maíz, el rey de nuestra mesa”.

Mary López es una de las chefs del curso. (Foto: Leticia Roa Nixon)

Dos chefs de la comunidad, Mary y Sonia, junto con Susana, una talentosa repostera, compartirán su conocimiento culinario, heredado de sus familias en México. Veinte miembros de la comunidad inmigrante participarán en este curso gratuito junto a estudiantes universitarios. Aprenderán sobre gastronomía mexicana y visitarán jardines comunitarios para complementar su formación.

Al frente, a la izquierda Mary; a la derecha Sonia; atrás, a la izquierda Victoria Rodríguez y a la derecha Rachel Sherman. (Foto: Leticia Roa Nixon)

La estudiante Victoria Rodríguez, participante activa del curso, destacó la importancia de que “los estudiantes universitarios conozcan directamente el arte culinario de la gastronomía mexicana en un entorno intergeneracional”.

Doctor Steve Vásquez Dolph, dedicado a la educación basada en la comunidad. (Foto: Leticia Roa Nixon)

Steve Vásquez Dolph nació en el distrito de Queens, Nueva York, hijo de inmigrantes colombianos. Cuenta con un doctorado en estudios de español y portugués de la Universidad de Pensilvania. En Drexel, colabora activamente con la comunidad latina de Filadelfia. En 2023 fue nombrado decano asociado de Diversidad, Equidad e Inclusión en la Facultad de Artes y Ciencias. Ha trabajado con organizaciones locales como la granja comunitaria Sankofa en Bartram’s Garden, el jardín comunitario César Andreu Iglesias y el Proyecto Vecinal de Norris Square para desarrollar el curso “Seguridad Alimentaria y Tierra en Filadelfia”.

Dual achievement: Esperanza Academy and Cyber students graduate from Early College Program

The Classes of 2026 from Esperanza’s schools are not only celebrating their graduation, but also marking the beginning of a new generation of Latino leaders ready to uplift and strengthen their community.

Philadelphia, PA — Esperanza Academy Charter School (EACS) proudly celebrated that 28 students from the Class of 2026 are graduating this year with a dual academic achievement: their high school diploma and an associate degree earned through its Early College Program, in partnership with Esperanza College of Eastern University. An additional six students from Esperanza Cyber Charter School also graduated, bringing the total number of Early College Program graduates to 34 this year.

An achievement that transforms families

In the Hunting Park community, where Esperanza Academy has served students since 2000, this milestone means far more than a diploma. For many Latino families, it represents a real pathway to economic mobility, stability, and generational progress.

The school serves over 2,200 students in grades K–12, offering strong academic programs including Advanced Placement (AP), career-focused majors, and early college opportunities.

College while still in high school

The Early College Program allows eligible students to begin taking college-level courses in 11th or 12th grade, with the opportunity to earn an associate’s degree at no cost, saving families thousands of dollars in tuition.

Fields of study include:
Business Administration
Community and Human Services
Criminal Justice
Early Childhood Education
Health Sciences
Media & Technology
Medical Assistance

Community pride and hope

Dr. Evelyn Nuñez, CEO/Superintendent, shared:

“We are incredibly proud of these students. Earning both a high school diploma and an associate’s degree requires extraordinary dedication. We look forward to expanding this pathway so more students can benefit in the future.”

Reverend Luis Cortés, Jr., Founder and CEO of Esperanza, added:

“These graduates show what is possible when a community invests in its people. This achievement proves that the barriers Latino families have faced for generations can be overcome.”

More than a school: a community of opportunity

Esperanza Academy continues opening doors through higher education, preparing students who are bilingual, culturally aware, and ready for success in the 21st century.

Behind this success is Esperanza, an organization founded in 1986 that now serves about 35,000 individuals annually through programs in education, housing, economic development, arts, and social impact.

In Hunting Park, its mission is clear: to build a community where quality schools, affordable housing, thriving small businesses, and vibrant culture create pathways for all to succeed.

Sugar Cane Festival honors Puerto Rican roots in Philadelphia

Bundles of sugar cane were displayed at the festival, honoring a symbol tied to Puerto Rican history and memory. (Photo: Taíno Studios)

APM’s 22nd annual festival brought music, food, dominoes, vendors, community resources, and a renewed call to preserve Latino cultural spaces in North Philadelphia.

Philadelphia, PA — On Saturday, June 6, Asociación Puertorriqueños en Marcha (APM) brought its 22nd Annual Sugar Cane Festival to 6th Street and Susquehanna Avenue, filling the heart of North Philadelphia with music, food, dominoes, vendors, children’s activities, community resources, and Puerto Rican cultural pride.

Crowds filled 6th Street and Susquehanna Avenue during APM’s 22nd Annual Sugar Cane Festival in North Philadelphia. (Photo: Taíno Studios)

For 22 years, the annual festival has gathered the community around the symbol of sugar cane in Puerto Rican history. Sugar cane recalls the island’s agricultural past, the labor of earlier generations, and the migration stories that helped shape Puerto Rican life across North Philadelphia. The festival aims to honor those roots every year.

Dancers performed in front of the Sugar Cane Festival stage during the annual celebration of Puerto Rican culture. (Photo: Taíno Studios)

The program opened with music and announcements from Rumba 106.1, followed by a comparsa performance by Plena Vida. Ilia Garcia of Univision 65 served as emcee, welcoming attendees and helping guide the afternoon’s program.

Remarks from APM leadership, elected officials, sponsors, and community partners reflected the festival’s role as both a cultural celebration and a community gathering space. Speakers highlighted APM’s ongoing work in North Philadelphia, the importance of preserving Puerto Rican heritage, and the partnerships that help make the annual festival possible.

Crowds filled 6th Street and Susquehanna Avenue during APM’s 22nd Annual Sugar Cane Festival in North Philadelphia. (Photo: Taíno Studios)

Throughout the afternoon, the festival featured live performances by Los Dominantes, Plena Vida, and Combo Melaza, along with raffle giveaways, a domino tournament, a children’s area, food trucks, health information, and community resource tents. The day brought together the sounds of bomba, plena, jíbara music, salsa, and neighborhood celebration.

The festival also served as a reminder of APM’s broader role in North Philadelphia. Beyond the performances and food, the resource tents connected residents to local organizations, services, health information, and small businesses.

During the festival, Manuel Delgado, MA, APM’s Chief Operating Officer, announced the organization’s ongoing effort to revamp Teatro Puerto Rico, connecting the day’s celebration to a larger investment in Latino arts and cultural infrastructure.

A festival volunteer pressed fresh sugar cane juice during APM’s 22nd Annual Sugar Cane Festival. (Photo: Taíno Studios)

APM’s vision for Teatro Puerto Rico is to restore the space as a sustainable community theater where Latino talent can thrive, new jobs can grow, and young people can explore technical theater and the arts. The organization is currently leading a $10 million capital campaign to help bring the theater back to life.

That connection between past and future ran through the festival. It could be seen in the music, in the domino tables, in the food, in the families walking the block, and in the vendor tents where artists and small businesses carried cultural memory forward through their work.

Neryna, founder of Neryna’s Raíces Collection, displayed Taíno-inspired artwork during the festival. (Photo: Taíno Studios)

One of those vendors was Neryna, founder of Neryna’s Raíces Collection. Her handmade, Taíno-inspired artwork reflects Puerto Rican cultural roots through symbols and designs connected to ancestral memory.

“Most Puerto Ricans know of their Taíno ancestry, but there are younger Puerto Ricans who do not, and so I hope to keep our ancestors’ story going with the art I create,” Neryna said.

Her presence was part of a broader spirit at the festival: artists and small businesses using their tents not only to sell, but to share identity and pride.

A Puerto Rican flag waved in front of Teatro Puerto Rico, which APM is working to restore as a Latino cultural space in North Philadelphia. (Photo: Taíno Studios)

For APM, the Sugar Cane Festival was both a celebration and a community platform. It brought joy to the street while also connecting residents to services, cultural institutions, small businesses, and the continuing story of Puerto Rican life in Philadelphia.

As Philadelphia prepares to mark the nation’s 250th anniversary in 2026, APM’s Sugar Cane Festival offered a reminder that American history also lives in the stories of Puerto Rican history. On 6th Street and Susquehanna Avenue, those stories were heard through the steady work of a community continuing to honor where it comes from.

(Photo: Taíno Studios)

El Festival de la Caña de Azúcar honra las raíces puertorriqueñas en Filadelfia

Una bandera puertorriqueña ondeó frente al Teatro Puerto Rico, que APM trabaja para restaurar como espacio cultural latino en el norte de Filadelfia. (Foto: Taíno Studios)

El 22.º festival anual de APM reunió música, comida, dominó, vendedores, recursos comunitarios y un renovado llamado a preservar los espacios culturales latinos en el norte de Filadelfia.

Filadelfia, PA — El sábado 6 de junio, la Asociación Puertorriqueños en Marcha (APM) celebró su 22.º Festival Anual de la Caña en la calle 6 y la avenida Susquehanna, llenando el corazón del norte de Filadelfia con música, comida, dominó, vendedores, actividades para niños, recursos comunitarios y orgullo cultural puertorriqueño.

Multitudes llenaron la calle 6 y la avenida Susquehanna durante el 22.º Festival Anual de la Caña de Azúcar de APM en el norte de Filadelfia. (Foto: Taíno Studios)

Durante 22 años, este festival anual ha reunido a la comunidad en torno al símbolo de la caña de azúcar en la historia de Puerto Rico. La caña evoca el pasado agrícola de la isla, el trabajo de generaciones anteriores y las historias de migración que ayudaron a dar forma a la vida puertorriqueña en el norte de Filadelfia. El festival busca honrar esas raíces cada año.

Bailarinas se presentaron frente al escenario del Festival de la Caña de Azúcar durante la celebración anual de la cultura puertorriqueña. (Foto: Taíno Studios)

El programa comenzó con música y anuncios de Rumba 106.1, seguido por una comparsa de Plena Vida. Ilia García de Univision 65 fue la maestra de ceremonias, dando la bienvenida a los asistentes y guiando el programa de la tarde.

Los comentarios de líderes de APM, funcionarios electos, patrocinadores y socios comunitarios reflejaron el papel del festival como celebración cultural y espacio de encuentro comunitario. Los oradores destacaron el trabajo continuo de APM en el norte de Filadelfia, la importancia de preservar la herencia puertorriqueña y las alianzas que hacen posible el evento anual.

Durante la tarde, el festival incluyó presentaciones en vivo de Los Dominantes, Plena Vida y Combo Melaza, además de rifas, un torneo de dominó, un área infantil, camiones de comida, información de salud y carpas de recursos comunitarios. El día reunió los sonidos de la bomba, la plena, la música jíbara, la salsa y la celebración del vecindario.

Multitudes llenaron la calle 6 y la avenida Susquehanna durante el 22.º Festival Anual de la Caña de Azúcar de APM en el norte de Filadelfia. (Foto: Taíno Studios)

El festival también sirvió como recordatorio del papel más amplio de APM en el norte de Filadelfia. Más allá de las presentaciones y la comida, las carpas de recursos conectaron a los residentes con organizaciones locales, servicios, información de salud y pequeños negocios.

Durante el evento, Manuel Delgado, MA, director de Operaciones de APM, anunció el esfuerzo continuo de la organización para revitalizar el Teatro Puerto Rico, conectando la celebración con una inversión más amplia en las artes y la infraestructura cultural latina.

Manojos de caña de azúcar se exhibieron en el festival, honrando un símbolo ligado a la historia y la memoria puertorriqueña. (Foto: Taíno Studios)

La visión de APM para el Teatro Puerto Rico es restaurarlo como un teatro comunitario sostenible donde el talento latino pueda prosperar, se generen nuevos empleos y los jóvenes exploren el teatro técnico y las artes. Actualmente, la organización lidera una campaña de capital de 10 millones de dólares para devolverle la vida al teatro.

Esa conexión entre pasado y futuro estuvo presente durante todo el festival. Se podía ver en la música, en las mesas de dominó, en la comida, en las familias recorriendo la calle y en las carpas de vendedores donde artistas y pequeños negocios transmitían la memoria cultural a través de su trabajo.

Neryna, fundadora de Neryna’s Raíces Collection, exhibió su arte inspirado en los taínos durante el festival. (Foto: Taíno Studios)

Una de esas vendedoras fue Neryna, fundadora de Neryna’s Raíces Collection. Su obra artesanal, inspirada en los taínos, refleja las raíces culturales puertorriqueñas mediante símbolos y diseños conectados con la memoria ancestral.

“Muchos puertorriqueños conocen su ascendencia taína, pero hay jóvenes que no, y espero mantener viva la historia de nuestros ancestros a través del arte que creo”, dijo Neryna.

Su presencia formó parte de un espíritu más amplio en el festival: artistas y pequeños negocios que utilizan sus espacios no solo para vender, sino también para compartir identidad y orgullo.

Para APM, el Festival de la Caña de Azúcar fue tanto una celebración como una plataforma comunitaria. Llevó alegría a la calle mientras conectaba a los residentes con servicios, instituciones culturales, pequeños negocios y la historia viva de la comunidad puertorriqueña en Filadelfia.

Un voluntario del festival exprimió jugo fresco de caña durante el 22.º Festival Anual de la Caña de Azúcar de APM. (Foto: Taíno Studios)

Mientras Filadelfia se prepara para conmemorar el 250.º Aniversario de la Nación en 2026, el Festival de la Caña de Azúcar de APM recordó que la historia estadounidense también vive en las historias puertorriqueñas. En la calle 6 y la avenida Susquehanna, esas historias se escucharon a través del trabajo constante de una comunidad que continúa honrando sus raíces.

(Foto: Taíno Studios)

El duelo invisible del inmigrante

Muchas personas no son conscientes del impacto mental y psicológico que implica abandonar la propia patria para intentar un nuevo comienzo en un país y una cultura desconocida. (Foto: EFE/Ángel Colmenares)

Cuando hablamos de inmigración, con frecuencia nos enfocamos en las oportunidades, los desafíos económicos o los procesos legales que enfrentan quienes llegan a un nuevo país. Sin embargo, existe una realidad de la que se habla poco: el duelo emocional que acompaña a millones de inmigrantes.

Migrar implica mucho más que cruzar una frontera. Significa dejar atrás familias, amistades, costumbres, tradiciones y, en muchos casos, una identidad construida durante años. Para algunos, también implica abandonar una profesión, un estatus social o proyectos de vida que parecían estar encaminados.

La adaptación a una nueva cultura, un nuevo idioma y nuevas formas de vida puede resultar un proceso complejo. Aunque muchas personas logran salir adelante, no todas cuentan con las herramientas emocionales necesarias para enfrentar los cambios y las pérdidas que acompañan la experiencia migratoria.

En el caso de muchos hombres inmigrantes, el reto suele ser aún más silencioso. Las expectativas culturales que les han sido inculcadas desde la infancia les exigen ser fuertes, proveedores y capaces de soportar cualquier adversidad sin mostrar vulnerabilidad.

Durante generaciones, escuchar frases como “los hombres no lloran” o “hay que aguantar” formó parte de la educación de muchos. Como consecuencia, hablar sobre sentimientos, ansiedad o depresión sigue siendo difícil para una gran parte de la población masculina.

Cuando las emociones no encuentran espacios para expresarse, algunas personas recurren a mecanismos de escape. El alcohol, las drogas, el exceso de trabajo o las conductas autodestructivas pueden convertirse en formas temporales de aliviar el dolor emocional, aunque a largo plazo terminan profundizando el problema.

La soledad es otro de los desafíos más frecuentes. Muchos inmigrantes viven lejos de sus redes de apoyo y enfrentan dificultades para establecer nuevas conexiones. A esto se suma la presión económica y la responsabilidad de sostener a familiares tanto en Estados Unidos como en sus países de origen.

La situación puede resultar particularmente frustrante para quienes llegaron con estudios universitarios, experiencia profesional o una posición estable en sus comunidades. Comenzar desde cero puede generar sentimientos de pérdida, frustración e incertidumbre sobre el futuro.

Especialistas en salud mental han señalado que los procesos migratorios suelen ir acompañados de múltiples duelos: la pérdida del hogar, del entorno familiar, del idioma y de las referencias culturales que forman parte de la identidad de una persona. Sin embargo, estos duelos suelen pasar desapercibidos porque la prioridad inmediata es sobrevivir y adaptarse.

Por ello, es fundamental reconocer que la salud mental también forma parte del bienestar de la comunidad inmigrante. Buscar apoyo profesional, participar en espacios comunitarios y hablar abiertamente sobre las emociones no deben interpretarse como una señal de debilidad, sino como una herramienta para construir una vida más saludable y equilibrada.

En nuestra comunidad, existen profesionales y organizaciones que trabajan a diario para brindar orientación y acompañamiento emocional a las familias inmigrantes. A través de programas de radio, talleres y espacios educativos, continúan promoviendo conversaciones necesarias sobre salud mental, adaptación cultural y bienestar emocional.

Entre otros programas como el de CRISOL, existen recursos disponibles para la comunidad inmigrante en Filadelfia. Para saber más de ellos puede comunicarse al correo electrónico philatinosradio@gmail.com o llamar al 215-764-6069.

Reconocer el duelo invisible del inmigrante es el primer paso para construir comunidades más fuertes, informadas y capaces de apoyarse mutuamente en el proceso de iniciar una nueva vida lejos de casa.

Esperanza College honra a sus graduandos del 2026

Graduandos, facultad, y administración de Esperanza College. (Foto: Thomas Baker)

El sábado 16 de mayo, Esperanza College conmemoró la graduación de la clase del 2026. La facultad, la administración, familiares y amistades se unieron para celebrar a los graduandos.

El colegio festejó en otoño su 25.º aniversario. Desde la primera clase graduanda en el 2004, un total de 1120 estudiantes han obtenido su grado asociado. Muchos han continuado obteniendo sus bachilleratos y, en algunos casos, sus maestrías y otros grados avanzados.

Esta es la clase más grande en graduarse. Ochenta y dos estudiantes obtuvieron su grado asociado en los siguientes programas: administración de empresas, servicios humanos y comunitarios, justicia criminal, manejo de e-sports, ciencias de la salud, asistencia médica y, medios y tecnología. La mayoría de los graduados continuarán sus carreras académicas en otoño.

El éxito académico de esta clase es extraordinario. Catorce estudiantes terminaron sus estudios con un promedio de calificaciones de 3.9 o más.

Guelmi Martinez, Valedictorian Clase 2026 de Esperanza College. (Foto: Thomas Baker)

Guelmi Martinez fue el valedictorian, el estudiante con el promedio más alto de la clase. Su mensaje a sus compañeros graduandos fue inspirador. “Triunfar no es solo acerca de lo que logramos para nosotros; incluye también cómo ayudamos a las personas a nuestro alrededor”, mencionó. La salutatorian, la estudiante con el segundo promedio más alto, fue Aliyah Baez-Davis.

La clase incluyó un grupo de treinta y cuatro jóvenes del Programa de «Early College». El programa es una colaboración entre Esperanza College, Esperanza Academy Charter y Esperanza Cyber Charter School. Estos estudiantes completaron sus grados asociados a la misma vez que se graduaron de la escuela superior.

Graduandos del programa “Health Occupations Pathways”, una colaboración con Jefferson Health. (Foto: Thomas Baker)

Siete graduandos fueron parte de la clase piloto del programa “Health Occupations Pathways”. Esta colaboración con Jefferson Health y el Distrito Escolar de Filadelfia, les provee la oportunidad a estudiantes a trabajar a tiempo completo en Jefferson mientras completan su grado asociado en Esperanza College.

Marilyn Marsh decana retirada de Esperanza College fue honrada durante la graduación. (Foto: Thomas Baker)

Un momento especial fue la celebración de la Sra. Marilyn Marsh. Marilyn fue la decana ejecutiva de Esperanza College desde el 2019 hasta su retiro a principios de este año. Ella recibió un fuerte aplauso y un regalo por su contribución en acelerar la misión de la institución.

Esta clase diversa incluyó estudiantes tradicionales y adultos con familias, estudiantes diurnos y de noche, estudiantes presenciales y virtuales. El mensaje de Guelmi lo recapitula de esta manera, “El recorrido de cada uno es diferente. Algunos llegamos aquí con menos obstáculos, otros tuvimos que luchar con dificultades invisibles. Lo importante es que lo logramos. Debemos estar orgullosos de llegar a este momento”.

 Todos en el equipo de Esperanza College estamos de acuerdo. Estamos muy orgullosos de nuestros graduandos.

* Nilsa R. Graciani, Ph. D. Academic Dean, Esperanza College.