La comunidad de Hunting Park recibió comida en el Food Drive de Concilio (Foto: Haydeé Rosario/ Impacto staff)
A pesar del intenso frío del pasado 13 de noviembre, decenas de familias comenzaron a hacer fila desde tempranas horas de la mañana frente a las instalaciones de Concilio, en 141 E. Hunting Park Avenue, para recibir alimentos como parte de un esfuerzo comunitario que busca atender la creciente necesidad entre las familias latinas de Filadelfia.
Aunque la distribución estaba programada para comenzar a las 11:30 a.m., la fila comenzó desde mucho antes. En medio de un clima económico difícil y un ambiente de inseguridad percibida, muchos asistentes prefirieron permanecer en el anonimato, pero aun así mostraron agradecimiento por la ayuda recibida.
Voces de la comunidad
Entre los presentes se encontraba Margarita, una puertorriqueña con 5 años en Filadelfia, quien llegó equipada para enfrentar el frío. Ella recibe alimentos desde hace cinco años y aseguró que la ayuda existe, pero requiere esfuerzo. “La gente que diga que aquí en Filadelfia no hay ayudas es porque no quieren pasar trabajo”, expresó.
Otra madre joven, acompañada de su hija, relató que era su primera vez en una distribución de alimentos y que, aunque no sabía qué recibiría “Cualquier ayuda es buena”. Agradeció la iniciativa de Concilio en medio de tiempos difíciles.
Un esfuerzo organizado y comunitario
Personal y voluntarios de Concilio trabajaron intensamente para mantener un proceso ordenado: clasificaron alimentos, llenaron bolsas, entregaron formularios para recopilar información de las familias y distribuyeron números para asegurar un sistema justo.
Leslie Fuentes, coordinadora del programa, explicó que la meta es mantener la iniciativa activa durante todo el año “La comunidad necesita comida. Lo que está pasando con la política ha impactado muy fuerte. Esperamos recibir la beca de Filadelfia para poder hacer esta entrega dos veces por semana”.
Según Fuentes, reciben productos como vegetales frescos, arroz, habichuelas y frutas, y entre 100 y 150 personas participan en cada jornada. En ocasiones, la comida se agota en menos de una hora debido a la alta demanda. La coordinadora también habló sobre el impacto emocional que observa en la comunidad: “La gente no está bien emocionalmente. Se les ve la angustia y la desesperación”.
La meta principal es conseguir más alianzas que permitan ofrecer alimentos durante los 12 meses del año.
Apoyo más allá de la comida
Además de la distribución, Concilio se ha enfocado en orientar a las familias sobre dónde encontrar otros recursos. Carmen Rosario, encargada de iniciativas comunitarias, recordó que al inicio del programa notaron que muchos residentes no sabían dónde buscar ayuda.
“Empezamos a brindar información de todos los food drives y food banks de los alrededores para que no tuvieran que ir muy lejos”.
Aunque comenzaron atendiendo a los códigos postales 19140, 19124 y 19134, pronto llegaron familias de Fairhill, North Philadelphia, Kensington, Spring Garden, Fairmount e incluso del sur de Filadelfia.
Rosario afirmó que su mayor satisfacción es responder a las necesidades reales de la comunidad, y envió un mensaje de ánimo: “No se venzan. Siempre habrá dificultades, pero sigan luchando y dando buen ejemplo a los niños”.
Concilio se prepara para realizar más entregas de alimentos antes de que finalice el año, reafirmando su compromiso con las familias puertorriqueñas y latinas de Filadelfia.
Los Ángeles (EE. UU.).- El Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE) anunció el pasado 14 de noviembre una iniciativa para verificar que unos 450.000 de los menores de edad inmigrantes que entraron solos a EE. UU. y fueron entregados bajo custodia de familiares o patrocinadores se encuentren seguros.
Las autoridades migratorias contarán con el apoyo de las policías locales que hayan suscrito el programa de colaboración 287(g) para echar adelante la ‘Iniciativa de Verificación de Seguridad’, como se ha bautizado el plan.
ICE indicó en un comunicado que el objetivo de esta medida es realizar verificaciones de bienestar en los hogares de unos 450.000 menores de edad para garantizar su seguridad y que no estén siendo explotados.
La subsecretaria del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) Tricia McLaughlin dijo en la nota de prensa que la Administración del presidente Donald Trump ya ha realizado visitas domiciliarias a más de 24.000 niños que ingresaron solos al país y fueron entregados a sus familiares o patrocinadores.
“Hemos intensificado nuestros esfuerzos para rescatar a los niños víctimas de trata sexual y laboral, trabajando con nuestros socios de las policías estatales y locales para localizarlos”, subrayó McLaughlin.
La iniciativa comenzó a implementarse a comienzos de esta semana en el estado de Florida y se extenderá gradualmente con otros socios del programa 287(g) en todo el país.
Como parte de esta medida, ICE arrestó al menos tres hondureños en Florida que tenían acusaciones por delitos criminales, aunque no relacionadas con el cuidado de los menores.
Defensores de los derechos de los inmigrantes han advertido que estos controles podrían llevar al arresto de familiares indocumentados de los menores que residan con ellos, a pesar que no tengan récord criminal.
Vista de una alacena repleta de salchichas precocinadas en un supermercado de Washington, Estados Unidos. Imagen de archivo. EFE/Jim Lo Scalzo
El consumo de alimentos ultraprocesados estaría relacionado con el incremento del riesgo de cáncer de colon en jóvenes, especialmente en Estados Unidos, donde estos productos representan cerca del 70 % de la oferta alimentaria, según una investigación publicada en la revista JAMA Oncology.
Los participantes en el estudio que presentaron un consumo elevado de ultraprocesados (UPF, en inglés), – en torno a las 10 raciones diarias-, mostraron un 45 % mayor de riesgo a presentar crecimientos precancerígenos antes de los 50 años, frente a aquellos con una ingesta reducida de estos alimentos.
Según los expertos, estos crecimientos pueden convertirse posteriormente en cáncer y son un buen indicador del riesgo de padecerlo.
El análisis, realizó un seguimiento a más de 29.100 enfermeras estadounidenses durante 24 años, del 1991 a 2015. Los hallazgos fueron analizados en los últimos meses.
Entre los alimentos ultraprocesados detectados por los científicos en las dietas de las mujeres estudiadas, predominan los panes y cereales para el desayuno, las salsas, cremas para untar, y las bebidas azucaradas o endulzadas artificialmente.
Este estudio se suma a la creciente alerta entre la comunidad científica, que relaciona el consumo de UPFs a un aumento significativo de las probabilidades de desarrollar adenomas colorrectales no cancerosos a edades tempranas.
La ingesta de estos alimentos, que suelen ser altos en calorías y en sodio, también se asocia con la depresión, la diabetes tipo 2 y la muerte prematura.
Tras la publicación del artículo, uno de sus autores, el doctor Andrew Chan; aclaró a la cadena CNN que estas conclusiones no establecen «una relación de causa y efecto», aunque sí ofrecen pistas de que la alimentación puede influir significativamente en la salud de las personas.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, cosecha açaí en un asentamiento en Itacoa Miri, Belém, el lunes 3 de noviembre de 2025, antes de la Cumbre del Clima de la ONU COP30. (AP Foto/Eraldo Peres)
BELÉM, Brasil— Algunos amantes del açaí que visitan Brasil para la cumbre climática de la ONU se llevarán una sorpresa cuando prueben la baya tan popular en batidos y tazones de desayuno en todo el mundo.
Los tazones de açaí servidos por los vendedores en Belém, la ciudad sede de la 30va cumbre anual del clima Naciones Unidas sobre el clima, conocida formalmente como COP30, son fieles a las raíces de la selva tropical: sirven la fruta adulterar y sin azúcar.
Esta preparación tradicional ha sido difícil de vender para algunos visitantes, acostumbrados a la crema de açaí congelada y endulzada que se vende en otros países y en otras partes de Brasil.
Catherine Bernard, una visitante de 70 años de Francia, expresó al probar un tazón tradicional de açaí en el centro de Belém el jueves: “No puedo decir que esto sea malo y respeto totalmente su importancia cultural, pero aún prefiero la versión tipo helado”.
“Tal vez si le agregamos un poco de miel, algo de banana”, añadió.
No es un postre
Las personas en el Amazonas, donde la baya rica en nutrientes ha sido cultivada durante siglos por poblaciones indígenas, no tratan sus tazones de açaí como un acompañamiento o postre.
A menudo es el plato principal de cualquier comida. No añaden granola, fruta fresca ni nueces. El azúcar está prohibido. Servido a temperatura ambiente, el plato tradicional es un líquido espeso preparado a partir de bayas enteras y un poco de agua, típicamente espolvoreado con harina de tapioca.
Los locales esperan que al exponer a los visitantes a esta mezcla original aumente la conciencia sobre una fruta que enfrenta presión por aranceles y un entorno cambiante.
“El açaí que proviene de los pueblos indígenas es el alimento cuando no hay comida. Nunca fue una bebida o un extra. Puede ser el plato principal para nosotros”, explicó Tainá Marajoara, activista y propietaria de un restaurante, a The Associated Press, luciendo un tocado indígena.
Mientras Marajoara vertía un poco del líquido oscuro en un tazón amazónico llamado “cuia”, un recipiente tradicionalmente hecho de calabazas y ahora popular en todo Brasil, comentó que los árboles de açaí necesitan un entorno protegido en la selva para estar en su mejor estado.
“El açaí también es la sangre que corre en el bosque”, añadió.
El restaurante de Marajoara en el pabellón de la COP30 cobra 25 reales brasileños (5 dólares) por un tazón, aproximadamente lo mismo que los tazones en otras partes de Brasil que utilizan crema de açaí procesada industrialmente y endulzada, a menudo con coberturas.
Esa versión se popularizó a mediados de la década de 1990 entre surfistas y luchadores de jiujitsu en Río de Janeiro, y luego se exportó por todo el mundo a medida que millones de turistas desarrollaron un gusto por ella.
Incluso en muchas partes de Brasil, puede ser difícil encontrar açaí sin endulzar. Algunos padres brasileños que quieren que sus hijos tengan los beneficios del superalimento sin el azúcar buscan tiendas que vendan crema de açaí sin edulcorantes añadidos. Pero la mayoría de las marcas populares solo producen versiones endulzadas.
De dónde proviene el açaí del mundo
Casi todo el açaí consumido en Estados Unidos proviene de Brasil, y el estado de Pará, cuya capital es Belém, representa el 90% de la producción total del país. Muchas comunidades en el Amazonas dependen de su cosecha, que en gran medida se destina al producto industrializado.
Los precios de los batidos de açaí son inciertos para los consumidores en Estados Unidos, ya que el producto está sujeto a un arancel del 50% impuesto por el presidente estadounidense Donald Trump a muchas exportaciones brasileñas.
La cosecha de açaí es un trabajo físicamente exigente que requiere que los trabajadores conocidos como “peconheiros” trepen a árboles altos con equipo de seguridad mínimo para llenar cestas y colocarlas cuidadosamente en cajas.
Una caja de açaí se vende por unos 50 dólares en los mercados locales de Brasil, un precio que se espera que caiga en picado si las ventas en Estados Unidos disminuyen. Estados Unidos es, con mucho, el mayor importador de açaí de una producción total brasileña, actualmente estimada en alrededor de 70.000 toneladas (63.500 toneladas métricas) por año.
En algunas áreas costeras del Amazonas con poca protección ambiental, la erosión está cambiando el sabor de algunos açaí, haciéndolos más salados y menos coloridos. Por eso, personas como Marajoara siguen impulsando no solo sus tazones originales durante la COP30, sino también una mayor vigilancia para los árboles de açaí de la región.
“El açaí que pertenece a nuestra cultura alimentaria proviene de áreas de llanuras aluviales, de un ecosistema saludable”, dijo. “Para que el açaí sea saludable, la selva tropical también debe estar saludable”.
Joe Sacco, periodista gráfico que ha convertido el cómic en soporte de precisas crónicas sobre Palestina, Bosnia o Gaza, en una entrevista con EFE con motivo de la publicación en España de su último trabajo, 'El disturbio eterno'. EFE/ Enric Fontcuberta.
Barcelona.- Joe Sacco es un periodista gráfico que ve difícil aspirar a la verdad pura en sus reportajes en formato cómic -objetivo inasumible- pero que no renuncia, incluso si estos mienten, a dar voz a los protagonistas reales, como en ‘El disturbio eterno’, su último trabajo, sobre las luchas religiosas en la India.
Al igual que en crónicas anteriores, Sacco parte de un conflicto satélite, uno de esos episodios lejanos y olvidados de violencia, en el estado de Uttar Pradesh, ocurrido en 2013, entre comunidades hindúes y musulmanas.
El odio como arma política
Unos hechos que pasarían desapercibidos en el disputado registro planetario de atrocidades, pero en los que este reportero pone el foco para mostrar el uso interesado del odio étnico y religioso como arma política, y el papel de la mujer como diana de la violencia para inflamar los conflictos.
«Preguntar, descubrir hechos, contrastar testimonios, detectar mentiras, creo que los periodistas tienen que ser detectives para luego informar, ése es el gozo del buen periodismo», defiende Sacco en una entrevista con EFE en Barcelona, en la que avanza que está valorando apartarse de la primera línea.
Nacido en Malta (1960), pero residente en EE. UU., este cronista es el «culpable» del prestigio logrado por el cómic como un soporte periodístico, gracias a sus precisos trabajos sobre Palestina o los territorios de la ex-Yugoslavia.
En ‘El disturbio eterno’ Sacco se planta en la India -él mismo es parte de la trama- para tirar de la enmarañada madeja en torno a un suceso que acabó en unos graves enfrentamientos entre pueblos y el desplazamiento de miles de personas.
El reportero se enfrenta a la muerte de dos jóvenes primos de la casta hindú de los Jat, en venganza por el asesinato de otro chico musulmán, y a los contradictorios relatos cruzados de familiares, vecinos y cargos administrativos locales, en un contexto de división y cambio, con una India cada vez menos laica, que llevó al poder a Narendra Modi y a su Partido Popular Indio.
«Es un libro de periodismo puro», remarca el autor.
Para Sacco, el fenómeno político de buscar culpables externos ante el malestar social en países en crisis (económicas o ideológicas) es un proceso cíclico.
«Vuelve a estar en auge. Lo vemos en Occidente, hay grupos demonizados por los políticos, porque el miedo al otro funciona muy bien. No se busca lo que falla en el sistema, se busca a quién culpar: un político puede ascender simplemente culpando a los migrantes», denuncia el maltés.
«Una limpieza étnica» en Palestina
Gracias a sus reportajes, Sacco tiene un gran número de amigos en Palestina y no duda en usar la palabra «genocidio» para definir las acciones del Gobierno de Netanyahu, y su visión de «Viejo Testamento» para lograr la «aniquilación» de la población de estos territorios.
«Es un comportamiento absolutamente asesino. Quedó claro que lo consideraban su oportunidad para hacer una limpieza étnica», denuncia Sacco, crítico con el papel desempeñado por EE. UU., Reino Unido y Alemania.
«No es que no haya hoja de ruta para después, es que no hay nada. Está todo destruido, aplastado, incluso con el alto el fuego, Israel sigue demoliendo edificios. Quieren que no quede nada. La gente está desesperada», afirma descorazonado.
El reportero alaba el papel «heroico» de los periodistas locales, los únicos que cubrieron el conflicto, y lamenta que desde Occidente se desconfíe de su trabajo e imparcialidad por ser palestinos, pese a que las fuerzas israelíes hayan matado a centenares de ellos, «no por estar en el lugar inadecuado, sino que han sido asesinados».
Sacco dice estar «exhausto» de este reporterismo de conflictos y avanza que el trabajo que tiene entre manos de entrevistas con víctimas palestinas en Egipto podría ser su última crónica periodística, aunque la única excepción sería volver a Gaza: «No sé si lo podré soportar. Pero iría (…), es casi una obligación. Como ir a ver tu madre en el hospital», reconoce.
Para canalizar ese agotamiento tras cuarenta años de carrera y «volver a disfrutar de dibujar», adelanta un cambio de registro con un «libro serio» sobre los Rolling Stones «totalmente desautorizado» en el que la banda liderada por Mick Jagger no será la verdadera protagonista. Todo un reto.
Un 40 % de mujeres de 15 a 44 años quieren abandonar Estados Unidos permanentemente y mudarse a otros países, con Canadá como destino estrella, un porcentaje cuatro veces mayor que hace una década y el de los hombres, con uno de cada cinco queriendo irse del país, según una encuesta dada a conocer esta semana.
Canadá sigue siendo el destino preferido de las mujeres estadounidenses jóvenes, con un 11% de ellas que, desde 2022, han escogido este país, por delante de Nueva Zelanda, Italia y Japón (todos con un 5%).
El sondeo, realizado por la firma Gallup, reveló que el creciente interés en marcharse de EE.UU. también estaría condicionado por la edad y las inclinaciones políticas, con una diferencia de 25 puntos en el deseo de emigrar entre los estadounidenses (hombres y mujeres) que aprueban y los que desaprueban la gestión del país.
Tras la elección del presidente Donald Trump en su primer mandato en 2017, esta brecha superó por primera vez los 10 puntos, mientras que con el exmandatario Joe Biden se redujo ligeramente a 8 puntos.
Ahora, en los primeros meses del segundo mandato de Trump, la diferencia ha alcanzado un récord de 25 puntos en 2025, reflejo de la polarización del país.
La encuestadora apuntó a que este deseo de emigrar no se observa con tanta frecuencia en otras economías avanzadas, con un promedio típico de entre el 20 y el 30 % en los 38 países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Estas cifras se mantuvieron relativamente bajas entre las personas de 45 años o más, mientras que aumentó el número de mujeres entre los 18 y los 44 años.
Gallup también indicó que, desde 2007, pocos países han mostrado brechas de género tan amplias en el deseo de abandonar su país como EE.UU., con una diferencia actual de 21 puntos porcentuales entre hombres jóvenes (19%) y mujeres (40%).
Las mujeres jóvenes también experimentaron la mayor caída en la confianza institucional de cualquier grupo de edad o de género, según la firma.
Un hombre, residente del estado de Virginia, fue sentenciado a cadena perpetua tras declararse culpable de delitos de odio por disparar contra dos latinos que recién habían llegado a Estados Unidos, según informó el Departamento de Justicia (DOJ).
Douglas Wayne Cornett se declaró culpable de dos cargos federales por odio por los hechos ocurridos la noche del 28 de febrero de 2024 en una gasolinera del condado de Spotsylvania, Virginia.
Según los documentos judiciales, la noche del incidente Cornett siguió a una camioneta conducida por un latino identificado como O.G. hasta la gasolinera. Allí le preguntó a otro latino, identificado como J.M. y amigo de O.G., por cuánto tiempo llevaban viviendo en Estados Unidos.
Al enterarse de que O.G. había llegado en los últimos dos años, Cornett sacó una pistola y disparó seis veces, hiriendo a O.G. tres veces y a J.M. una.
Fotografía de archivo. EFE/EPA/FILIP SINGER
El hombre huyó del lugar y después fue arrestado en su casa por las autoridades. Posteriormente, Cornett confesó a las autoridades que había disparado debido a su percepción “del origen” de las víctimas, explicó el DOJ.
Tras su arresto, Cornett describió “su enojo por la inmigración ilegal, diciéndole al detective que estaba furioso porque los inmigrantes indocumentados recibían asistencia social, teléfonos y seguro médico”, según consta en los documentos judiciales citados por la televisora WRIC.
Luego, el hombre preguntó al detective si podía ser acusado por sus pensamientos y explicó que “fantaseaba con volar un helicóptero Apache hasta la frontera y disparar contra los inmigrantes indocumentados que intentaban entrar a Estados Unidos para disuadir a otros de cruzarla”.
Cornett fue sentenciado el pasado jueves a cadena perpetua.
La fiscal Harmeet K. Dhillon, de la División de Derechos Civiles del DOJ, dijo en un comunicado que la sentencia refleja el firme compromiso del Departamento de Justicia de proteger a las comunidades de la violencia motivada por el odio y de responsabilizar a quienes atacan a otros por prejuicios.
“Nadie en este país debería ser perseguido ni atacado a tiros por su identidad o procedencia”, declaró Dhillon.
ARCHIVO - Una mujer sostiene una bandera de Estados Unidos mientras ella y otros solicitantes se preparan para prestar juramento de ciudadanía en conmemoración del Día de la Independencia, durante una ceremonia de aceptación de la ciudadanía en San Antonio, el 3 de julio de 2025. (AP Foto/Eric Gay, archivo)
DEEPTI HAJELA
NUEVA YORK (AP) — Cuando Dauda Sesay llegó a Estados Unidos tras huir de la guerra civil en Sierra Leona y pasar casi una década en un campo de refugiados, no tenía idea de que podría convertirse en ciudadano. Pero le dijeron que si seguía las normas y no se metía en problemas, pasados algunos años podría solicitarlo. Como ciudadano estadounidense, estaría protegido.
Eso fue lo que lo llevó a postular: la premisa —y la promesa— de que, al convertirse en ciudadano estadounidense naturalizado, se establecería un vínculo entre él y su nuevo hogar. Tendría derechos y responsabilidades, como el voto, y al comprometerse con el país, el país también se comprometería con él.
“Cuando levanté mi mano y presté el juramento de lealtad, creí en ese momento en la promesa de pertenencia», afirmó Sesay, de 44 años, quien llegó a Luisiana hace más de 15 años y trabaja como defensor de los refugiados y de su integración en la sociedad estadounidense.
Pero en los últimos meses, a medida que el presidente Donald Trump reestructura la inmigración y la relación de la nación con los migrantes, esa creencia se ha resquebrajado para Sesay y otros ciudadanos naturalizados. Ahora se teme que los esfuerzos por aumentar drásticamente las deportaciones y cambiar quién puede considerar a Estados Unidos como su hogar, a través de medidas como intentar acabar con la ciudadanía por derecho de nacimiento, esté teniendo un efecto dominó.
Lo que consideraban la protección fundamental de la naturalización se siente ahora más como arenas movedizas.
¿Qué pasa si se marchan?
A algunos les preocupa que, si salen del país, tengan dificultades al intentar regresar, temerosos ante los relatos de ciudadanos naturalizados que han sido interrogados o detenidos por agentes fronterizos de Estados Unidos. Se preguntan si deberían bloquear sus celulares para proteger su privacidad. Otros son reacios a moverse también a nivel nacional, después de historias como la de un ciudadano acusado de estar en el país ilegalmente y arrestado incluso después de que su madre presentara su certificado de nacimiento.
Sesay dice que ya no viaja dentro del país sin su pasaporte, a pesar de tener una REAL ID con los estrictos requisitos de identidad exigidos por el Gobierno federal.
ARCHIVO – Agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos escoltan a un migrante detenido a un ascensor luego de que el hombre saliera de un tribunal de inmigración, el 17 de junio de 2025, en Nueva York. (AP Foto/Olga Fedorova, archivo)
Las redadas migratorias, a menudo llevadas a cabo por agentes federales enmascarados y sin identificación en lugares como Chicago y la ciudad de Nueva York, a veces han incluido a ciudadanos estadounidenses. Uno de ellos, que dice haber sido detenido por agentes de inmigración en dos ocasiones, ha presentado una demanda federal.
Para avivar la preocupación, el Departamento de Justicia emitió un memorando este verano en el que anunció que intensificaría los esfuerzos para desnaturalizar a los migrantes que hayan cometido delitos o se consideren un riesgo para la seguridad nacional. En un momento dado, Trump llegó a amenazar a la ciudadanía del alcalde electo de Nueva York, Zohran Mamdani, un demócrata socialista de 34 años, quien se naturalizó cuando era joven.
Esta atmósfera hace que algunos tengan miedo de hablar de la situación en público, por temor a atraer una atención negativa sobre sí mismos. Los pedidos de comentarios a través de varias organizaciones comunitarias y otros contactos no encontraron a nadie dispuesto a hablar públicamente, además de Sesay.
En Nuevo México, la senadora estatal Cindy Nava dice que está familiarizada con el miedo ya que creció sin la documentación pertinente antes de ingresar al DACA —Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, un programa del expresidente Barack Obama que protegía de la deportación a quienes fueron llevados al país cuando eran niños— y obtener la ciudadanía a través de su matrimonio. Pero no esperaba ver tanto miedo entre los ciudadanos naturalizados.
“Nunca había visto a esas personas tener miedo (…) Las personas que conozco que antes no tenían miedo, ahora no están seguras de lo que su estatus les depara en términos de una red de seguridad”, comentó Nava.
Stephen Kantrowitz, profesor de historia en la Universidad de Wisconsin-Madison, señaló que el significado de la ciudadanía, y quién estaba incluido, se ha expandido y contraído a lo largo de la historia estadounidense. Aunque la palabra “ciudadano” está en la Constitución original, no está definida, explicó.
“Cuando se escribió la Constitución, nadie sabía qué significaba la ciudadanía”, manifestó. “Es un término técnico, procede de la tradición revolucionaria francesa. Sugiere una especie de igualdad de los miembros de una comunidad política, y tiene algunas implicaciones para el derecho a ser miembro de esa comunidad política. Pero es… tan indefinido”.
La inmigración estadounidense y sus obstáculos
La primera ley de naturalización aprobada en 1790 por el Congreso del nuevo país establecía que la ciudadanía era para cualquier “persona blanca libre” de buen carácter. Las personas de ascendencia africana o nacidos en África se incorporaron como una categoría específica a la ley federal de inmigración después de los estragos de la Guerra Civil en el siglo XIX, que fue también cuando se añadió la 14ª Enmienda a la Constitución para establecer la ciudadanía por derecho de nacimiento.
En los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX se promulgaron leyes que limitaban la migración y, por extensión, la naturalización. La Ley de Inmigración de 1924 vetó la entrada a personas procedentes de Asia porque no podían optar a la naturalización, al no ser ni blancas ni negras. Eso no cambió hasta 1952, cuando una ley migratoria acabó con las restricciones raciales a la naturalización. La Ley de Inmigración y Naturalización de 1965 reemplazó el sistema migratorio anterior por uno que distribuía visas de forma equitativa.
La historia estadounidense también incluye épocas en las que se retiró la ciudadanía a quienes la tenían, como después del fallo de la Corte Suprema de 1923 en el caso Estados Unidos vs. Bhagat Singh Thind. La resolución indicaba que los indios no podían naturalizarse porque no calificaban como blancos, lo que provocó varias docenas de desnacionalizaciones. En otras ocasiones se ignoró, como en la Segunda Guerra Mundial, cuando los japoneses-estadounidenses fueron obligados a entrar en campos de internamiento.
«El poder político a veces simplemente decide que un grupo de personas, o una persona o una familia no tiene derecho a la ciudadanía», dijo Kantrowitz.
En este momento, Sesay dice que se siente como una traición.
“A los Estados Unidos de América, a eso es a lo que presté ese juramento de lealtad y con eso es con lo que me comprometí», afirmó. «Ahora, dentro de mi país, estoy viendo un cambio… Honestamente, ese no es el Estados Unidos en el que creía cuando puse mi mano sobre el corazón”.
ARCHIVO – Agentes de la policía estatal de Illinois hacen guardia mientras un grupo de personas, incluyendo miembros de la Coalition for Spiritual and Public Leadership (CSPL), se congregan en el exterior de un centro del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas en Broadview, Illinois, el 11 de octubre de 2025. (AP Foto/Adam Gray, archivo)
Supporters express solidarity for justice and support for immigrants. (Photo: provided)
As immigration policies become increasingly restrictive, organizations across Pennsylvania are joining forces to defend immigrant rights and build stronger, safer communities. At the forefront of this movement is the Pennsylvania Immigration Coalition (PIC), a network of more than 60 member organizations and hundreds of individual supporters working for justice, inclusion, and dignity of all immigrants. What makes PIC unique is the far-ranging representation within the coalition, including immigration attorneys, community organizers, academics, and social services representatives. This breadth allows PIC to mobilize with expert guidance and community-centered purpose.
A mission of building power in immigrant communities
For many within the coalition, this work is deeply personal. Jasmine Rivera, Executive Director of PIC and a lifelong social justice advocate, reflects: “Seeing communities suffer injustice has always driven me to act. As a Chicana from Arizona with Mexican roots, the struggles of immigrant families are also mine.” Her years of community organizing in Philadelphia’s Latino community have strengthened her commitment to systemic change especially now, as immigrant families face greater risks of arrest, detention, and deportation.
This year, PIC members achieved key victories: Bucks County voters rejected cooperation with ICE, Erie County elected leaders opposed to detention contracts, and cities like Reading and Cheltenham passed welcoming city policies. This important work was completed through and with immigrant leadership from these communities exercising their power to organize and demand change.
Resources that educate, protect and empower
PIC provides resources on a spectrum of current topics relevant to immigrant communities. This includes ICE resistance resources, covering everything from Know Your Rights (KYR) information to emergency planning for families to bystander rights and guidance for educators, providers and employers in the event of an ICE enforcement action. There is information regarding rapid response networks throughout the state by county who are supporting community members, including with bail funds and commissary and other emergency funds for detained individuals. Other helpful resources include a college access guide for immigrant students and voting resources to break down barriers to the ballot for eligible individuals in recognition of the strength and power of community voices and votes.
A recognition that we are stronger together
PIC members serve immigrant communities throughout the state regardless of status and provide a critical counter-message to the anti-immigrant sentiments being fomented by the administration. That message all immigrants belong and have a voice to affect the conditions around them. But the strength of the coalition lies in engagement from communities. Thus, readers are highly encouraged to get involved with a local member organization within the coalition to build that collective power and take action by letting your local elected leaders know they need to act now and stand with immigrant communities using scripts and materials provided by PIC, which can be accessed on their website.
Consulates also help strengthen immigrant communities. Beyond their usual services for their citizens, many consulates have stepped up this year to expand their reach by offering training, providing legal aid, organizing more community events, and increasing appointment availability. When consulates take these proactive steps, their impact is invaluable. “In the consulates located in the Philadelphia region, I’ve seen a remarkable increase in support for community members, given the country’s current situation. It’s been inspiring to see everyone come together to contribute to the fight for justice,” said Rivera.
Above all, the coalition calls for unity and courage. “We are descendants of those who fought and survived,” Rivera affirms. “Fear cannot silence us. We must act, demand our rights, and stand together because together we are stronger and safer.”
Attorney Ruggiero provides immigration information and consultations to the community. (Photo: Courtesy)
Concern among the immigrant community in Philadelphia is growing. In a conversation with Impacto, Natalia Ruggiero, Esq., immigration partner at Palladino, Isbell and Casazza and board member of Esperanza Immigration Legal Services (EILS), analyzed the current challenging landscape: “Immigration is everywhere,” she stated. “We’ve seen detentions at workplaces, during interviews, or routine checks. People who are simply following the law end up in risky situations.”
Ruggiero emphasized the importance of family legal preparedness: “It’s vital that everyone has a plan know who to call, keep copies of important documents, and speak with an immigration attorney before an emergency happens.”
Fall 2025: Troubling immigration trends
In recent months, the use of detention has increased and paths to regularize immigration status have been eliminated: “There are officers required to meet monthly arrest quotas, which increases pressure on vulnerable communities,” Ruggiero warned. “People driving without a license, working without authorization, or with pending immigration court cases are especially at risk.”
Hispanic communities also face the final expiration of parole (temporary permission granted by the U.S. government) for Cubans, Haitians, Nicaraguans, and Venezuelans (CHNV) in May 2025, as well as the end of several Temporary Protected Status (TPS) programs, including those for Honduras, Nicaragua, and Venezuela. This leaves thousands of immigrants who have lived legally in the U.S.sometimes for decades in a precarious situation without work authorization.
Although options such as asylum remain, applicants now face new fees and stricter requirements: a mandatory $100 fee for the initial asylum application, $550 for an asylum-based work permit, and an annual $100 charge while the case remains pending. These measures, combined with backlogs in immigration offices, heighten anxiety among families.
Adding to the concern is the government’s promotion of so-called “self-deportation,” a legal fiction with no basis in immigration law. Faced with threats of arrest, indefinite detention, or deportation, some consider this option, attracted by promises of free flights, stipends, and possible future reentry. However, no law guarantees any of this, leaving many families facing difficult and alarming decisions.
Who suffers? We all do when we lose them. But our immigrant neighbors are not alone.
Where to Find Help
In addition to EILS and PIC, which provide legal representation, there are multiple local resources. Organizations such as Juntos accompany immigrants to ICE and court appointments; the Pennsylvania Immigration Coalition advocates for policies that prevent cooperation with ICE; and Temple University’s Law School organizes family preparedness workshops. The Northwest Regional Refugee & Immigrant Network (NWRRIN) offers financial aid to families affected by detentions, and consulates provide legal advice, guidance, and support for those who decide to return to their countries.
“This is not an individual problem but a collective one. Communities must support one another, share resources, and stay informed,” Ruggiero concluded.