(Foto: Ilustrativa/Pexels)

Como profesional en temáticas de vivienda, me es inevitable pensar en el impacto que los resultados de las recientes elecciones en Filadelfia tendrán sobre mi campo de trabajo.

Puesto que no es sólo a nivel ejecutivo que habrá un cambio con la llegada de la alcaldesa Parker, sino también con las modificaciones que tendrán lugar a nivel de los concejales: veteranos, novatos y un nuevo presidente.

En materia de operaciones, ya desde hace meses se veló el cambio administrativo con la renuncia de Anne Fadullon, quien lideró el Departamento de Planeación y Desarrollo durante la gestión de administración saliente.

La conclusión de algunos megaproyectos se encuentra aún pendiente, como la propuesta de construir un nuevo estadio en el área subyacente a Chinatown, acerca de la que ya se plantea un “escucharemos las voces de todos los vecindarios, y no solamente la de los residentes del barrio chino” junto con otra infinidad de proyectos privados y públicos influenciados por agendas locales y nacionales como el Infrastructure Bill.

En lo personal, recientemente mi día a día se ha visto impactado por la implementación de los distintos componentes de un Neighborhood Preservation Initiative que está supuesto a durar cuatro años, y del cual nos encontramos en el año dos, teniendo la plena esperanza de que llegaremos al año cuatro, e ilusiones de que haya más.

La administración entrante nos encuentra en un momento crítico en la historia reciente de Fili, en el que la ciudad sigue todavía tratando de reconciliar su pasado de negligencia y deterioro postindustrial, y tratando de definir su personalidad entrando a la modernidad. Aún etiquetada como una de las ciudades más pobres del país y lidiando en tiempo real con la crisis humanitaria que se vive en vecindarios como Kensington.

Temáticas como la extensión del programa de prevención a los desalojos, la creciente e incesante demanda de becas y productos accesibles para las reparaciones de vivienda, la constante subida de precio viviendas y alquileres, así como el avasallador proceso de “transformación” de los vecindarios, están sobre la mesa.

Obviamente, la idea de que la ciudad será por primera vez en su historia liderada por una mujer afroamericana nos hace también pensar en diversidad, inclusión, y un futuro congruente con la demografía de nuestra ciudad.

Pienso y escribo, y se me acaban las letras, por la ansiedad de querer predecirlo todo. Respiro hondamente, y me recuerdo que así son las transiciones: la incertidumbre de lo que será, sin que aún nada sea.

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