
El arte de escuchar para comprender claramente lo que se ha escuchado, en otras palabras, para interpretar con claridad el mensaje que recibimos, requiere práctica, concentración y aplicación.
¿Qué nos impide interpretar con claridad lo que escuchamos? Cada cual tiene su propia contestación a esta pregunta; la mía es la siguiente: «La falta de escuchar verdaderamente». Hay una gran diferencia entre escuchar y oír. Que quede claro que no estoy diciendo que sea una experta académica. La diferencia entre escuchar y oír la aprendí muy temprano en mi vida personal, mientras que el arte de escuchar lo desarrollé durante mi formación educativa. ¿Qué puede obstaculizar el arte de escuchar? En mi opinión, la falta de vocabulario. ¿Alguna vez se ha preguntado cuántas palabras conoce realmente y cuánto comprende de su significado? ¿Cuándo fue la última vez que buscó en un diccionario o en Google el verdadero significado de una palabra?
Según el diccionario de la Real Academia Española, escuchar significa “prestar atención a lo que se oye” y oír significa “percibir con el oído los sonidos”. Lo cierto es que podemos oír con claridad, pero si no entendemos las palabras que escuchamos, no logramos comprender el mensaje. Del mismo modo, si damos un significado equivocado a una palabra, nuestra interpretación puede ser errónea.
Palabra: sustantivo femenino que se define como una unidad léxica formada por un sonido o un conjunto de sonidos articulados que tienen significado y pertenecen a una categoría gramatical.
¿Alguna vez se ha detenido a pensar en el poder de la palabra y en cómo la usamos para obtener poder? Personalmente, opino que la palabra tiene un poder ilimitado. ¿Cuál es su opinión?
Para mí, el poder y la palabra son amantes inseparables. Hace mucho tiempo que perdí la cuenta de cuántas veces he tenido que recurrir al diccionario para buscar palabras y comprender su significado. La realidad es que, ya sea en una conversación o en un escrito, la palabra puede ocultar lo que realmente se quiere comunicar. Esto ocurre especialmente cuando una palabra puede sustituir a muchas otras porque tiene, o se le atribuye, un significado muy general. El diccionario denomina a este tipo de palabra “palabra comodín”. En definitiva, todos necesitamos las palabras para expresarnos, ya sea verbalmente o por escrito.
¿Alguna vez ha tenido dificultades para expresar lo que quiere decir? ¿Cuántas veces han malinterpretado sus palabras al hablar o al enviar un mensaje escrito? A mí me ha sucedido cientos de veces, especialmente cuando nos comunicamos entre dos idiomas: el inglés y el español.
Me viene a la mente un ejemplo. En una ocasión, estaba en un evento para celebrar nuestra hispanidad cuando me indicaron que querían entregarle un galardón a un invitado. Yo conocía personalmente al invitado y sabía que no tenía idea de que recibiría ese galardón. Por eso, anuncié que se trataba de un reconocimiento bien merecido para una persona querida y admirable. Dije lo siguiente: “Esta persona está aquí y no tiene ni idea de por qué lo vamos a llamar al micrófono”.
Al escuchar esto, su madre se indignó, pues entendió que yo estaba diciendo que su hijo no sabía lo que hacía. Aunque se le explicó a la señora que eso no era en absoluto lo que yo había querido decir, creo que hasta el día de hoy sigue convencida de que nos estábamos burlando de su hijo.
Lo cierto es que el poder de la palabra nos hipnotiza, se apodera de nuestros pensamientos y juega con nuestras emociones, especialmente cuando despierta en nosotros el miedo. Yo entiendo que, si logramos controlar nuestros pensamientos, entonces podemos controlar nuestras emociones y, de esta manera, contrarrestar el uso de ese poder para manipularnos. El ejemplo más visible en la actualidad es la propagación del miedo a la nueva tecnología digital. Infórmese, amplíe su vocabulario tecnológico y no se deje llevar por el miedo que se difunde. Recuerde la infinidad de veces en que, por diferentes razones, se ha propagado el miedo sin que ocurra aquello que se teme. Aun así, hemos sufrido la incertidumbre, el desasosiego y la desesperanza que el miedo siempre nos provoca.





