Obed Arango es fotógrafo y antropólogo social, fundador y director ejecutivo de CCATE, y catedrático de política pública en la Universidad de Pennsylvania.

El trumpismo, o la política MAGA, no es solamente una afiliación partidista. Es también un estilo de ejercer el poder. Se manifiesta en la descalificación y el ataque personal de quien cuestiona, la construcción del opositor como enemigo, la imposición de decisiones con un ejercicio de poder autocrático, el debilitamiento de políticas de diversidad, equidad e inclusión y la sustitución del diálogo por estrategias de control.

No afirmo que los miembros de la Junta Escolar de Norristown pertenezcan al movimiento MAGA. Mi argumento es distinto: varias prácticas de la actual Junta reproducen un ethos político que el trumpismo ha normalizado en Estados Unidos.

El autoritarismo no pertenece exclusivamente a un partido. Puede reproducirse incluso entre quienes se identifican como demócratas cuando ganar una elección comienza a interpretarse como autorización para gobernar sin escuchar.

Norristown merece una reflexión particularmente seria. En el año escolar 2025-2026, el 52.6% del estudiantado del Norristown Area School District es hispano: 3,871 de 7,363 estudiantes, según datos del Pennsylvania Department of Education. Sin embargo, actualmente no existe representación hispana en la Junta Escolar. Por lo tanto, los retos familiares y comunitarios, la riqueza cultural — incluida la lengua— las experiencias y conocimientos no están presentes en la toma de decisiones.

Desde la llegada de la actual Junta hemos observado pasos acelerados, decisiones controvertidas alrededor de la superintendencia, el cierre de la posición de Diversidad, Equidad, Inclusión y Pertenencia y estrategias de seguridad orientadas hacia la vigilancia y el control.

Podemos debatir cada decisión. Precisamente eso exige la democracia.

Lo inaceptable comienza cuando el cuestionamiento ciudadano es presentado como deslealtad.

Por eso resultan preocupantes las palabras pronunciadas públicamente el pasado 29 de septiembre al final de la sesión pública, por el señor Jordan Alexander, miembro de la Junta al referirse a algunas voces críticas como: “impostores de nuestra comunidad que vienen de otros lugares”. Palabras dirigidas específicamente a Carmina Tylor, de origen puertorriqueño, afrolatina, activista de la educación y residente de Norristown, y a este servidor, quien escribe, inmigrante de origen mexicano, co-fundador y director ejecutivo del Centro de Cultura, Arte, Trabajo y Educación (CCATE), además de ser catedrático de política pública en la Universidad de Pennsylvania.

No necesito atribuirle una intención personal para cuestionar ese lenguaje sobre todo cuando ICE ronda las calles del pueblo. Analicemos sus palabras por lo que dicen y por el contexto en el que fueron pronunciadas.

¿Quiénes son los impostores? ¿Quiénes son los que vienen “de otros lugares”? ¿A qué se refiere con “otros lugares”? Cuando, de hecho, Carmina es residente de Norristown y así lo estableció cuando se presentó, no fue un secreto para nadie. Solo queda una opción: se refiere a nuestro origen.

Estas preguntas tienen especial resonancia cuando quienes cuestionamos somos personas de origen hispano, justo del grupo sin representación en la mesa de gobierno.

Aquí encuentro una de las semejanzas más inquietantes con el ethos MAGA: el interlocutor se convierte en adversario, a este se le deshumaniza, y se le cuestiona su legitimidad a partir de su identidad. Esa es la marca del racismo de Trump. En nuestro caso es al llamarnos: “impostores”.

Frente a esa visión existe otro camino.

Durante quince años, CCATE ha construido en Norristown un modelo de educación democrática y dialógica. Partimos de una premisa transformadora: la comunidad no es un recipiente pasivo de políticas diseñadas desde arriba, sino que somos una comunidad capaz de interpretar nuestra realidad, producir conocimiento y participar en la transformación social de nuestro entorno. El diálogo es educación, democracia, y justicia social.

Cada tarde nuestra comunidad demuestra lo que significa esa filosofía. Los estudiantes avanzan académicamente y encuentran su vocación. No buscamos solamente éxito individual. Buscamos formar personas capaces de contribuir al bienestar colectivo.

Por eso también cuestionamos modelos educativos excesivamente punitivos.

Un detector de metales invade el cuerpo, no puede detectar trauma, miedo, racismo, desesperanza o conflicto familiar. Y definitivamente no puede crear pertenencia.

Una comunidad escolar segura necesita medidas razonables de seguridad, pero también necesita educación intercultural, salud emocional, arte, resolución de conflictos, participación familiar y relaciones sanas entre estudiantes y el distrito.

CCATE no pretende sustituir a la Junta del Distrito Escolar. Queremos dialogar con ella. Podemos estar de acuerdo y podemos disentir. Durante quince años hemos hecho ambas cosas.

Ese es el significado que encuentro en “No Kings”. No se trata solamente de Donald Trump. Se trata de un principio elemental: ganar una elección nunca convierte a un representante en incuestionable.

No queremos reyes republicanos o demócratas.

Queremos servidores públicos que escuchen, dialoguen y rindan cuentas.

Y queremos una educación que enseñe aquello que toda democracia necesita para sobrevivir: pensar, preguntar, escuchar, disentir y transformar juntos.

Eso hemos construido durante quince años en CCATE. Y por eso levantamos la voz:

No somos impostores. ¡Viva la comunidad!

* Nota del autor:Los comentarios del directivo Jordan Alexander son públicos y están disponibles en “NASD School Board Voting Meeting, September 2026, aproximadamente 1:03:00.

** Obed Arango es fotógrafo y antropólogo social, fundador y director ejecutivo de CCATE, y catedrático de política pública en la Universidad de Pennsylvania. 

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