Carteles del ex candidato senatorial demócrata por Maine Graham Platner, en Ellsworth, Maine, el 9 de julio del 2026. (Foto: AP/Robert F. Bukaty)

Cuando comenzó la campaña para las elecciones de mitad de mandato, ambos partidos estadounidenses tenían clara su estrategia: Los republicanos harían hincapié en la seguridad fronteriza y en una economía que por fin se estaba sacudiendo años de alta inflación, y los demócratas energizarían a sus votantes centrándose en la profunda impopularidad del presidente Donald Trump.

No ha salido así. Faltando poco más de tres meses, ambos partidos lidian con heridas autoinfligidas y tropiezos que han complicado sus caminos hacia la victoria en contiendas clave.

Trump condujo al país a una guerra contra Irán sin un final a la vista, lo que alteró el flujo mundial de petróleo y disparó los precios en las gasolineras. Sigue obsesionado con purgar a su partido de la disidencia y con reabrir el debate sobre su derrota electoral de hace seis años.

Del otro lado del pasillo, los demócratas están inmersos en una guerra civil interna entre moderados y progresistas, mientras socialistas democráticos desalojan con éxito a titulares del cargo. Algunos candidatos han implosionado de manera espectacular, poniendo en riesgo contiendas que el partido esperaba ganar.

El drama se ha vuelto existencial, ya que cada partido enfrenta un momento de ajuste de cuentas. Los demócratas siguen frustrados por la reelección de Trump y buscan desesperadamente un camino de regreso al poder. Los republicanos empiezan a contemplar una era post-Trump, aun cuando el mandatario mantiene un férreo control sobre el partido.

Frank Luntz, un veterano encuestador, afirmó que el año ha estado consumido por “una sensación de caos y confusión”.

“Realmente no sabemos qué va a pasar en noviembre”, añadió.

Escándalos sacuden a candidatos

La más reciente turbulencia demócrata se ha desarrollado en Wisconsin, uno de los estados más estrechamente divididos.

La vicegobernadora Sara Rodriguez abandonó su candidatura a gobernadora tras un escándalo de financiamiento de campaña, justo cuando parecía estar consolidando apoyos. Ahora, el aparato del partido teme que su salida impulse a Francesca Hong, una socialista democrática que los líderes partidistas ven como una rival potencialmente débil frente al representante Tom Tiffany, el probable nominado republicano.

“Si perdemos, el lacayo más leal de Trump en el Congreso toma el control de Wisconsin, y eso ha convertido la angustia demócrata habitual en sudores fríos”, manifestó Scot Ross, veterano activista liberal de Wisconsin. Aun así, pronosticó que, una vez que pasen las primarias, los demócratas se unirán detrás del candidato del partido.

Luego está Maine, donde el partido está ansioso por derrotar a la senadora republicana Susan Collins como parte de un impulso nacional para recuperar el control de la cámara.

Graham Platner, un ostricultor y ajeno a la política, condujo una ola de energía popular para obtener la nominación demócrata, pero luego se retiró tras una acusación de agresión sexual, que él niega.

Los simpatizantes esperaban que Platner fuera el tipo de candidato capaz de recuperar para el partido a votantes blancos de clase trabajadora, pese a controversias que incluían un tatuaje ampliamente reconocido como símbolo nazi y un historial de publicaciones incendiarias en redes sociales. Los demócratas celebran una convención este fin de semana para elegir a un candidato sustituto.

Celinda Lake, encuestadora y consultora demócrata, señaló que activistas y votantes han estado dispuestos a pasar por alto posibles vulnerabilidades mientras respaldan a figuras ajenas al establishment para cargos públicos.

“Hay algo en el ambiente que ha hecho que estos candidatos sean increíblemente imprudentes y crean que pueden salirse con la suya”, comentó, y señaló al presidente como una posible explicación. “Creo que Trump ha creado, en cierto modo, un entorno de alto riesgo”.

Marc Short, exjefe de gabinete del vicepresidente del primer mandato de Trump, Mike Pence, indicó que la dinámica le recordaba a 2010, cuando el Tea Party impulsó una ola de candidatos republicanos novatos que derrotaron a figuras del establishment en las primarias pero perdieron en noviembre, lo que les costó a los republicanos el Senado, aun cuando lograron avances en la Cámara.

Ahora, agregó, la situación se ha invertido.

“Siento que cuando hay mucha energía de un lado, puedes tender a nominar candidatos que te crean obstáculos y limitan cuáles podrían ser tus ganancias”, expresó.

Divisiones entre demócratas

Otras contiendas están obligando a los demócratas a enfrentar algunas de sus divisiones más profundas.

En Michigan, el candidato al Senado y favorito de los progresistas Abdul El-Sayed ha inquietado a dirigentes del partido como el líder demócrata del Senado, Chuck Schumer, quienes temen que esté demasiado a la izquierda para ganar el escaño, que los demócratas necesitarán conservar si quieren obtener la mayoría este año. Sus partidarios señalan el entusiasmo que ha generado como un ejemplo a seguir.

La primaria también pone de relieve una fractura sobre Israel. El-Sayed ha descrito la campaña militar de Israel en Gaza como un genocidio, una acusación rechazada por Israel y la Casa Blanca. En respuesta, el Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel, o AIPAC, y sus grupos afiliados han gastado cerca de 30 millones de dólares respaldando a su rival en la primaria, Haley Stevens.

Adam Green, cofundador del Progressive Change Campaign Committee, apuntó que está claro que los votantes de todo el país se están rebelando contra un sistema político que consideran amañado y anhelan candidatos dispuestos a luchar.

Afirmó que candidatos como El-Sayed son prueba de que “luchadores económicos dispuestos a trastocar el sistema” son más elegibles que “demócratas corporativos, rancias figuras del statu quo”.

En Washington, el senador Chris Murphy, demócrata por Connecticut, restó importancia a la idea de que las divisiones ideológicas pongan en peligro a los demócratas.

“Un partido sano es un partido que discute”, sostuvo. “Creo que nuestro partido debería debatir ideas. Deberíamos tener primarias muy disputadas”.

Crisis entre los republicanos

Los republicanos enfrentan sus propios desafíos mientras intentan resistir la tendencia histórica y mantener el control del Congreso.

Trump reconfiguró el mapa del Senado este año al marginar a algunos titulares republicanos y promover a leales para reemplazarlos. Eso incluye Texas, donde desplazó al veterano senador John Cornyn y respaldó a Ken Paxton, un conservador combativo con un largo historial de acusaciones de corrupción.

Los líderes republicanos habían advertido que su nominación pondría al estado en disputa y obligaría al partido a gastar millones de dólares defendiendo lo que de otro modo habría sido un escaño seguro.

Otros optaron por apartarse del partido. En Carolina del Norte, el senador Thom Tillis declinó postularse a la reelección tras enfrentarse con Trump. Los demócratas esperan voltear el escaño con el exgobernador Roy Cooper.

Whit Ayres, encuestador y estratega republicano, expresó que Trump “ha exacerbado el problema” de una cultura política que ha producido candidatos más extremos en ambos bandos gracias a primarias cerradas.

Trump puede impulsar a los candidatos — o frenarlos

Históricamente, los republicanos han tenido dificultades cuando Trump no aparece en la boleta. Pero él también corre el riesgo de lastrar a los candidatos.

Solo el 37% de los adultos aprueba cómo está manejando la presidencia, según la encuesta más reciente de AP-NORC, que muestra un profundo descontento por su manejo de la economía y otros asuntos.

Pero, en lugar de mantenerse enfocado en bajar los precios, Trump ha continuado su bombardeo de Irán y ofreció un discurso en horario estelar en el que repitió sus refutadas acusaciones sobre su derrota de 2020, como pretexto para pedir más restricciones electorales.

“Trump es nuestro mayor aliado”, aseguró Lake, la encuestadora y consultora demócrata. “Es lo mejor que tienen los demócratas. Y es el regalo que no deja de dar”.

Pero Jenny Beth Martin, presidenta del grupo conservador Tea Party Patriots Action, discrepó.

“El presidente Trump es la mayor ventaja individual que tienen los republicanos en las elecciones de mitad de mandato”, manifestó en un comunicado. “La energía y el entusiasmo que genera no tienen comparación, y contamos con él para motivar a sus simpatizantes a ir a las urnas”.

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