Donald Trump ha gobernado a golpe de la tecnología punta de Twitter, un altavoz que distribuye al instante sus mensajes por todo el mundo; pero su derrota llegó por la vía postal, un canal analógico y más que centenario que repartió un récord de votos en su contra.

Más de 65 millones de estadounidenses votaron por correo en las elecciones con más participación de la historia de Estados Unidos, y todo apunta a que la mayoría lo hicieron por el candidato demócrata, Joe Biden, que se convirtió este sábado en presidente electo tras quedar claro que se impondrá en los estados suficientes.

La avalancha de papeletas metidas en sobres ganó el pulso a los tuits de Trump, que había recurrido decenas de veces a Twitter para advertir, sin ninguna prueba, que el voto por correo favorecería el fraude electoral.

TRUMP CONTRA EL SERVICIO POSTAL

Demonstrators gather near Bryant Park and the New York Public Library to rally for ensuring that every ballot is counted in the 2020 Presidential election in New York, New York USA, 04 November, 2020. EFE/EPA/JUSTIN LANE

Los millones de estadounidenses que siguen a diario sus mensajes en la red social le escucharon y escogieron mayoritariamente votar en persona, respaldándole aún más decisivamente que en 2016, con un récord de más de 70 millones de papeletas a su favor que solo superó Biden, con sus más de 74 millones de sufragios.

Consciente de que una alta participación en las elecciones disminuiría sus opciones de seguir en la Casa Blanca, porque suele beneficiar a los demócratas, Trump declaró hace meses la guerra a los planes de la mayoría de los estados de EE.UU. de expandir las opciones de voto por correo debido a la pandemia de la covid-19.

«Las elecciones de 2020 estarán totalmente amañadas si se permiten los votos por correo», clamó Trump en Twitter el pasado 26 de julio, a pesar de que no hay absolutamente ninguna prueba de que ejercer el sufragio por la vía postal pueda llevar a un fraude.

En junio, el mandatario instaló al frente del Servicio Postal de EE.UU. a uno de sus aliados, Louis DeJoy, quien empezó a implementar una serie de duros recortes a los que luego dio marcha atrás parcialmente, ante la fuerte polémica que generaron.

RETRASOS Y TRABAS EN ESTADOS CLAVE…

Al final, los retrasos en el Servicio Postal implicaron que más de 150.000 papeletas en todo el país -miles de ellas en estados clave- no llegaron a entregarse a tiempo para el día de las elecciones, un número relativamente pequeño pero significativo, según datos oficiales.

Mientras, los líderes republicanos en varios estados bisagra siguieron la corriente a Trump y pusieron trabas al voto postal: en Texas, se restringió el número de puestos donde se podía depositar papeletas por anticipado a solo uno por condado, incluso en el que incluye a Houston, donde viven más de 3,4 millones de personas.

En Pensilvania y en Wisconsin, las legislaturas estatales, controladas por republicanos, se negaron a permitir que las papeletas enviadas por correo se empezaran a procesar antes del día de las elecciones, lo que explica en parte por qué el país tuvo que esperar casi cuatro días para conocer el ganador de los comicios.

Sin embargo, el proceso se desarrolló por lo demás de manera fluida, sin el caos que intentaba azuzar Trump y temían los demócratas, y los funcionarios y voluntarios en estados clave hicieron oídos sordos a las exhortaciones del presidente saliente de que «parara el conteo» de las papeletas emitidas por vía postal.

SIN APENAS IMPACTO

«Los retos y obstáculos eran quizá los mayores en la historia, o al menos desde la epidemia de la ‘gripe española’ de 1918», dijo un profesor de la Universidad de Stanford y experto en el sistema de voto en EE.UU., Nathaniel Persily, al diario The New York Times.

«Y sin embargo, vimos menos problemas que en ningunas elecciones presidenciales desde las de (George W.) Bush contra (Al) Gore» en 2000, que provocaron una disputa que acabó en el Tribunal Supremo, añadió Persily.

El proceso demostró que el sistema de voto por correo es frágil y necesita reformas en EE.UU., un país donde no hay registro automático de votantes y donde en las últimas décadas se han impuesto múltiples trabas al derecho a votar que suelen perjudicar a las poblaciones más marginadas o pobres, como los latinos y negros.

Pero la jugada salió mal a Trump, que no consiguió congelar en el tiempo el «espejismo rojo» (republicano) que reflejaba el mapa electoral la noche del 3 de noviembre, ni evitar que se contaran los votos por correo que acabarían dándole la victoria a su rival.

Ese hecho se reflejó en los cientos de manifestaciones para celebrar su derrota en ciudades de todo el país, donde los asistentes vitorearon a camiones del Servicio Postal, se disfrazaron de buzones y dieron las gracias a ese viejo mecanismo que permitió que se tuviera en cuenta su voluntad.

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