Vista de la zona 10 del cementerio de la Chacarita, destinada para el entierro de muertos por COVID-19, en Buenos Aires (Argentina). (Foto: EFE/Demian Alday Estévez)

Buenos Aires, Argentina – En mi país hay una provincia que puede tener las cuatro estaciones en el mismo día. Puede amanecer con calor veraniego, seguir con la romántica lluvia del otoño, luego los rayos de un sol primaveral y placentero, para terminar con el frío desencadenante del invierno. Ese lugar atípico se llama Tierra del Fuego, y es la provincia más austral del mundo.

¿Y a qué viene esto? A que lo mismo pasa políticamente hablando.

El gobierno en turno parece no encontrar el camino correcto para llevar adelante los destinos de un país tan maravilloso. El calor del triunfo electoral duró exactamente lo que duran las promesas de campaña. Ya sea por grandilocuentes o por falta de sustento el “Veranillo de San Blas” mostró la verdadera cara de los gobernantes y cuáles eran las verdaderas razones de la necesidad de ganar: salvarse sus espaldas de tantos antecedentes funestos. Para eso se metieron con la Justicia con la idea de armar un nuevo poder atado a sus conveniencias.

El pueblo sintió que llegaba el otoño y que sus votos mayoritarios estaban siendo usados para otros menesteres. Empezaron las dudas y la desconfianza y el otrora amigo de todos y profeta conciliador de grietas, fue mostrando la verdadera hilacha. Peleas con gobiernos amigos, mentiras disfrazadas y fuga de las sonrisas preelectorales y aparición de gestos típicos del Guasón.

Con ese panorama llegó el invierno del COVID 19 y desarmó toda la estantería. Una campaña sanitaria mal planificada y las consecuencias que ubicaron al país entre los primeros cinco con mayor cantidad de infectados. Escasez de vacunas, distribución caprichosa dependiendo del color del partido gobernante de cada provincia; centros de vacunación VIP para los amigos del poder y para sus militantes; desubicaciones lingüísticas por parte del presidente, agrediendo y desconociendo la tarea de mucha gente que sacrificó su vida en el frente de batalla, como médicos y sanitaristas.

Y sumado a esto, la desocupación, la inflación más alta de Latinoamérica después del desparpajo de Venezuela y la soberbia de no saber reconocer los errores propios y seguir (a un año y medio de la asunción) echándole la culpa al presidente antecesor.

Al borde del caos, llegó la primavera y la posibilidad de producir dosis de la vacuna Sputnik V. Ya lista la primera remesa, será enviada al Centro Gamaleya para que realice el control de calidad. Según dicen desde el laboratorio Richmond, encargado del trabajo, se prevé que la producción a gran escala comience en junio, aunque por tratarse de un proceso biológico, puede tener demoras y algunas dificultades hasta alcanzar los niveles óptimos.

De la desazón a la esperanza, pero nada borra la situación del país.

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