La educación empieza en el hogar

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Desde pequeña escuché, durante las conversaciones entre familia, que la verdadera prueba de la enseñanza en el hogar es cómo se comportan los hijos cuando no están cerca del núcleo familiar. ¿Sabe Usted cómo se comportan sus hijos cuando usted no está presente? ¿Puede usted afirmar sin dudas que sus hijos tienen buenos modales, buena conducta?

La educación comienza temprano en el hogar. Es enseñada constantemente por usted y los otros miembros de la familia. Cuando los padres y el resto de la familia practican diariamente una buena conducta, los niños crecen con ese modelo y, como resultado, obtenemos un niño en quien sus buenos modales son tan naturales como la respiración. Los niños son como esponjas, absorben todo lo que ven y escuchan, así van acumulando sus habilidades sociales. Este resultado no se consigue de la noche a la mañana, no comienza en la escuela, comienza en el hogar; no es fácil de conseguir, pero, con amor, respeto y sensibilidad a las capacidades y limitaciones individuales del niño, el buen comportamiento crece. Hay que tener paciencia y saber corregir cuando sea necesario. Saber cuando elogiar sin consentir lo malo. Sobre todo tener siempre presente que como padres y familiares, somos los modelos a seguir de nuestros hijos, de nuestros jóvenes.

La vida nos enseña que, sí, hay palabras mágicas: por favor, gracias, de nada, cuando se dicen, otros tienden a darnos atención positiva y hasta cuando nos rechazan lo hacen cortésmente. Cuando se usan estas palabras diariamente en el hogar todos los miembros de la familia las aprenden y a su vez las usan. Una vez un niño aprende que “por favor” es más eficaz que hacer una exigencia, convierte su uso en parte de su vocabulario. De hecho, en la edad preescolar, el niño debe saber que “por favor” es la manera aceptable de pedir lo que quiere, además debe saber solicitar “permiso”. Es necesario enseñar a los niños a decir “no” y a aceptarlo cortésmente. 

Las funciones biológicas comienzan automáticamente desde que salimos del vientre de nuestra madre y abrimos los ojos por primera vez en este mundo, pero, la educación y los buenos modales comienzan en el hogar. Los niños aprenden por el ejemplo. Si usted como padre da el buen ejemplo de vivir una vida sana, sus niños buscarán obtener lo mismo, una vida sana, sin vicios, sin odios.

Si su familia está fundada en los valores básicos de amor, afección, respeto, compromiso, responsabilidad, integridad y lealtad, estos son los valores que aprenden sus niños por medio de la interacción de día a día en el hogar. Es el hogar la primera escuela. Usted es el primer modelo. No espere hasta la edad escolar para entregar la educación de sus hijos a los maestros. Recuerde, los padres son los primeros educadores. “Aprendí de la forma que un mono aprende, viendo a sus padres”: la Reina Elizabeth II.

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