De imaginación e historia

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Cuando pienso en toda la historia de la bella isla de Puerto Rico, me imagino a las mujeres taínas frente a la playa, mirando sorprendidas a lo que les parecía ser una aparición de un mundo no conocido. Ni ellas ni sus compañeros podían creer lo que veían. Hombres de aspecto muy diferente, que emitían sonidos incomprensibles, definitivamente, dioses salidos del mar.

Me imagino a los españoles, sorprendidos por la belleza de la tierra que se mostraba ante su vista. Sin duda, sedientos, hambrientos y también, deseosos de goce sexual, mirando a las mujeres en la playa, todas semidesnudas, después de tan largo viaje. Hablando, además, un idioma que no entendían y comunicándose solamente por señas.

Cuando Cristóbal Colón pisó la tierra de Borinquen, el 19 de noviembre de 1493, se encontró en una tierra de bella vegetación dentro de una hermosa bahía, y también, con la población indígena. Los habitantes de la isla no se imaginaron que el fin de su cultura y su modo de vivir estaba llegando a su final. Muchos morirían en pocos meses; los sobrevivientes sufrirían los estragos que siempre acompañan el fin de una cultura, de una manera de vivir.    

Al desembarcar, comenzó la colonización y la explotación del indígena. El taíno fue sujeto a una esclavitud brutal, y pasó a ser un extraño en su propio suelo. ¿Puede usted imaginarse el choque ideológico entre el español y el taíno? ¡Dos interpretaciones del mundo! El taíno creía que la isla había sido formada por la lava y el fuego; el español, que Dios la había hecho. El taíno creía que el hombre salía del fondo de una cueva; el español, que Dios lo había creado de barro, dándole su aliento. El taíno creía que la mujer venía a la vida por el pájaro inriri (pájaro carpintero); el español, que Dios la había hecho de la costilla del hombre. El taíno creía que los peces, los árboles y la vegetación salían de la calabaza; el español, que Dios lo creó todo en siete días. ¡Tremendas diferencias!

Bajo el dominio español, el taíno no podía celebrar cantando, y recordar las hazañas de sus dioses le era prohibido; tampoco tenía libertad de jugar a la pelota. La magia de las enseñanzas estaba prohibida, ya que el cacique y la cacica no tenían el poder de gobernar sobre la tribu, y mucho menos, de resolver los problemas de su gente.

La lucha por la libertad no tardó en manifestarse: las mujeres y los hombres se unieron para luchar contra el yugo español. Unidos lograron probar que el español no era un dios. Cuenta la historia cómo Diego Salcedo fue ahogado en el Río Grande de Añasco, probando así que el español no era un dios.

¿Alguna vez se ha preguntado cómo sería la historia de Puerto Rico, si Colón no hubiera anclado en la isla? ¿Existiría el puertorriqueño, y qué idioma hablaría? ¿Cómo sería el mundo en el que vivimos, si Colón no hubiera recorrido los mares?

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