Tania Mendoza. (Foto: Redes sociales)

Hasta que no haya una reforma migratoria integral, lo más probable es que continúe la separación de familias. Tal es el caso de Tania Gabriela Mendoza de Romero.

Magdaleno “Leno” Rose-Ávila, colaborador de Impacto la conoció hace tres años en Playas de Tijuana y quedó impresionado por su curiosidad, su espíritu fuerte y el amor profundo que Tania sentía por su hija.

La esperanza sigue viva 1
Con Leno Rose-Ávila y su esposa Carolyn. (Foto: Redes sociales)
La esperanza sigue viva 2
La esperanza nunca muere mientras espera en las Playas de Tijuana. (Foto: Redes sociales)

LA HISTORIA DE TANIA

Nació en Guadalajara que es la capital del estado mexicano de Jalisco de donde también son originarios sus padres. A los tres años, su familia la trajo a los Estados Unidos; ella creció en Los Angeles, California. Durante su vida ha aprendido qué tan maravilloso es esté país para darle tantas oportunidades a los migrantes.

Al igual que muchas familias inmigrantes, sus padres enfrentaron dificultades para darle la mejor educación posible y una mejor calidad de vida. “Recuerdo cuando en la escuela secundaria tuve las mejores experiencias para aprender diferentes tipos de materias electivas como computación, cajera, arte, música entre otras”, dice esta inmigrante mexicana.

La que más le gustó fue cosmetología. Le fascinaba admirar la belleza interior y exterior de las personas. Siempre tuvo el sueño de abrir su salón de belleza en California mientras estudiaba en el Centro Ocupacional del Este de Los Ángeles. Su perseverancia rindió frutos cuando se graduó completando su certificación en 2006. Sin embargo, debido a su estatus migratorio no pudo tomar el examen estatal. “Fue cuando mi vida comenzó a desmoronarse, separándome del sueño de convertirme en la mejor estilista de Los Ángeles”, recuerda con tristeza.

En 2005 Tania tuvo a su hija, pero su felicidad duró pocos años ya que esta cosmetóloga en 2010 fue deportada a los 24 años. Tuvo que dejar a su hija en los Estados Unidos debido a una orden judicial que tenía con el padre de su niña. Esto hizo imposible que Tania se la llevara a Tijuana en el estado mexicano de Baja California a donde fue deportada.

En ese momento todos sus sueños de progreso se desvanecieron, ya que en lo único que pensaba era en ganar de nuevo la custodia de su hija.

CREANDO SU FUTURO

Ahora reside en Playas de Tijuana, donde esperaba que la prohibición de 10 años del gobierno estadounidense para que pudiera volver a entrar al país. Cuando tenía tres años sus padres entraron con ella ilegalmente cruzando la frontera.  En 2020, el periodo de la prohibición fue completada.

Pero con la pandemia se restringieron los viajes, muchas personas perdieron sus trabajos y Tania decidió que para protegerse a sí misma, iba a establecer su negocio de cosmetología. Sabía que todo lo que había aprendido en California podía usarlo para certificarse en Tijuana. “Después de tantas experiencias aquí con salario bajo largas horas de trabajo mi futuro no estaba asegurado”, reflexiona. Pudo conseguir una propiedad pequeña en la cual su esposo está acondicionando la cochera como salón de belleza poco a poco. Gracias a donaciones generosas que ha recibido, pudo comprar el equipo profesional que necesita y abastecerse de los productos básicos que requiere su profesión.

Pronto podrá abrir su negocio y alcanzar parte de sus sueños. “Esto me ayuda a encontrar un camino para que pueda reunirme con mi hija.  Ha sido muy difícil estar separada del amor de mi vida mientras que me mantengo, ahora puedo tener esa libertad económica”, afirma esta mujer emprendedora quien prepara comida mexicana que vende durante los fines de semana en las calles y sitios de construcción. Esperamos que nuestro gran colaborador Leno cuando la visite en Playas de Tijuana, y le comparta este periódico, y vea su historia en medio de las adversidades que ha logrado superar.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here