La activista paquistaní por los derechos de las niñas y Premio Nobel de la Paz 2014, Malala Yousafzai. (Foto: EFE/NOUSHAD THEKKAYIL)

La resiliencia y la capacidad de adaptación a los nuevos entornos que ha mostrado el hombre a lo largo de la historia nunca ha disminuido, y se puede decir que hoy, a pesar de los enormes desafíos que enfrenta el mundo para su supervivencia, y las sociedades para mantenerse compactas y vivibles, los niños y los jóvenes modernos siguen siendo semillero de ilusiones, sueños y proyectos de cómo podrán construirse una vida provechosa y con sentido, o cómo podrán ayudar a edificar un mundo más humano y amigable.

Los jóvenes actuales, conocidos como “millennials”, por haber nacido con el despuntar del nuevo siglo y milenio, a pesar de crecer en un mundo complejo, traen incorporadas algunas fortalezas y habilidades que no teníamos las generaciones precedentes. La más evidente de ellas, es quizás, que traen integrado en sus genes un “módulo digital”, por el cual entienden como por ciencia infusa y sin consultar a los manuales, cómo funcionan los electrónicos modernos, cómo usar las mil funciones secretas de los teléfonos inteligentes y cómo resolver todos los problemas del día a día a través de una simple App.

La segunda habilidad, derivada de la anterior, es que manejan las redes sociales a su antojo y, por lo tanto, disponen de una gran canal para visibilizarse y hacerse escuchar, no importa en cuál país o rincón del planeta se encuentren; es decir, tienen en sus manos un “megáfono” de cobertura mundial que nosotros ni nos soñábamos; y así pueden generar nuevas ideas y propuestas audaces para buscar soluciones a muchos problemas actuales.

Por eso es tan importante que se inspire a los jóvenes, y que se aprecien sus sorprendentes habilidades, y no se vean como una amenaza, sino una gran oportunidad para abrirse camino en una sociedad cada vez más competitiva y hostil; ofreciéndoles apoyo, consejería y acompañamiento eficaz. Al mismo tiempo, sin ignorar que en el mundo virtual también enfrentan peligros como en el real; entre ellos, desarrollar una adicción a los videos recreativos, a las redes sociales, a los juegos en línea, o peor aún, a canales de contenido inmoral o a chats y sitios donde pueden ser fácilmente engañados o inducidos a actos irreparables.

Se cuenta que un rey buscaba un niño con excelentes cualidades morales para heredarle la corona, pues no tenía hijos; por eso convocó a diez candidatos y le entregó a cada uno una pequeña semilla de maíz, diciéndoles que el que le trajera al cabo de tres semanas la plantita más saludable, sería su sucesor. Cumplido el tiempo, los diez se presentaron ante el rey, mostrando con orgullo las plantas de distinto tamaño y lozanía; pero al llegar al último, el rey se encontró el rostro lloroso de un niño, que entre lágrimas le dijo: “Su majestad, lo siento, la cuidé muchísimo, pero mi semilla nunca germinó”. El rey le tocó la cabeza con ternura, y volviéndose hacia el pueblo, exclamó: “¡Aquí tenéis a vuestro futuro rey!, a todos estos chicos les entregué una semilla totalmente estéril; y solo este tuvo el valor de no cambiarla y presentarse ante mí como un fracasado. Por su integridad, hoy se merece heredar mi corona”.

Los jóvenes necesitan que no se les ceje en el empeño por transmitirles confianza, seguridad y los mejores valores; sin olvidar que estos no se transmiten con consejos ni sermones, sino que los niños aprenden por imitación; es decir, que copiarán solo lo que ven hacer en concreto para vivir como ciudadanos verdaderamente íntegros y solidarios.

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