Jesse Eisenberg en la alfombra roja. (Foto: Erick Barragán)

La edición 35 del Philadelphia Film Festival me permitió vivir por primera vez el encuentro desde sus funciones de apertura y clausura, sus alfombras rojas y las conversaciones con quienes hacen las películas. Entre el 15 y el 25 de octubre de 2026, el festival organizado por la Philadelphia Film Society reunió cine internacional, propuestas independientes y relatos que encontraron en nuestra ciudad mucho más que una locación. Para mí, fueron días de descubrimientos, encuentros y películas que todavía sigo procesando.

Mi recorrido incluyó títulos tan distintos como 2001: A Space Odyssey, All of a Sudden, Being Heumann, Paper Tiger, Bunker, Club Kid e Ink, además de las películas en las que quiero detenerme aquí. Las funciones se alternaron con encuentros con Jesse Eisenberg, el director y los protagonistas de Joy Will Prevail, el equipo de Yale y el reparto de I Don’t Want to Drink Your Blood Anymore, dirigida por Andrew Sullivan. Escuchar a sus creadores fue otra forma de acercarme a lo que acababa de ver.

Un carterista fuera de su tiempo

La apertura estuvo a cargo de The Only Living Pickpocket in New York, de Noah Segan, con quien tuve oportunidad de conversar. John Turturro interpreta a Harry, un carterista de la vieja escuela que parece haberse quedado atrás mientras Nueva York sigue cambiando. Su oficio, basado en la observación y la destreza, encuentra cada vez menos lugar en una ciudad de tarjetas y teléfonos celulares.

Panel con Noah Segan, director de The Only Living Pickpocket in New York. (Foto: Erick Barragán)

Turturro está acompañado por un reparto que se va revelando poco a poco, con Steve Buscemi, Giancarlo Esposito y Tatiana Maslany, además de Will Price como Dylan, el joven cuya relación con una familia criminal pone a Harry en problemas. La película aprovecha esa tensión entre un hombre anacrónico y el mundo que lo rodea sin alargar innecesariamente su recorrido: sus 88 minutos —una hora y 28— le permiten despedirse antes de agotar la bienvenida del espectador. Fue una entrada muy disfrutable al festival.

Filadelfia en la pantalla

Dos películas me hicieron reconocer especialmente la ciudad que habito. La primera fue Joy Will Prevail, dirigida por Max Korman y protagonizada por Griffin Dunne como el arquitecto Louis I. Kahn. La historia sigue su relación con Steve Korman, interpretado por Ben Rosenfield, y el proyecto de una casa que los lleva a preguntarse cómo quieren vivir.

Dunne, a quien muchos reconocerán como Nicky en This Is Us, tiene una larga trayectoria en cine y televisión. Durante nuestra conversación me comentó que tiene ascendencia mexicana y que este papel posee un significado especial para él. Su interpretación me pareció muy digna: acompaña una película en la que los edificios y los paisajes de Filadelfia y sus alrededores participan del relato. Hay un placer particular en reconocer estos espacios mientras descubrimos las preguntas humanas detrás de su construcción.

Jay Silverman, director de Yale; Kevin Dunn, protagonista; y Van Billet, guionista. (Foto Erick Barragán)

La segunda fue Yale, de Jay Silverman, protagonizada por Caitlin McGee y Kevin Dunn. Sus lugares y su ambiente resultan familiares para quienes vivimos aquí, aunque la historia de la familia que retrata sea extraordinaria. Una mujer busca al padre que la abandonó para intentar encontrar un donante de riñón para su hijo; ese reencuentro abre la puerta a otras familias que él había mantenido ocultas.

El guionista, Van Billet, se inspiró en su abuelo materno, Yale Parker. Según explica en un relato sobre el origen del guion, la protagonista combina elementos de su madre, Bette, y su tía June. Durante mi conversación con él, Billet me dijo que se calcula que su abuelo tuvo más de 450 descendientes. Una cifra que da una dimensión sorprendente al legado familiar del personaje.

Josephine llevó al límite mi estómago

Josephine, escrita y dirigida por Beth de Araújo, tuvo sobre mí un efecto que no esperaba. Mason Reeves interpreta a una niña de ocho años que presencia una violación. Channing Tatum y Gemma Chan encarnan a sus padres, quienes intentan acompañarla mientras ella trata de comprender e interiorizar una experiencia para la que no tiene herramientas.

Lo que alcancé a ver me estremeció al punto de tener que salir de la sala: sentí que necesitaba contención emocional. Por eso, no puedo ofrecer una valoración de la película completa, pero sí hablar de la intensidad de ese encuentro. La ejecución me recordó la capacidad de Darren Aronofsky para ponernos en situaciones incómodas y me hizo pensar que el terror no está reservado únicamente al género que lleva ese nombre.

Por la incomodidad que me produjo, también pensé en obras asociadas al Nuevo Extremismo Francés, como Irreversible, de Gaspar Noé, y Baise-moi —conocida como Fóllame o Viólame—, de Virginie Despentes y Coralie Trinh Thi. No digo que Josephine pertenezca a esa corriente, solo que me hizo sentir de la misma manera.

(I-D) J. Andrew Greenblatt, CEO de la Philadelphia Film Society; Ben Rosenfield, actor; Max Korman, director de Joy Will Prevail; y Griffin Dunne, protagonista. (Foto: Erick Barragán)

Behemoth y el placer de escuchar el cine

Para quienes amamos la música, Behemoth!, de Tony Gilroy, fue un agasajo. He de confesar que hay días en los que creo que Pedro Pascal es mi papá, de tantas veces que lo hemos visto como figura paterna. Aquí interpreta a Alex, un violonchelista que regresa a Los Ángeles y debe enfrentarse con su pasado.

Me interesó su faceta hedonista y la manera en que sus experiencias dialogan con la música que interpreta. Las composiciones acompañan los recuerdos y les dan ritmo, como si el personaje participara en la musicalización de su propia vida. La película transita entre el humor, el drama y momentos de espectáculo, sostenida por Pascal y por el entusiasmo con el que Gilroy se acerca a ese universo.

Después de la función asistí a una conversación con Tony Gilroy, quien bromeó con que, después de su trabajo en Andor y Rogue One, se había atrevido a pedirle a Disney el favor de sacar adelante esta película. La música está acreditada a The Behemoth! Collective, un grupo de nueve compositores que incluye a Michael Giacchino, James Newton Howard y Alan Silvestri. Esa variedad de voces resulta adecuada para una película que celebra el trabajo de quienes le dan sonido y emoción al cine. La disfruté como una obra generosa, entregada al placer de ofrecer un gran espectáculo. Quizá ese favor termine por rendirle frutos a Disney.

The Debut y el deseo de transformarse

The Debut fue mi segunda película favorita del festival, y no solamente porque Jesse Eisenberg estuviera presente. Julianne Moore interpreta a Mona Friedman, una mujer de Nueva Jersey que se incorpora a una producción de teatro comunitario y comienza una transformación que desborda el escenario.

La película es parte farsa, parte comedia y parte exploración autobiográfica. Eisenberg ha explicado que la historia nace de su experiencia en el teatro comunitario cuando tenía seis años. Mona es, en ese sentido, un avatar peculiar: una mujer de mediana edad que encarna a aquel niño ansioso que encontró en el escenario un lugar al que pertenecer. Me gusta cómo esa experiencia infantil toma forma en alguien de otra edad y otro género, sin perder la vulnerabilidad ni el deseo de transformarse a través del arte.

Moore sostiene con una interpretación extraordinaria lo que por momentos parece un desbordamiento emocional. Lo que más me gustó fue el afecto con el que Eisenberg acompaña a su personaje: incluso en sus excesos, hay humor y compasión. Reconocí en ella a esas personas que se acercan al arte con la esperanza de cambiar algo en sus vidas, aunque todavía no sepan exactamente qué.

La clausura tuvo, además, un encuentro especial. Antes de la proyección se celebró Fresh Air Live, una conversación en el escenario entre Terry Gross y Eisenberg, fruto de la primera colaboración del festival con el programa de WHYY. Después de la película hubo también un intercambio con el público. Fue una manera de acompañar la función con la voz de su creador y prolongar la experiencia más allá de los créditos.

La bola negra y lo que permanece

Dejo para el final la joya de la corona: La bola negra, de Javier Calvo y Javier Ambrossi, conocidos como Los Javis, con Guitarricadelafuente entre sus protagonistas. Fue la película que más me tomó desprevenido y la que sigo queriendo comentar con todo el mundo.

Mi recomendación es acercarse a ella sabiendo lo menos posible, incluso evitando el tráiler y las sinopsis extensas. Basta con saber que entrelaza tres historias: una en 1932, antes de la Guerra Civil española; otra en 1937, durante el conflicto; y una más en 2017. Prefiero reservarme el vínculo que las une. Descubrirlo sin anticipaciones fue una parte esencial de mi experiencia.

El cuerpo masculino funciona aquí como un territorio de contradicciones: oscila entre la fuerza destructiva y el objeto de deseo, entre la violencia que ejerce o recibe y la posibilidad de intimidad. A través de esas tensiones, la película reivindica la memoria homosexual en España y propone una forma de mirar heridas que atraviesan generaciones.

También encontré en ella un intento de reparación mediante el arte: recuperar aquello que la historia quiso silenciar y devolverle un lugar en el presente. No quiero revelar más. Anhelo volver a ver esta película con mis amigos en la pantalla grande y salir del cine a platicarla con ellos. Quiero que vivan una experiencia similar a la que yo tuve. Ojalá no la dejen para Netflix: siento que verla por primera vez en casa le restaría mucho a esa experiencia que tanto quiero compartir.

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