El presidente Donald Trump no puede ser elegido para un tercer mandato en 2028, sin importar cuántas gorras rojas con el lema “Trump 2028” se vendan en sus mítines. La Enmienda 22 de la Constitución de Estados Unidos, ratificada en 1951, lo establece en una sola oración: “Ninguna persona podrá ser elegida para el cargo de presidente más de dos veces”.
Trump ganó las elecciones presidenciales de 2016, perdió las de 2020 y volvió a ganarlas en 2024. Aun así, el presidente quiere permanecer en la Casa Blanca y continúa hablando de presentarse nuevamente a las elecciones, lo que genera expectativas entre sus seguidores. En marzo de 2025, le dijo a NBC News que no estaba bromeando sobre un tercer mandato y que “hay métodos” para conseguirlo. La Organización Trump continúa vendiendo gorras y camisetas con el lema “Trump 2028”, y su exasesor Steve Bannon declaró a The Economist que Trump “va a ser presidente en 2028”. En otras ocasiones, Trump afirma que solo está bromeando o que menciona el tema para molestar a sus oponentes. En octubre de 2025, les dijo a los periodistas: “Está bastante claro que no tengo permitido postularme”.
Muchas familias de nuestra comunidad latina han emigrado de países donde los líderes modificaron las reglas y dejaron de lado la Constitución para permanecer en el poder. Para estos inmigrantes, el respeto a la Constitución representa seguridad, y los límites a los mandatos presidenciales ofrecen la garantía de que el poder cambiará de manos. Durante la mayor parte de la historia estadounidense, esa garantía fue una tradición, no una ley. Entonces llegó Franklin D. Roosevelt.
Los votantes eligieron a Roosevelt en 1932 y 1936. Ganó un tercer mandato en 1940 y un cuarto en 1944. Murió en el cargo en abril de 1945, apenas unos meses después de comenzar su cuarto mandato. En respuesta, el Congreso decidió que ninguna persona debía concentrar tanto poder durante un periodo tan prolongado. Propuso la enmienda en 1947 y los estados la ratificaron el 27 de febrero de 1951. La enmienda también establece límites para quienes asumen la presidencia durante el mandato de otra persona y posteriormente buscan ser elegidos para el cargo.
Algunos aliados de Trump han planteado posibles alternativas, como que el presidente se postule para vicepresidente y que, posteriormente, el mandatario en funciones renuncie para cederle el puesto. Sin embargo, la mayoría de los especialistas en derecho constitucional considera que esa posibilidad también está cerrada. La Enmienda 12 establece que ninguna persona que no reúna los requisitos constitucionales para ocupar la presidencia puede ser elegida para la vicepresidencia.
La única vía para permitir un tercer mandato sería reformar la Constitución para modificar o derogar la Enmienda 22. Para ello, se necesitaría la aprobación de dos tercios de ambas cámaras del Congreso y la ratificación de tres cuartas partes de los estados, es decir, 38 de los 50. Pocos días después del inicio del segundo mandato de Trump, el representante republicano Andy Ogles, de Tennessee, propuso una enmienda con ese propósito, pero la iniciativa no ha sido sometida a votación.
Tal vez exista poco interés en que Trump ocupe la presidencia por tercera vez. Por ahora, la Enmienda 22 continúa funcionando como una barrera constitucional alrededor del Despacho Oval, y ningún lema de campaña puede modificarla. El próximo presidente será elegido en noviembre de 2028, en las urnas.
En agosto, en la Base Conjunta Andrews, en Maryland, un periodista volvió a preguntarle a Trump sobre la posibilidad de buscar otro mandato. Su respuesta pareció dejar el asunto zanjado, al menos por ahora.
“Me encantaría postularme”, respondió, “pero la ley es muy estricta”.






