
La artista madrileña transformó un momento adverso en la oportunidad de reinventarse. Hoy, después de recorrer el mundo con Cirque du Soleil, vuelve a Filadelfia con una historia que celebra el talento, la resiliencia y la importancia de las raíces.
A la víspera del Mes de la Herencia Hispana, la editora jefa de Impacto, Perla Lara, conversó con Elena Suárez, artista española e integrante de Cirque du Soleil, para conocer la historia detrás de una carrera que comenzó en el ballet y que, con el tiempo, la ha llevado a presentarse en algunos de los escenarios más importantes del mundo.
Nacida en Madrid y radicada actualmente en Montreal, Canadá, Suárez acumula una década dentro de la compañía más reconocida del arte circense internacional. Su trayectoria combina los desafíos de una carrera artística global, un profundo vínculo con sus raíces españolas y una vida marcada por los viajes, la adaptación a nuevas culturas y la oportunidad de compartir escenario con artistas de distintas nacionalidades.
Ahora se prepara para regresar a Filadelfia, una ciudad que ya conoce y donde volverá a encontrarse con el público local. Formará parte de una producción familiar de Cirque du Soleil que busca recuperar la magia, el asombro y la capacidad de ver el mundo con los ojos de un niño. El espectáculo se presentará en The Met Philadelphia del 17 al 27 de diciembre, con un total de 16 funciones.

Una infancia entre el ballet y la actuación
Elena comenzó a bailar cuando apenas tenía tres años. Durante su infancia también tuvo experiencias en televisión y cine, pero fue el ballet el que terminó convirtiéndose en el eje de su formación artística.
Durante años dedicó su vida a esta disciplina y llegó a imaginar que su futuro estaría ligado exclusivamente a ella. Sin embargo, una lesión importante cambió por completo el rumbo de su carrera.
El proceso de recuperación incluyó dos años de cirugías y tratamientos, obligándola a poner en pausa sus planes profesionales. Fue entonces cuando decidió estudiar periodismo en la universidad, aunque nunca logró desprenderse por completo de su relación con la danza.
«Había algo dentro de mí, ese fuego que me decía: tienes que volver», recordó.
Cuando finalmente regresó al escenario, lo hizo con una perspectiva diferente. Más que perseguir metas o reconocimientos, buscó reencontrarse con la alegría que había sentido cuando empezó a bailar. Aquella decisión terminó abriéndole una puerta que jamás había imaginado.

Una audición que cambió su destino
En 2012 asistió a una audición abierta de Cirque du Soleil en Barcelona. La convocatoria reunía a artistas de distintos estilos, y para una bailarina formada principalmente en ballet, el reto representaba una experiencia completamente nueva.
«No estaba en mis planes», confesó al recordar su primer acercamiento al mundo del circo.
Tras superar el proceso de selección, años después recibió la llamada que transformaría su carrera. En 2016 se incorporó a Volta, una de las producciones de la compañía, donde interpretó a uno de los personajes principales.
La experiencia la llevó a descubrir una faceta artística que hasta entonces no formaba parte de sus objetivos profesionales.
A los 26 años inició una transición hacia las disciplinas aéreas. Desde entonces ha continuado desarrollándose en un ámbito que demanda una intensa preparación física, disciplina y fortaleza mental. Hoy, a los 33 años, celebra una década de trayectoria dentro de Cirque du Soleil.

«Los caminos no son rectos»
Para Suárez, su historia demuestra que las carreras profesionales rara vez siguen una línea recta.
El ballet parecía ser su destino inevitable. Después llegó la lesión. Más tarde, la universidad la condujo temporalmente hacia el periodismo. Finalmente, una audición inesperada abrió la puerta a una nueva vida en el circo.
«Los caminos no son rectos, pero te pueden hacer muy feliz y puedes encontrar tu lugar», afirmó.
Entre los recuerdos más significativos de su carrera destaca el estreno de Volta. Para ella, aquella presentación representó la realización de un sueño que durante mucho tiempo había parecido inalcanzable.
El proceso también le enseñó el valor de la perseverancia.
«Tuve que llamar a la puerta muchas veces hasta que ocurrió», recordó.
Hoy considera aquel momento como la recompensa a los años de trabajo constante y la decisión de seguir creyendo en un objetivo, incluso cuando parecía lejano.

Una vida marcada por los viajes
Desde su ingreso a Cirque du Soleil, Suárez ha vivido en constante movimiento. Su trabajo la ha llevado a países como India, Australia, España y Estados Unidos, además de recorrer innumerables ciudades junto a diversas producciones.
Actualmente reside en Montreal, una de las principales sedes de la compañía. Adaptarse a Canadá implicó enfrentar una nueva cultura y un idioma diferente. En una ciudad donde el francés tiene una presencia dominante, la artista incorporó una tercera lengua a su vida cotidiana.
Sin embargo, mudarse de país nunca significó desprenderse de sus raíces.
Para Suárez, una de las mayores fortalezas de la comunidad hispana es precisamente su capacidad de mantener vivas sus tradiciones sin importar dónde se encuentre.
«Los hispanos somos muy cálidos, resilientes. Tenemos mucha pasión», expresó.

Madrid siempre está presente
Aunque ha pasado años lejos de España, Madrid continúa ocupando un lugar central en su vida.
Las tradiciones, la gastronomía y muchas costumbres familiares siguen acompañándola en Canadá, donde ha creado un hogar que conserva una parte importante de su identidad española.
Para la artista, mantener vivas esas costumbres es una manera de recordar siempre de dónde viene.
«Las raíces son importantes», afirmó.
Más presencia hispana en Cirque du Soleil
La diversidad cultural también ha sido una de las características más enriquecedoras de su experiencia dentro de la compañía.
Durante la última década ha compartido escenario con artistas de numerosas nacionalidades y ha observado una creciente presencia de hispanos y latinos en las producciones de Cirque du Soleil.
Considera positivo que la organización continúe buscando talento en distintos países y realizando audiciones en regiones donde existe una sólida tradición de danza, artes escénicas y disciplinas circenses.
Para ella, este crecimiento refleja la riqueza artística de las comunidades latinoamericanas.
«Hay tanto talento», comentó.
Además, reconoce una conexión especial entre los artistas hispanos, a quienes describe como personas con una energía, sensibilidad y pasión únicas. Para una artista que ha llevado su identidad a escenarios de todo el mundo, formar parte de esa diversidad representa también la oportunidad de compartir una parte de su cultura.
Una historia sobre recuperar la magia
La producción navideña en la que participa combina acrobacias, música, color y diversas disciplinas circenses para contar una historia inspirada en el poema de San Nicolás, reinterpretada a través de la visión creativa de Cirque du Soleil.
La trama sigue a Isabela y la relación con su padre, mientras explora una idea sencilla pero universal: a medida que las personas crecen, suelen perder la capacidad de sorprenderse y disfrutar de las pequeñas cosas.
Es allí donde aparece el personaje interpretado por Suárez: The Spark o La Chispa.
Su personaje simboliza esa luz capaz de guiar en los momentos de oscuridad y reconectar a las personas con el espíritu navideño y la capacidad de maravillarse nuevamente.
«Es como esa luz que alumbra en la oscuridad y te hace reconectar con el espíritu navideño», explicó.
El espectáculo reúne a 26 artistas en escena y presenta una variedad de disciplinas, incluyendo patinaje y números aéreos, dentro de una propuesta visual llena de color y dinamismo.
Para Suárez, sin embargo, el desafío va más allá de la exigencia física.
Su interpretación posee una fuerte carga emocional, lo que le permite establecer una conexión especial con el público desde el escenario.

Llevar las raíces a cada escenario
La historia de Elena Suárez comenzó en Madrid, con una niña que soñaba con bailar.
El ballet parecía haber definido su destino hasta que una lesión la obligó a detenerse y replantear sus planes. Sin embargo, aquella pausa terminó conduciéndola hacia un escenario que nunca había imaginado: el de Cirque du Soleil.
Hoy, después de diez años en la compañía y de recorrer distintos países, continúa encontrando nuevas maneras de crecer como artista sin perder de vista la identidad que la acompaña desde sus inicios.
Su historia refleja el espíritu del Mes de la Herencia Hispana: reconocer las raíces, las trayectorias y las contribuciones de quienes llevan su cultura a nuevos espacios. En su caso, esas raíces viajan con ella desde Madrid hasta Montreal, y desde allí a cada escenario donde se presenta.
La próxima parada será Filadelfia, donde volverá a subir al escenario con una misión que, de alguna manera, resume también su propia historia: mantener viva la chispa, incluso cuando la vida obliga a cambiar de rumbo.
“Los caminos no son rectos, pero te pueden hacer muy feliz y puedes encontrar tu lugar.”
Elena Suárez, artista de Cirque du Soleil





