La representante republicana de Wyoming, Liz Cheney. (Foto: EFE/Michael Reynolds)

Un fantasma recorre los Estados Unidos de América: el fantasma de la gran mentira. Las huestes de la extrema derecha republicana, encabezada por el derrotado y exiliado en Mar-a-Lago, Donald Trump, continúan dando alaridos a seis meses de las elecciones presidenciales del 2020, reclamando que fueron un fraude. Sumado a esto, está la opinión pública, cada vez más polarizada y los acólitos de la derecha radical promoviendo la gran mentira del fraude, que Trump inició a raíz de su fracaso electoral en las pasadas elecciones presidenciales. Muchos pensamos que con la derrota de Trump la derecha radical y supremacista iría bajando de intensidad, pero lo que estamos testimoniando nos dice todo lo contrario.

Uniéndose a esta quijotesca e incendiaria mentira, el Senado de Arizona, dominado por los republicanos, ordenó este pasado mes de abril un recuento de 2,1 millones de votos en el condado de Maricopa, dándole al trumpismo un nuevo aire para seguir diseminando este fantasma de la gran mentira.

La democracia de esta nación, marcada como una de las más estables y prósperas del mundo, está bajo la amenaza de las hordas republicanas ultraderechistas que pretenden desestabilizar nuestro sistema democrático y restringir el voto de millares de ciudadanos estadounidenses. No se veía algo así desde los tiempos de la Guerra Civil. Desde el pasado 6 de enero, cuando turbas de la derecha radical y supremacista asaltaron el Congreso, la tensión ha ido en escala vertical. Se siente en el aire la cortante sensación de la polaridad. A 140 kilómetros de Phoenix, en el pueblo de Payson, aún siguen en pie los letreros de apoyo a Trump-Pence. Allí, Trump ganó con una cómoda ventaja de 34 por ciento sobre Joe Biden y la población, con un 75 por ciento de blancos, considera a Biden enemigo del pueblo. De lograr revertir la elección en el condado de Maricopa (lo cual es poco probable), irán tras los estados de Míchigan, Wisconsin, Pensilvania y Georgia.

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Policías responden ante los manifestantes seguidores de Donald Trump que irrumpieron en el Capitolio en enero pasado. (EFE/ Michael Reynolds)

Este fantasma, controlado desde Mar-a-Lago, ha logrado meterse en el alma del Partido Republicano y parece que cualquier candidato republicano tendrá que postrarse ante la gran mentira, si quiere estar en la contienda electoral del 2022 y 2024. Tan es así, que cualquier líder republicano que intente empañar la imagen de Trump será medido con la intolerante e inquisitiva vara de la destitución.

Liz Cheney (R-Wy) ha encarnado esta nueva normalidad republicana. Cheney, junto a diez ex líderes del Pentágono, ante el rumor de que Trump movilizaría las fuerzas armadas para interrumpir la transición presidencial, firmaron un artículo de opinión, que publicó el Washington Post, donde declaran: “Los esfuerzos para involucrar a las fuerzas armadas de los EE. UU. en la resolución de disputas electorales nos llevarán a un territorio peligroso, ilegal e inconstitucional”.Cheney fue una de las representantes que votó junto a los demócratas para destituir a Trump de la presidencia y ha sido una de las republicanas del Congreso que no le ha temblado la voz para denunciar la gran mentira y acusar a Trump por promoverla. Por estas posturas enmarcadas en su alto sentido de justicia y constitucionalidad, el pasado miércoles 12 de mayo, Cheney fue destituida de la dirección del Partido Republicano en la Cámara de Representantes.

Atacar falsamente el proceso electoral, en especial el del pasado noviembre del 2020, donde un histórico récord de 66,7 por ciento ejerció su derecho al voto, es atacar la democracia misma y minar la confianza que por los últimos 245 años los estadounidenses han tenido en su sistema de gobierno. Nada más antiestadounidense que esto. Es mucho más amenazante la ultraderecha supremacista y un pseudo patriotismo americano que mil ataques terroristas del extranjero.

Ante esta amenaza, los latinoamericanos que vivimos en estas tierras de Dios no podemos quedarnos dormidos en la complacencia. Llegamos a esta nación huyendo de la pobreza y las dictaduras. Conocemos lo que es vivir bajo sistemas totalitarios, sabemos lo duro que muerde la pobreza, hemos vivido las miserias del colonialismo, ¿quién mejor que nosotros para defender la democracia? Abramos los ojos y movilicémonos, se aproximan las elecciones del 2022, donde habrá que elegir nuevos congresistas, senadores y representantes estatales.

Les dejo las palabras de Liz Cheney:“Hoy enfrentamos una amenaza que Estados Unidos nunca había visto. Un expresidente, que provocó un ataque violento en este Capitolio en un esfuerzo por robar la elección (…) Millones de estadounidenses han sido engañados por el expresidente. Solo han escuchado sus palabras, pero no la verdad (…) El Colegio Electoral ha votado. Más de sesenta tribunales estatales y federales, incluidos varios jueces que nombró, han rechazado las afirmaciones del expresidente. Se acabó la elección. Este es el imperio de la ley. Este es nuestro proceso constitucional. Quienes se niegan a aceptar los fallos de nuestros tribunales están en guerra con la Constitución”.

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