Persona en proceso de meditación. (Foto archivo)

Miami, EE.UU. – Robert Wright lleva al lector, al estudiante o a quienes acuden a sus conferencias a buscar el entendimiento que tiene de la neurociencia, de la religión, de la filosofía y de la meditación. El investigador persigue el entendimiento de la existencia y una gran incógnita: la conciencia.

“No hay una explicación científica del todo convincente, ni de por qué hay una experiencia subjetiva ni de cómo el cerebro genera una”, le dijo a la Voz de América.

Lo que pensamos son meras interpretaciones  que consideramos verdades inmutables y que distan de serlo. El académico defiende la postura de que, una de las razones por las que sufrimos, es porque no vemos el mundo con claridad y por esa razón hacemos sufrir a los demás.   

“Somos muy buenos para convencernos de que tenemos la razón y que la otra persona está equivocada, son los llamados sesgos cognitivos que patrocinan este tipo de ilusiones”, comenta Wright.

Ilusiones andantes con un apetito insaciable, la búsqueda constante de otra cosa, ya sea desde comerse una dona hasta conseguir una promoción en el empleo. «Tendemos a concentrarnos en cuánta felicidad nos traerá y no pensar en las secuelas cuando muy pronto la gratificación disminuirá y volveremos a tener hambre”, acota.

Hambre de seguir saciando el manantial de deseos que con la meditación siendo parte de su vida ha experimentado los beneficios que, dice, son tangibles pero, para conocerlos, al igual que cualquier otra disciplina, se requiere de compromiso

“Las cosas simplemente parecían más claras y vívidas. Estaba menos distraído por los anhelos, los miedos y las ansiedades y pude concentrarme en el mundo real y creo que pude evaluar a las personas con mayor precisión”, sentencia el autor.

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