Se está acercando el fin del ciclo escolar, y con él, llegan los desafíos típicos de este momento. ¿Qué ofrece el verano para el aprovechamiento de nuestros hijos? ¿Cómo inscribirlos en actividades productivas y educativas? ¿Cómo mantenerlos fuera de actividades ociosas y potencialmente dañinas? ¿Hacia dónde orientar a los que se estarán graduando? ¿Cómo enfrentar el drama de los costosos créditos educativos para los que aspiran a la educación superior?

Son todas preguntas importantes que pueden causar zozobra y ansiedad en más de una familia; en especial, en aquellas de recursos más limitados, donde a menudo los padres trabajan y tienen que empezar por resolver el tema de cómo cuidar a sus hijos durante el tiempo que estarán fuera de las aulas.

Por eso es muy importante que las organizaciones y las instituciones públicas y privadas, puedan facilitar todas las herramientas a las organizaciones especializadas, para que se programen los cursos, campamentos y actividades formativas necesarias para que el mayor número posible de niños tenga un lugar y tareas con las cuales llenar su tiempo de vacaciones.

Conseguir que todos los estudiantes tengan asegurada una actividad formativa tiene varias consecuencias positivas claras. Es un tiempo muy aprovechable para reforzar con talleres, manualidades, tareas prácticas y actividades lúdicas algunas materias escolares en las cuales los niños podían venir fallando, y permite a los padres trabajadores continuar sus compromisos laborales sin estar preocupados por el tiempo de ocio de sus hijos, y se asegura el mantener a los niños alejados de la calle, el lugar donde más fácilmente pueden caer presa de traficantes y toda clase de depredadores.

Otro desafío que todas nuestras organizaciones educativas debe atender es acompañar a los padres para orientar el futuro profesional de sus hijos. Tarea que parece cada vez más difícil por distintas razones; una involucra el cambio de paradigma de lo que eran los empleos estables de hace un tiempo, al perfil cambiante de los empleos actuales; otra refleja la crisis antropológica de nuestra sociedad, que le envía tantas señales confusas y contradictorias a nuestros niños sobre lo que son, lo que deberían ser y lo que aspiran a conseguir; y una última, la angustia de muchos padres de escasos recursos frente a los costos exorbitantes de una carrera en una universidad con buen nombre.

También es importante que los padres no carguen con toda la responsabilidad a las escuelas; deben ser conscientes que la acción educativa es una tarea compartida; pues, si la escuela provee un set de conocimientos teóricos y habilidades técnicas, son los padres y el ambiente hogareño los que preparan al niño y al joven a tener sentido de responsabilidad y pertenencia, a desarrollar una mentalidad que sea al mismo tiempo abierta e inclusiva, pero que sepa desenmascarar la mentira y las componendas; que acoja los valores de la sociedad y del país que los ha adoptado, y que conserve, las mejores riquezas de la cultura y las tradiciones de sus padres y su lugar de origen.

Solía decir George Washington Carver que “la educación es esa llave que nos abre la dorada puerta a la libertad”. Pero sin olvidar que libertad no es solo hacer lo que me gusta o me realiza, sino también respetar, y en lo posible, apoyar aquello que le gusta y que realiza a mi hermano, a mi conciudadano. Es muy importante que nuestros niños recuperen el sentido de esa “familia-sociedad”; donde no es posible ser indiferentes a los males que afectan a mis vecinos y compañeros sin que tarde o temprano seamos nosotros mismos víctimas de esos males que hemos ignorado.

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