Manos en cerca de persona que anhela libertad (Foto: Fifaliana archivo Pixabay)

Podemos o no aceptar los problemas que implica la crítica. A muchos nos resulta difícil ver los méritos en cuestiones políticas, especialmente cuando no estamos de acuerdo con un político dado. Por medio de la tecnología, somos testigos de la lucha constante que existe entre el individuo, la comunidad y el gobierno. Es esta lucha la que nos pone frente a la dificultad de la crítica honesta e imparcial y comenzamos a comprender la amenaza que nos asecha. Vivimos tiempos en los que el individuo libre está dejando de existir, está dejando de tener la ilusión de ser independiente.

¿Cómo y cuándo se nos vendió el concepto de la honestidad en el ámbito político? Lo primero que esperamos de un político es la sinceridad, que no diga mentiras, que explique lo que piensa, lo que siente. Nunca debemos apoyar a un político mentiroso. Cuando creemos que el político posee cierta sinceridad fundamental, lo apoyamos. Es muy difícil encontrar la falsedad que se esconde entre el elocuente doble discurso de un político. 

Cuando reflexionamos detenidamente, nos damos cuenta de cuán amenazada está la sociedad. ¿Regresará la época del estado totalitario, que no permite y probablemente no puede permitirle al individuo la más mínima libertad? Cuando hablamos del totalitarismo, pensamos de inmediato en la Alemania nazi, la Rusia de Stalin, la Italia del Duce; pero creo que estamos viviendo algo parecido, tal vez por culpa, entre otras cosas, de la pandemia.

Es evidente que muchos países, uno detrás de otro, están adoptando una economía centralizada, que podemos llamar socialismo o capitalismo de estado. Con esto, la libertad económica del individuo y, en gran medida, su libertad para hacer lo que quiera, llegan a su fin. ¿Qué implica esto? Que la desaparición de la libertad económica afecta la autonomía del individuo y su libertad intelectual.

Al socialismo muchos lo consideran una especie de liberalismo moralizado y explican: “bajo el socialismo, el estado no tiene necesidad de interferir en la vida privada del pueblo, simplemente se encarga de su vida económica y lo libera del miedo a la pobreza, el desempleo, etcétera. El individuo puede prosperar tal como lo ha hecho bajo el capitalismo y hasta más, ya que no está sometido a imposiciones económicas. El pueblo es feliz, lo tiene todo”. Problemas clásicos de la democracia americana de Hellman M Bishop y Samuel Hendel.

Las evidencias históricas muestran que el totalitarismo y el socialismo son uno, y ambos controlan la libertad de pensamiento. Este control abarca la prohibición de expresión, incluyendo la prohibición de ciertas ideas en específico. El totalitarismo nos dicta lo que debemos pensar, gobierna nuestra vida emocional y establece un código de conducta obligatorio. Nos aísla del mundo exterior limitando las relaciones interpersonales y nos encierra en un universo artificial en el que carecemos de libre albedrío. El estado totalitario trata de controlar los pensamientos y las emociones del pueblo controlando sus acciones. Los promotores del totalitarismo nos critican diciendo que la supuesta libertad que ha existido es el reflejo de una anarquía económica; una ilusión. ¿Lograremos desarrollar una forma de socialismo que no sea totalitaria? ¿Podremos sobrevivir al control del totalitarismo?

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