Una estudiante llora durante el acto "Un minuto de ruido por Giulia" por Giulia Cecchettin, presuntamente asesinada por su celoso exnovio frente a la Universidad Estatal en Milán, Italia, 22 de noviembre de 2023. (Foto: AP/Luca Bruno/File)

Después del último y horripilante asesinato de una estudiante universitaria presuntamente a manos de su exnovio resentido y celoso, estudiantes desde Turín hasta Palermo han empezado a golpear al unísono los escritorios de las aulas para exigir que se ponga fin al asesinato de mujeres en Italia a manos de hombres.

Apenas unos días antes del asesinato de Giulia Cecchettin, de 22 años, los italianos aplaudían una película de gran éxito en taquilla sobre una mujer que soporta palizas y menosprecio por parte de su esposo autoritario. La película está ambientada en 1946, 24 años antes de que el divorcio se legalizara en Italia y en vísperas de la primera vez que a las mujeres italianas se les permitió votar. La exploración que hace la película del papel asfixiante del patriarcado en la sociedad italiana resuena dolorosamente hoy en día.

El momento es una notable confluencia entre la realidad y la ficción, que impulsa demandas en toda Italia para proteger a las mujeres y erradicar la mentalidad patriarcal entretejida en la sociedad.

Giulia Cecchettin desapareció después de reunirse con su exnovio, Filippo Turetta, para comer una hamburguesa en un centro comercial, pocos días antes de recibir su título en ingeniería biomédica en la Universidad de Padua.

A su exnovio, un año menor, le molestaba que ella hubiera terminado sus estudios antes que él y temía que lo dejara para perseguir sus sueños personales y profesionales, dijeron amigos y familiares. Todo estaba listo para celebrar el título de Cecchettin —se ataron lazos rojos a la valla metálica frente a la casa de su familia en Vigonovo, una ciudad de 10.000 habitantes cerca de Venecia— y un restaurante fue reservado para familiares y amigos.

Mientras estaba en el restaurante de hamburguesas, envió un mensaje de texto a Elena, su hermana mayor, para pedirle consejo sobre qué zapatos comprar para la ceremonia. Fue lo último que su familia supo de ella.

“El caso de Giulia sacudió a toda Italia”, dijo Paola Cortellesi, actriz y directora, en una entrevista a principios de esta semana en Roma. “Porque al desaparecer, toda Italia sabía que en poco tiempo se descubriría a una joven asesinada a manos de un hombre”.

“Porque a estas alturas es la misma rutina. Es escalofriante llamarlo rutina”, agregó al referirse a las estadísticas italianas que indican que aproximadamente cada tres días una mujer es asesinada por un hombre frecuentemente un cónyuge, una pareja o un ex.

Durante los siete días previos al hallazgo del cuerpo de Cecchettin, el 18 de noviembre —cubierto por bolsas de plástico negras en una zanja cerca de un lago en las estribaciones de los Alpes—, los noticieros de la nación dieron actualizaciones macabras.

A pocos kilómetros de su casa, la cámara de vídeo de un complejo industrial en una calle desierta capturó la imagen de un hombre, presuntamente Turetta, persiguiendo a Cecchettin, quien había salido huyendo del auto antes de ser golpeada repetidamente, derribada al suelo y metida a empujones en el vehículo, dejando cabellos y manchas de sangre en la acera.

Durante días, las cámaras de vigilancia en las carreteras registraron vistazos del auto de Turetta, primero en el norte de Italia, luego en Austria y finalmente en Alemania. El domingo 19 de noviembre, la policía alemana revisó un automóvil estacionado y sin gasolina en la orilla de una autopista. Turetta estaba adentro.

El miércoles, un tribunal alemán ordenó su extradición a Italia para ser investigado por sospecha de asesinato. El informe de un médico forense señaló 26 heridas, aparentemente infligidas con un cuchillo, en el cuello, los brazos y las piernas de la mujer, reportaron los medios italianos.

Mientras se desarrollaba el drama de la vida real del asesinato de Cecchettin, la película “C’è ancora domani” (Todavía hay un mañana) cautivaba al público de toda Italia.

Cortellesi, quien dirigió la película, dijo que su trabajo involucró al público “más allá de lo común, precisamente porque, como he estado diciendo, tocó un punto sensible en la vida de todos”. Cortellesi, una destacada actriz cómica italiana, también interpreta el papel principal de Delia, una esposa romana que ha sufrido maltratos y espera un futuro mejor para su hija adolescente.

Cortellesi contó cómo, en un preestreno, una mujer se levantó y reveló ante un cine lleno de desconocidos que ella también tenía un marido abusivo, y declaró: “Yo era Delia”.

Entre los admiradores de la película se encuentra Daria Dicorpo, profesora de secundaria en Roma. “Desafortunadamente, el tema de la violencia contra las mujeres siempre es actual”, dijo.

En el filme, a las mujeres —desde la clase socioeconómica baja hasta la alta— sus esposos les dicen que se guarden sus opiniones o, más claramente, que cierren la boca. “En cambio, no: tenemos que gritar, tenemos que comunicar la belleza de ser mujeres”, expresó Dicorpo.

Anteriormente, los italianos habían salido a las calles en marchas silenciosas y con antorchas para protestar por los asesinatos de mujeres. Pero Elena Cecchettin, hermana de Giulia, ofreció una alternativa: “hacer ruido” para honrar a su hermana. “Si tienes llaves, hazlas sonar”, pidió.

En una carta al diario Corriere della Sera, Elena Cecchettin desestimó las descripciones del presunto asesino de su hermana como un “monstruo”. Los asesinos “no están enfermos; son hijos sanos del patriarcado”, escribió.

“El feminicidio no es un crimen pasional: es un crimen de poder”, agregó Elena Cecchettin, utilizando un término que se refiere al asesinato de mujeres precisamente por ser mujeres o por el poder que los hombres ejercen sobre ellas.

El miércoles, después de la aprobación final de un proyecto de ley para proteger a las mujeres con medidas como un mayor uso de dispositivos electrónicos de vigilancia de hombres que las acechan o amenazan, los legisladores del opositor Movimiento 5 Estrellas golpearon rítmicamente sus escritorios “en un minuto de ruido”.

La directora Cortellesi apeló a las dos mujeres más poderosas de la política italiana actual: la primera ministra de extrema derecha, Giorgia Meloni, y Elly Schlein, quien encabeza el Partido Demócrata, la fuerza de izquierda más grande del Parlamento. Les pidió que “hicieran algo (sobre la violencia contra las mujeres) que no tenga nada que ver con mantener contento a su electorado”, dijo.

Schlein presiona para que una legislación bipartidista haga obligatorias lecciones, a partir de la primaria, para enseñar el respeto recíproco entre niñas y niños, hombres y mujeres. Pero el plan del ministro de Educación de Meloni prevé lecciones sobre “relaciones” en las escuelas secundarias.

La televisión estatal italiana RAI informó que en los días transcurridos desde que hallaron el cuerpo de Cecchettin, las llamadas a una línea directa nacional para mujeres que temen por su seguridad a manos de hombres han aumentado de unas 200 a 400 por día, incluidas las de padres de mujeres jóvenes.

“Las mujeres tienen miedo”, dijo Oria Gargano, quien dirige Be Free (Sé Libre), una cooperativa social que lucha contra la violencia, el tráfico sexual y la discriminación.

En las notas escritas a mano entre las flores, velas y ramos colocados frente a la casa de la familia Cecchettin, había una que decía: “Perdónanos por no haber hecho lo suficiente para cambiar esta cultura”.

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