El Gobierno de Trump elimina cuatro vacunas obligatorias del calendario infantil. (Foto: EFE/CAROLINE BREHMAN)

El 5 de enero, la administración Trump y el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., redujeron drásticamente el número y el tipo de vacunas recomendadas para los niños estadounidenses. Importantes grupos médicos han declarado que estos cambios debilitarán la protección de los niños contra media docena de enfermedades. Ahora se ordena a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) que recomienden la vacunación de todos los niños contra solo 11 enfermedades. Ya no se recomienda la vacunación contra la gripe, el rotavirus, algunas formas de meningitis, el VRS, la hepatitis A y la hepatitis B.

Estas nuevas recomendaciones no podrían llegar en peor momento. Los datos muestran un aumento de casos de gripe en 45 estados del país, la cifra más alta en los últimos 30 años. Alrededor de 5.000 personas han muerto por complicaciones asociadas a la gripe en lo que va de temporada, incluidos nueve niños. El invierno pasado, 280 niños murieron a causa de la gripe, la cifra más alta desde 2009.

También nos encontramos en medio del peor brote de sarampión desde el año 2000 (cuando se declaró erradicado en Estados Unidos).

Entre el 1 de enero de 2025 y el 12 de enero de 2026, se han documentado 2,147 casos confirmados.

La tosferina (pertussis) también está aumentando en todo el país y representa un grave riesgo para los bebés y los niños pequeños. Ambas vacunas aún se encuentran en la lista de recomendaciones, pero los cambios recientes y los claros mensajes antivacunas provenientes del Gobierno federal probablemente debilitarán la aceptación de las vacunas en general. De hecho, las tasas de vacunación en Estados Unidos están disminuyendo, según los datos, y las exenciones de vacunación para los niños de preescolar están aumentando, un 3,6% en 2025, frente al 3,3% en 2024.

Estas nuevas regulaciones contradicen décadas de investigación y las mejores prácticas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, los científicos especializados en vacunas y los profesionales de la salud. Solo sirven para confundir y desorientar a los padres. Se espera que los padres decidan por sí mismos —o con un profesional de la salud, si lo tienen— si vacunan a sus hijos y contra qué enfermedades. Sus hijos, incapaces de defenderse a sí mismos, serán víctimas de enfermedades innecesarias, hospitalizaciones e incluso la muerte sin la vacunación de rutina. Kennedy declaró que “esta decisión protege a los niños, respeta a las familias y restablece la confianza en la salud pública”. En realidad, sucederá todo lo contrario. El daño a la calidad de vida y a la salud de los niños en este país será terrible.

Permítanme ser claro: Robert F. Kennedy Jr. y la Administración Trump están utilizando las vacunas como herramienta política para generar miedo y desconfianza hacia la ciencia médica y debilitar la salud pública. Lo que comenzó como una reacción a las vacunas contra la COVID-19, desarrolladas recientemente, se ha extendido a otras vacunas que han sido ampliamente aceptadas como seguras y efectivas durante años. Estos cambios se realizaron sin debate público ni una revisión transparente y exhaustiva de los datos científicos. Es cierto que la decisión sobre las vacunas es personal, pero estas decisiones deben basarse en hechos, no en creencias personales sin fundamento científico.

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