
Dos inicios en el mundo artístico muy distintos, pero una única pasión, la danza, fueron los que llevaron a Ashley Rivera y a Elián Gómez, a encontrarse e iniciar una fructífera trayectoria profesional juntos.
Ashley y Elián, son además de los bailarines protagonistas del próximo espectáculo que presentará el Teatro Esperanza el 19 de septiembre llamado ¡Salsa! dos importantes profesionales en el mundo artístico de Filadelfia –e internacional– cofundadores de una de las academias latinas de danza más importante del área de Filadelfia: MamboLab.
Los inicios
Ambos bailarines parten de realidades muy diferentes y sus batallas para conseguir sus metas artísticas demuestran que cuando uno se lo propone no hay muros lo suficientemente altos que impidan realizar los sueños. En el caso de estos dos artistas su sueño fue –y es– el baile.
“La danza ha formado parte de mi vida desde que tengo memoria, pero mi carrera me ha llevado a explorar diferentes facetas de la misma: como bailarina, educadora, directora y, ahora, como empresaria”, señala esta veterana –pese a su juventud– profesora de la Academia Esperanza.
Y es que el cómo llegaron estos dos jóvenes a ser quiénes son, es un viaje apasionante por las calles y anhelos de la comunidad latina de Filadelfia, algo que incluye muy de cerca a Esperanza, una institución presente en la vida de Ashley desde niña. Primero como estudiante, después como educadora.
“Me gradué de la Academia Esperanza, así que regresar al Teatro Esperanza en esta etapa de mi carrera se siente como cerrar un ciclo. Fui estudiante, recorriendo esos pasillos e intentando comprender cómo sería mi futuro. Años después, regresé a Esperanza como educadora, y con el tiempo contribuí a liderar y desarrollar el programa de danza para la siguiente generación de estudiantes”, evoca Ashley recordando aquellos años.
“Hoy en día, sigo trabajando con estudiantes del Conjunto de Danza Esperanza, a la vez que mantengo mi carrera como bailarina y educadora profesional, impartiendo clases y actuando internacionalmente”, comenta la brillante profesora.
Ashley se siente muy cercana a sus alumnos.
“Mi experiencia en Esperanza ha sido especialmente importante porque me ha permitido conocer ambas caras de la educación. Sé lo que se siente al ser un joven en el aula con un sueño, y también entiendo la responsabilidad que conlleva ser el profesor frente a ese estudiante”.
Gran parte de su trabajo actual se sigue centrando en la enseñanza de la danza.
“Ya sea enseñando a un principiante que nunca ha bailado, formando bailarines que aspiran a una carrera profesional o impartiendo clases en otro país, siempre pienso en cómo podemos brindarles las herramientas para crecer, no solo pasos para memorizar, sino confianza, disciplina, conexión y una relación más profunda con la cultura y la comunidad que rodea la danza”.
Para ella la danza siempre ha sido más que una simple actuación.
“Tiene la capacidad de crear un sentido de pertenencia. Las personas pueden entrar en una sala sin conocer a nadie y, a través de la música y el movimiento, encontrar amistad, comunidad y un lugar donde se sientan valoradas. Ese sentido de conexión es algo que me importa profundamente crear a través de mi trabajo”.
El sueño de Ashley es crear algo que perdure.
“Quiero sembrar semillas que formen bailarines de excelencia, educadores más fuertes, líderes, comunidades y oportunidades para las generaciones futuras. Quiero ayudar a crear espacios donde las personas puedan crecer artísticamente y, al mismo tiempo, sentir que pertenecen a algo. En especial, quiero que los bailarines más jóvenes, sobre todo aquellos que provienen de comunidades como aquella en la que crecí, vean las carreras en la danza y las artes como algo tangible y posible. Pero más allá de una carrera, quiero que sepan que existe una comunidad esperándolos, un espacio donde su voz, cultura, creatividad y presencia tienen valor”.
En el caso de Elián, originario de México, fue su amor por el baile lo que le llevó a emigrar a Estados Unidos con el objetivo de desarrollar una carrera profesional en la danza. Su trayectoria ha estado marcada de muchas maneras por la experiencia migratoria: dejar su hogar, adaptarse a un nuevo país y construir oportunidades desde cero a través de la disciplina, la perseverancia y un profundo compromiso con su arte.
Y hay historias de emigración con finales felices, como es el caso de la historia de Elián, “el otro 50 % de MamboLab”. A lo largo de los años, ha desarrollado una trayectoria como bailarín profesional, intérprete, instructor, coreógrafo y emprendedor. Uno de los momentos más destacados de su carrera profesional fue coreografiar para el artista puertorriqueño Rauw Alejandro, llevando su trabajo a la industria musical comercial a nivel internacional.
Capacitación más allá del baile
En MamboLab, “Elián aporta tanto su experiencia profesional como la perspectiva de alguien que tuvo que abrirse camino a lo que estamos construyendo juntos. Su historia representa algo muy importante para nosotros: que una carrera en las artes es posible incluso cuando no hay un camino claro trazado, y que el talento, la resiliencia, la constancia y la visión pueden crear oportunidades mucho más allá de donde empezaste”, señala Ashley.
Como muchas cosas importantes, MamboLab surgió casi por casualidad y luego se convirtió en un propósito.
“Lo que comenzó como un solo taller se transformó en una serie de capacitaciones, y a partir de ahí la comunidad siguió creciendo. A medida que más personas se unían, empezamos a ver dos cosas con mucha claridad: un verdadero deseo de comunidad y pertenencia, pero también un auténtico anhelo de aprender, mejorar y conectar más profundamente con la cultura que hay detrás de la danza”, nos comenta Elián.
Pero tras ese inicio, la academia de baile se convirtió en algo más intencional.
“Vimos una brecha entre simplemente tomar clases de baile y tener un espacio donde la gente pudiera comprender verdaderamente en qué participaba. Por supuesto, queríamos crear un camino claro para los bailarines que querían crecer, pero MamboLab nunca se trató solo de formar mejores bailarines. También se trata de la preservación cultural y el acceso. La salsa conlleva historia, música, identidad, comunidad y generaciones de experiencia vivida. Queríamos que cualquier persona, no solo el aspirante a profesional, pudiera entrar en MamboLab, aprender a bailar, comprender la música y la cultura que la inspiran, y sentirse conectada con algo más grande que ellos mismos”, comenta Elián.
“Para algunas personas, ese camino puede llevarlas a la actuación o formación profesional. Para otras, puede significar simplemente sentirse con la confianza suficiente para bailar en una fiesta familiar, comprender la música con la que creció, reconectar con su cultura o encontrar una nueva comunidad. Todas esas experiencias son valiosas para nosotros”, añade Ashley.
Así, MamboLab se convirtió en nuestra forma de unir todos esos elementos: educación, formación estructurada, apreciación y preservación cultural, baile social, presentaciones artísticas y, lo más importante, un sentido de conexión y pertenencia.
En la academia de danza latina MamboLab cada día es diferente.
“Algunos días enseñamos a principiantes que están dando sus primeros pasos de salsa. Otros días formamos a bailarines de nivel intermedio y avanzado, asesoramos a artistas, capacitamos a instructores, creamos coreografías, planificamos eventos, nos reunimos con nuestro equipo, diseñamos planes de estudio, trabajamos en el márketing o nos ocupamos de todas las tareas entre bastidores que conlleva gestionar una pequeña empresa”, comenta Ashley.
“Tener una escuela de baile nos ha enseñado, sin duda, que la parte glamourosa que la gente ve –las actuaciones, los viajes, las clases– es solo una faceta. Hay una enorme cantidad de trabajo detrás de la creación de una experiencia sólida y constante para los alumnos”, añade Elián.
Pero ambos están de acuerdo al señalar que “una de las partes más gratificantes es ver cómo evoluciona la relación de una persona con el baile”.
“Una persona puede entrar por nuestra puerta diciendo: ‘Soy muy torpe para bailar’ o sintiéndose nerviosa simplemente al entrar en la sala. Unos meses después, ves a esa misma persona bailando socialmente, haciendo amigos, actuando, viajando a eventos de baile o, simplemente, desenvolviéndose con mayor confianza. Esas transformaciones son muy significativas para nosotros”.
MamboLab también se está convirtiendo en algo mucho más grande que solo Ashley y Elián.
“Contamos con instructores, personal, alumnos, artistas y miembros de la comunidad que contribuyen a lo que el proyecto está llegando a ser. Ver a otras personas apropiarse de la cultura que intentamos crear ha sido, probablemente, una de las partes más emocionantes de esta etapa”, señalan los jóvenes instructores.
Esperimentar la salsa como emoción
Respecto del espectáculo “Salsa” en el que los dos protagonistas de esta historia estará acompañados por el grupo “Siempre Salsa All Stars”, nos comentan que para ellos “esta producción es una celebración de la salsa como cultura viva”.
“El público experimentará la relación entre la música en vivo y el baile, algo realmente especial. La salsa nunca fue concebida para existir únicamente como una coreografía sobre un escenario. Los bailarines y músicos se comunican constantemente entre sí, respondiendo a los ritmos, acentos, energía y emoción de la música”, señala la coprotagonista de este espectáculo.
“Contar con Siempre Salsa All Stars como parte de la producción eleva la experiencia a otro nivel, ya que bailar con una orquesta en vivo de fondo es algo totalmente distinto”, comenta Elián.
El público asistente a este espectáculo puede esperar energía, musicalidad, movimiento, cultura y, una sensación que los invite a levantarse de sus asientos y bailar ellos mismos.
La pareja de bailarines apunta que “También queremos que quienes quizás no sepan mucho sobre salsa puedan disfrutar de la producción. No hace falta ser bailarín. La salsa es emoción. Es alegría, drama, ritmo y sociabilidad; está profundamente conectada con las comunidades que la crearon y que siguen manteniéndola viva”.
Ellos animan a la gente a que venga a vivir esta experiencia, aunque nunca haya tomado una clase de salsa en su vida.
“Vengan por la música. Vengan por el baile. Vengan a apoyar las artes en vivo de nuestra comunidad. Vengan porque hay algo especial en estar en un teatro, rodeados de personas que comparten la experiencia de la música y el movimiento”.
Para Ashley y Elián, esto también significa celebrar a la comunidad latina de Filadelfia y reconocer que la salsa sigue evolucionando mientras preserva generaciones de historia y cultura.
“Una de las cosas maravillosas de la salsa es que reúne a personas de diferentes edades, nacionalidades, orígenes y experiencias. Uno puede entrar en una sala siendo un desconocido y, gracias a la música y el baile, descubrir de repente que tiene algo en común con los demás. Esperamos que el público se lleve esa sensación de conexión al salir del Teatro Esperanza”.
Ashley y Elián se despiden, no sin antes comentar que están “profundamente agradecidos por la oportunidad de formar parte de esta producción” y Ashley nos puntualiza además que “en lo personal, agradezco mucho poder regresar a Esperanza de esta manera”.
¡Salsa!
Sábado 19 de septiembre a las 3:00 p. m.
Teatro Esperanza
Tickets: www.esperanzaartscenter.us





